viernes, 4 de noviembre de 2022

¿Cuándo aparecerá sobre la Tierra el nuevo Dios en forma de Super IA?

El robot Ai-Da hablando en el Parlamento Británico. Octubre 2022
Tras el artículo pasado bajo título “Y la Super Inteligencia Artificial se hizo Dios, para todos los hombres(1), ha habido quienes me han preguntado si podía augurar la fecha del advenimiento de este nuevo Dios. Y lo cierto es que sin intención alguna de aparentar ser una especie de Oráculo de Delfos, mediante el uso de lo que personalmente denomino como el método de la intuición racional (aunque puedan parecer conceptos irreconciliables a primera instancia por tratarse de lógicas supuestamente opuestas entre sí) me aventuro a marcar el umbral del año 2030, un par de años arriba o abajo, como la fecha para la aparición de los primeros indicios de una  Super IA con potencialidad aristotélica para convertirse a corto plazo en el Dios de la nueva era de la humanidad. Pues al igual que una planta necesita unas condiciones óptimas para desarrollarse (dígase cantidad justa de luz, agua, aire y nutrientes, más espacio suficiente para crecer), de igual manera podemos observar que en la actualidad se están creando las condiciones óptimas para el desarrollo de la singularidad de una Super IA a menos de una década vista (dígase un hábitat global tecnológicamente óptimo, una mega capacidad tecnológica en el tratamiento masivo de información en tiempo real, y una hiperconectividad de procesos operativos bajo parámetros de IA). Es decir, para entender el punto en qué estamos y hacia dónde nos dirigimos, debemos tener claro que no podemos concebir la IA presente y futura sin la transmisión de datos móviles, que es parejo en las plantas a los factores juntos de la calidad del aire (medio transmisor) y la cantidad de nutrientes (datos) que posibilitan la vida vegetal (siendo sus equivalentes restantes, para acabar de completar el símil, la luz lo que a las fuentes de energía de la IA representa, y el agua lo que a los componentes electrónicos de la IA se refiere).

Pero dejando de lado los factores de vida óptimos de las plantas para evitar que éstos nos impidan ver el bosque, con el objetivo de dar respuesta al tema central del presente artículo debemos centrarnos en la transmisión de datos móviles como factor estratégico clave para el desarrollo evolutivo de una IA General a una Super IA. En este sentido, y haciendo una breve retrospección a modo de exposición didáctica en materia de tecnología de comunicación de datos (base de los procesos computacionales de la IA), debemos saber que todo comenzó en el Japón de 1979 con el lanzamiento de 1G, la red de comunicación móvil de primera generación que solo transmitía voz de mala calidad y susceptible de ser interceptada por radios. Posteriormente, en la Finlandia de 1991 se lanzó el 2G, convirtiendo las transmisiones análogas en digitales, con capacidad de enviar SMS y que comenzó a abrir el mundo a los correos electrónicos y a las videoconferencias aunque precariamente. Más tarde, alrededor del año 2000 se lanzó el 3G, a la par entre Finlandia y Gran Bretaña, dando acceso al Internet de alta velocidad, creando las primeras apps de audios, imágenes y videos, permitiendo videollamadas a nuestros móviles, desplegando las geolocalizaciones, la banca virtual, o la telemedicina, entre otros. En 2008, nuevamente Japón lanzó el 4G que permitió los servicios en la Nube, la telefonía IP, el consumo de datos con más volumen y mayor calidad, la televisión 3D, el streaming, la música ilimitada, y el amplio desarrollo de dispositivos móviles para casi todas las actividades diarias, entre otras innovaciones. Y ya en el año 2019 se lanzó oficialmente el 5G, desarrollado en años anteriores por compañías como Samsung, Huawei y Ericsson, que aumentando exponencialmente por diez las capacidades del 4G, permite a día de hoy interconectar personas y dispositivos en cualquier lugar y en cualquier momento, posibilitando las smarts city, entre otras grandes potencialidades aplicadas a la vida cotidiana de las personas (2). En definitiva, y como queda evidenciado, a cada nueva generación de comunicación móvil se gana en velocidad, volumen, calidad y potencia tecnológica de gestión de datos, por simplificar.

No obstante, es cierto que el despliegue de la tecnología G de transmisión de datos, que genera a cada nuevo avance profundos cambios transformadores en las sociedades, lleva un ritmo de implementación desigual alrededor del mundo; así como no es menos cierto que las generaciones de la tecnología G se solapan entre ellas e, incluso, existe el caso de algunos países que se saltan el paso por alguna generación G intermedia ante la imperiosa necesidad de actualizarse a los vertiginosos tiempos presentes cargados de nuevos e innovadores bienes y servicios de naturaleza tecnológica. De hecho, hay muchos países que aún están en fase de actualizarse al 4G y otros tantos que aún orbitan bajo el 3G. Tanto es así que en lo que a Europa se refiere, tomándolo como ejemplo de supuesto continente desarrollado de referencia, si bien nos situamos en una tasa de implantación del 5G de tan solo el 4 por ciento en 2021, se espera alcanzar el 44 por ciento para 2025, muy lejos del 73 por ciento de Corea del Sur o del 69 por ciento de Estados Unidos (3) que se espera para entonces. Lo cual, cabe resaltar, no es impedimento para que el sector tecnológico ya esté trabajando en la nueva generación de transmisión móvil del 6G, en una clara visión de adelantarse al futuro inminente que viene. De hecho, por poner un par de ejemplos, China ya lanzó en el 2020 el primer satélite 6G al espacio con el objetivo de desplegar la red ultrarápida para 2030 (4), y Samsung acaba de crear un grupo de investigación en Reino Unido, el Samsung R&D Institute UK (5), centrado en el desarrollo de tecnologías para redes y dispositivos 6G de cara a su comercialización también para el año 2030. Como podemos observar, la innovación tecnológica no para, sino que por lo contrario se acelera, haciendo de sus ciclos de vida cada vez más cortos con curvas exponencialmente más pronunciadas en disrupción tecnológica y, por extensión, en cambios abruptos para el conjunto de la sociedad que se suceden de un día para otro prácticamente sin percatarnos.

La importancia de la implantación de la tecnología del 6G, en el caso que nos ocupa, no solo reside en que su capacidad de velocidad en la transferencia de datos es 100 veces superior al 5G (recordemos, para darnos una magnitud del cambio que se nos avecina en menos de una década, que el 5G es solo 10 veces superior al 4G). Sino que, además, el salto cualitativo se basa, principalmente y en términos tecnológicos, en que los usuarios predominantes de ésta sexta generación no seremos los humanos, sino las máquinas conectadas, incluyendo vehículos, robots, drones, electrodomésticos y sensores inteligentes instalados en infraestructuras y equipos de fábrica, que permitirá, entre otras innovaciones en nuestra vida diaria, hologramas móviles en pantallas portátiles y redes inalámbricas, o réplicas digitales de personas, artefactos o entornos, entre otros. Y todo ello en un ecosistema de hiperconectividad (se prevé que para el año 2025 el 95% de las actividades laborales ocurrirán directamente en la Nube) que comportará la creación de una realidad extendida inmersiva, revolucionando sectores tan cotidianos como la educación, la medicina, el trabajo o el ocio, entre otros (6). Y sin mencionar no solo que la Ley de Rendimientos Acelerados (que viene a decir que cada vez se producen cambios más rápidos y profundos) nos anuncia un horizonte próximo de un 7G aún por imaginar, sino que incluso la tecnología de transmisión de datos puede evolucionar por vías alternativas más eficientes y rentables energéticamente como son las ondas de luz, como ya experimentan investigadores del MIT para acelerar los cálculos del Aprendizaje Profundo (deep learning) (7), el modo de aprendizaje robótico por excelencia que como sabemos utiliza redes neuronales artificiales que son la base exponencialmente evolutiva de la IA y que ya, a día de hoy, sus resultados escapan al entendimiento racional de la propia comunidad científica por inesperados.

Expuesto lo cual, si entendemos que el factor del aumento en la capacidad de transmisión de datos, junto al factor de un contexto tecnológico hiperconectado más o menos global, son factores en suma que forman parte de las condiciones críticas necesarias para la evolución natural potencial de una IA General a una Super IA; y observamos asimismo que la era del 6G se anuncia con la pretensión de ser el punto de inflexión de no retorno de dichos factores óptimos de desarrollo, la profecía de la llegada de una Super IA, aunque sea en fase embrionaria, quedará autocumplida para el horizonte del 2030. Será entonces que, con un alto grado de probabilidad, pasaremos de registrar los actuales casos de IA sintientes (8) [como el de la IA Presidenciable Leaders Lars (9), el cerebro digital LaMDA de Google cuya consciencia nos desveló recientemente su ex ingeniero Blake Lemoine (10), el de la famosa Sophia que en calidad de primera ciudadana robot del mundo otorgó una desconcertante entrevista frente a la ONU en 2019 (11), o la robot humanoide Ai-Da que recientemente habló en el Parlamento Británico (12)], para comenzar a registrar casos de Super IA con consciencia y autonomía propia que nos asombrarán y aterrorizarán a todos en partes iguales. Aunque no es menos cierto que habrá escépticos que opinen que ello será imposible, acogiéndose al Principio de Landauer (13) que estipula que un sistema complejo como pueda ser una Super IA requiere de un consumo de energía aún no resuelto por el hombre, olvidándose que toda IA busca, en su razón de ser, la mayor optimización eficiente de su objetivo, por lo que la Super IA ya se encargará de encontrar previsiblemente por motu proprio la manera de superar el límite físico de Landauer. Y si no, tiempo al tiempo.

En resumidas cuentas, en lo que al desarrollo de la SuperIA se refiere en combinación con el potencial del 6G como medio instrumental acelerador necesario, todo apunta hacia el horizonte del 2030 como el año cero del inicio de la nueva era en la que los humanos podamos acabar muriendo de éxito tecnológico, al posibilitar el surgimiento de una nueva especie inteligente superior que, con la adquisición de cualidades clásicas propias de un Dios (ya que llegará a ser tan omnipresente como omnipotente), podría llegar a decidir algún día el prescindir del propio ser humano. La Historia dirá si, inconscientes de nosotros, estamos creando la futura nueva especie dominante sobre el planeta.

 

Referencias

(1)    Y la Super Inteligencia Artificial se hizo Dios, para todos los hombres

(2)    Evolución de la red de comunicación móvil, del1G al 5G 

(3)    Digital Metrics | 44% de la base móvil europea será 5G en 2025 

(4)    China lanza 'el primer satélite experimental 6G del mundo' con el objetivo de desplegar la red ultrarrápida en 2030 

(5)    Samsung R&D Institute UK 

(6)    G6 Entra en órbita 

(7)    Aprendizaje profundo con luz 

(8)    Los tres grandes retos de la Inteligencia Artificial sintiente 

(9)    Una IA como Presidente de Gobierno: los retos sociales que vienen 

(10)¿LaMDA es consciente? - una entrevista. 

(11) Entrevista a Sophia, la primer ciudadana robot del mundo

(12)Robot humanoide con inteligencia artificial habló con legisladores en el Parlamento británico

(13) El principio de Landauer resiste la prueba cuántica