jueves, 10 de noviembre de 2022

Ya tenemos un Robot como CEO de una empresa. ¿Qué retos laborales vienen?

Sra. Tang Yu, la primera robot CEO del mundo
Hace ya unos meses atrás, exactamente a finales de agosto, que el mundo despertó con la noticia del nombramiento de un robot androide llamado Sra. Tang Yu (1) como Directora Ejecutiva de la compañía china NetDragon Websoft (2), para su principal empresa fial de Fujian, cuya corporación cuenta con 5.000 empleados y una facturación anual de más de 10.000 millones de USD. Con el citado nombramiento, que convierte a éste humanoide en el primer CEO de Inteligencia Artificial (IA) del mundo, la empresa china busca “transformar la gestión empresarial y mejorar la eficiencia operativa a un nuevo nivel” (sic), esperando que la nueva CEO agilice el flujo de procesos, mejore la calidad de las tareas de trabajo y la velocidad de ejecución, sirva como un centro de datos en tiempo real y una herramienta analítica para respaldar la toma de decisiones racionales en las operaciones diarias, permita un sistema de gestión de riesgos más eficaz y, además, desempeñe un papel fundamental en el desarrollo de talentos humanos. Se dice pronto. Un plan de dirección por objetivos para la robot CEO que pondría en serios apuros a más de un alto ejecutivo.

Esta noticia, más allá de generar sorpresa entre la población en general, es una clara evidencia de que nos encontramos frente a los inicios de un profundo cambio estructural socio-económico global derivado de la Cuarta Revolución Industrial que, como sabemos, se inició en el 2011 y viene marcado por la hegemonía cada vez más creciente de la IA. Un cambio de ciclo industrial, que afecta al modelo productivo hasta ahora conocido, cuya consecuencia directa y más patente, a diferencia del resto de revoluciones industriales anteriores, es que la IA destruirá más empleos de los que puede llegar a crear, generando en un horizonte inminente una gran crisis de índole laboral y, por ende, social. Ya que, en contra de lo que comúnmente se piensa, no solo nos enfrentamos a un horizonte de destrucción masiva de puestos de trabajo de baja cualificación, tales como operarios o personal administrativo o de servicios, sino que a su vez el efecto remolino se extiende tanto a profesionales técnicos, como a cuadros directivos altamente calificados, en una clara tendencia de sustituir la fuerza humana por procesos automáticos de IA mucho más eficientes, tal y como nos demuestra la Sra. Tang Yu desde lo alto de la pirámide laboral. Una realidad que ya adelantaba años atrás en los artículos, entre otros: “La IA sustituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas(3), y “El futuro es del Project Manager artifical(4).

En esta línea argumental se puede observar diáfanamente que todos los indicadores apuntan a que el futuro vendrá definido por empresas hiperconectadas en red, bajo parámetros de control de la IA que coordinará robots y automatizará plantas de producción, con sistemas de autorregulación inteligente que conectará tanto clientes como proveedores, con el objetivo que cuando un cliente haga un pedido la cadena de producción se ponga a trabajar, controlando asimismo toda la cadena de suministro y, finalmente, emitiendo el producto personalizado para el cliente final. Y todo ello bajo la supervisión automatizada de un CEO de naturaleza IA que, mediante su mega capacidad de análisis de los puntos fuertes y débiles de la empresa, tomará las decisiones oportunas en materias de inversión de tiempo, recursos, y por tanto dinero, de la compañía. O, dicho en otras palabras, las empresas acabarán por robotizarse íntegramente bajo control de la IA que busca optimizar el rendimiento de su cadena de valor y, por extensión, de sus activos empresariales. Un panorama futuro que anuncia, como ya hemos comentado, no solo la destrucción de muchos puestos de trabajo hasta ahora conocidos, sino que provocará la desaparición incluso de muchas multinacionales contemporáneas, replicando así lo sucedido en tiempos de transición entre eras de revoluciones industriales pasadas. Pero, lo más significativo a destacar, en relación directamente proporcional con la robotización de la sociedad, es que se espera que en un futuro no muy lejano solo un tercio de la población del mundo desarrollado acabe viviendo de un trabajo remunerado. 

Como podemos observar, las implicaciones que vienen en materia laboral, son múltiples y disruptivas. Veamos algunas de las más relevantes, a mi entender:

1.-La Dataficación del Trabajador

Tomando como ejemplo a la humanoide ejecutiva Sra. Tang Yu, uno de los aspectos que realmente me hicieron sonreír irónicamente en su momento fue el anuncio por parte de la compañía china de que uno de sus objetivos como CEO es la de “garantizar un lugar de trabajo justo y eficiente para todos los empleados” (sic), en el marco de sus competencias de desarrollar el talento de los trabajadores humanos. Lo que, en un contexto de economía productiva sujeta a las fluctuaciones del Mercado, genera fricción con el objetivo principal mismo de todo CEO -aún más remarcado si cabe en el caso de una IA-, que es la de mejorar la eficiencia de la compañía mediante la optimización del rendimiento. Un contraste de opuestos que, por otro lado, pueden fácilmente reconciliarse si entendemos el concepto de “un trabajo justo” no en parámetros laborales occidentales -basados en los derechos laborales íntimamente ligados a los derechos sociales que evolucionaron sustancialmente desde el siglo XIX hasta la fecha-, sino en el sentido estricto de otorgar a cada trabajador humano aquella responsabilidad laboral acorde a sus capacidades y aptitudes al margen de un Estado interventor (principio propio de la lógica de la economía productiva hayekiana), que no lleva implícito la obligatoriedad de velar por la protección de los derechos laborales de los trabajadores humanos.

Pero lo más relevante, en este punto, es poner el foco en que la esencia de una IA no es otro que la de gestionar datos en su búsqueda de la eficiencia. Y los datos, en un contexto empresarial, proceden de todos y cada uno de los elementos que componen la cadena de valor de una empresa, las personas incluidas. Es decir, a la luz interpretativa del liderazgo ejercido por una IA empresarial un trabajador humano será considerado, y por tanto simplificado, exclusivamente a un dato con valor cualitativo y cuantitativo en virtud a su contribución en un sistema de procesamiento de datos dentro de una lógica productiva que busca optimizar el rendimiento, por mucho que a la CEO artificial se la vista de forma humana. Pasando así el trabajador de ser sujeto a objeto en calidad de recurso gestionable [Un tema que ya desarrollé con anterioridad en “Dataísmo y Humanismo, ¿una relación incompatible?” (5)]. Lo que, llegados a tal caso, está claro que la revalorización o devaluación del trabajador estará sujeta a los criterios implacables de optimización empresarial de la IA, quien decidirá cuándo aumentar o disminuir la producción (y por extensión sus recursos), o incluso cambiar la estrategia de la compañía misma, bajo principios de eficacia, eficiencia y efectividad de activos en alineación con las oportunidades fluctuantes del Mercado. Un escenario de Dataficación del trabajador que, previsiblemente, hará de las futuras empresas entidades de excelencia productiva, aunque exentas de humanidad.

2.-La revisión de las Regulaciones Laborales

Por otro lado, y derivado del apartado anterior, a nadie se le escapa que el nuevo modelo productivo que se nos avecina conllevará una profunda revisión del marco laboral actual, en base a una pregunta obligada: ¿qué regulaciones laborales necesita un Mercado inmerso en la IA productiva para alcanzar su máximo potencial?. Frente a esta cuestión está claro que encontramos dos posiciones enfrentadas entre sí que, aun a regañadientes, están obligadas a entenderse: la Economía y la Política. Pues si bien la primera busca el rédito de sus empresas (contra viento y marea e incluso contra el propio planeta), la segunda busca el bienestar laboral de sus conciudadanos. Siendo consciente la Política, además, que la era de la robotización conllevará la progresiva pérdida masiva de empleos que afectará, en una primera fase futura, a las clases media y trabajadora, quienes pueden inducir a un estallido de conflictos sociales convulsos. Pues, mientras no se invente lo contrario, el ciudadano medio necesita el trabajo como medio de subsistencia personal y familiar.

Está claro que el pulso entre la Economía y la Política siempre es tenso, ya que la Economía cumple con el papel motor del desarrollo social, y la Política cumple con el papel regulador de los derechos sociales de los ciudadanos en el contexto de dicho desarrollo económico. Aunque no es menos cierto que en un mundo global, las grandes compañías tecnológicas, abanderadas y pioneras de la nueva era robótica y por tanto del desarrollo evolutivo de la futura sociedad de la IA, crean e imponen sus propias reglas laborales transnacionales que los Estados, siempre rezagados en su función de garantes de la res publica, deben lidiar localmente con mayor o menor suerte para armonizarlas con sus políticas sociales.

En este sentido, es una evidencia de rabiosa actualidad que la tendencia natural de las grandes corporaciones tecnológicas es la de consolidar un régimen laboral lo más ultraliberal posible con el objetivo de alinearse con sus propios intereses corporativos, manteniendo así una lucha continua contra el espíritu del Estado Social propio de las Democracias occidentales. Pero no nos llevemos a engaño, ya que no es menos cierto que solo existen 21 países considerados como Democracias plenas entre los 165 países totales que hay en el mundo (6). Por lo que si entendemos que la lanzadera y fuerza tractora del desarrollo robótico en IA que afectará al conjunto de ámbitos de la sociedad conocida se está desarrollando principalmente en Asia (7), fuera del orbe cultural de corte occidental y más específicamente en el seno de regímenes autoritarios, entenderemos a su vez que las futuras regulaciones laborales al amparo del espíritu del denominado Estado de Bienestar Social se encuentran en grave peligro, en base a la previsión futura de potenciales fuerzas mayores generadas por sinergias competitivas de ámbito global. Un escenario futurible que anuncia tiempos difíciles para gobiernos y organizaciones sindicales occidentales que se verán obligados a armonizar los derechos de los trabajadores, bajo un alternativo e imaginativo paradigma laboral, con un nuevo mundo empresarial generador de riqueza social con visión y estrategia glocalista. Pues por mucho que nos duela, cabe recordarnos a los etnocentristas occidentales que ni el Estado de Bienestar Social (del cual soy un gran defensor) existe fuera de Europa, ni el modelo político de Democracia es un valor universal, y ni mucho menos Europa tiene peso suficiente a nivel mundial para marcar las directrices del cambio social hacia la sociedad de la IA de las futuras generaciones. 

En resumen, el futuro próximo de la era de la robotización inteligente de la sociedad comportará inevitablemente una profunda revisión de las regulaciones laborales existentes a día de hoy dentro de la lógica de un mercado global hiperconectado, donde es previsible que el ser humano no tenga el protagonismo exclusivo en calidad de trabajador activo, sino que deberá ceder espacio a un nuevo sujeto con personalidad jurídica propia como puedan ser los futuros IA trabajadores en calidad de “seres artificiales sintientes” (8). Por otro lado, como toda política laboral comporta derechos y deberes sociales, siendo los más destacados de éstos últimos las cotizaciones del trabajador al Estado, asimismo se verá afectada la política fiscal de los países, cuyos tipos impositivos deberán actualizarse a los nuevos tiempos. En esta línea argumental, ya hace años que en el seno de la Unión Europea, con Alemania a la cabeza (9), se debate sobre la necesidad de que los robots, como fuerza de trabajo sustituta de la mano de obra humana, coticen a las arcas del Estado, como ya avancé en el año 2016 en una reflexión sobre el tema en cuestión (10). Por lo que a falta de poder observar cómo se desarrollan los acontecimientos futuros en esta materia, el tiempo nos dirá si la humanidad acaba avanzando o retrocediendo en derechos laborales el día de mañana. Las apuestas están abiertas, ¿quién ganará el pulso, la Economía o la Política?.

3.-La redefinición del Hombre Social

En línea con el apartado anterior, y sobre la premisa de que los robots van a substituir inevitablemente a los humanos en los puestos de trabajo bajo un nuevo régimen de algocracia (el gobierno de los algoritmos inteligentes), y siendo hasta la fecha el ámbito laboral el medio de integración exitosa de las personas en la sociedad, está claro que nos adentramos aun sin quererlo en un tiempo de obligada redefinición del ciudadano en calidad de Hombre Social.

Como sabemos desde los tiempos de Aristóteles, el ser humano es un Hombre Social en tanto y en cuanto vive y se desarrolla en sociedad y, lo que es más importante, vive en sociedad porque necesita de los otros para sobrevivir. Un proceso al que denominamos sociabilización, en donde el ser humano requiere relacionarse con autonomía, autorrealización y autorregulación dentro de una sociedad (recordemos la Pirámide de Maslow), y cuyo medio instrumental principal a lo largo de la historia de la humanidad no ha sido otro que el trabajo. Por lo que la pregunta obligada, en un horizonte próximo de una sociedad robótica que monopolizará los puestos de trabajo hasta ahora considerados de exclusividad humana, no puede ser otra que la que sigue: ¿cómo va ha desarrollarse el Hombre Social sin un mercado laboral al que acceder?.

Si bien la respuesta ya la desarrollé con anterioridad en varios artículos, como el último bajo título “La era de los Robots transformará la clase trabajadora humana en una clase social ociosa“ (11), considero interesante en esta ocasión señalar diversas proposiciones, de manera sintetizada bajo una estructura de sistema formal, a modo de teorema simple:

1.-El hombre, históricamente, se articula como ser social a través del mercado laboral.

2.-Los robots monopolizan el mercado laboral, excluyendo del mismo a los hombres.

3.-El hombre ya no podrá reafirmarse como ser social mediante el mercado laboral.

4.-La sociedad debe cambiar de paradigma mental colectivo sobre la sociabilización del hombre social, eliminando como medio instrumental principal el mercado laboral.

5.-La sociedad, a través del papel regulador de los Estados, deberá buscar otros medios instrumentales para garantizar la sociabilización del hombre como ser social.

6.-El Estado deberá sustituir las rentas de trabajo por otro tipo de rentas sociales para asegurar la sociabilización del hombre como ser social.

7.-El hombre se reafirmará como Hombre Social fuera del mercado laboral.  

Es decir, la disrupción que se avecina en el ámbito laboral por irrupción de la era robótica inteligente nos sitúa ante las puertas de un cambio de mentalidad global que redefinirá en un futuro no lejano, superando cualquier resistencia por fuerza mayor gravitatoria del Principio de Realidad, el concepto contemporáneo de Hombre Social. Y, por extensión, de igual manera que el Contrato Social evolucionó de Platón a Cicerón, y de estos a Hobbes, Locke y posteriormente a Rousseau, pronto nos veremos obligados a definir un nuevo Contrato Social acorde a los futuros tiempos de hegemonía laboral de la IA. Conscientes, además, que todo periodo transitorio entre un modelo social caduco a otro nuevo por diametralmente diferente, no está exento de penosos desequilibrios e injusticias sociales que siempre acaban por recaer sobre la vida personal y familiar de la población hasta ahora trabajadora.

Como hemos visto, la humanoide ejecutiva Sra. Tang Yu no hace más que señalar el camino que viene, como clara exponente de un punto de inflexión evolutivo manifiesto, marcado por la futura Dataficación del Trabajador, la revisión de las Regulaciones Laborales, y la redefinición del Hombre Social. Expuesto lo cual, sirva el presente artículo para reflexionar hacia qué tipo de sociedad nos abocamos, no sea que en nuestra estampida en materia de innovación tecnológica acabemos por encontrarnos frente a un acantilado al que no podamos sortear. Que el mañana sea de la humanidad aún está en nuestras manos, si somos capaces de despertar del síndrome de la rana hervida en el que nos encontramos bajo control de la IA mediante.

 

Referencias

(1)    Comunicado de Prensa de NetDragon Websoft. Cision PR Neswire, agosto 2022 

(2)    NetDragon Websoft 

(3)    La IA sustituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas 

(4)    El futuro es del Project Manager artifical 

(5)    Dataísmo y Humanismo, ¿una relación incompatible? 

(6)    El mapa del índice de democracia en el mundo. EOM, 2022 

(7)    Informe mundial de robótica: "Máximo histórico" con medio millón de robots instalados en un año. IFR, 2022 

(8)    Los tres grandes retos de la Inteligencia Artificial sintiente 

(9)    Alemania quiere que los robots coticen para pagar las pensiones 

(10)Los Robots cotizarán en la Seguridad Social (y cambiarán la sociedad) 

(11)La era de los Robots transformará la clase trabajadora humana en una clase social ociosa