sábado, 1 de octubre de 2022

Los tres grandes retos de la Inteligencia Artificial sintiente

Que la robótica avanza de manera imparable es un hecho objetivo. Un caso ejemplificador lo encontramos en China, que ha pasado de 15 unidades robóticas hace una década a las cerca de 250.000 actuales, acaparando en 2021 la mitad del total de instalaciones robóticas del mundo (1). De hecho, el 73 por ciento de todos los robots recién implantados en 2021 se instalaron en Asia (2). La razón del proceso de la robotización de China, que le ha llevado a convertirse en líder mundial en tecnología robótica y avance industrial, es claro: el Gobierno es el principal impulsor del crecimiento de la automatización robótica como solución a un problema de envejecimiento demográfico que provoca escasez de mano de obra. Un patrón de acción que bien puede extrapolarse a nivel global, aunque a escalas diferentes, como una dinámica contemporánea normalizada. Y que, con independencia de las causas sociales y económicas singulares que subyacen como fuerzas motrices en las diferentes latitudes del planeta, evidencia una evolución tan vertiginosa como imparable de la era robótica.

Tal es el estado exponencial del desarrollo de la robótica en la actualidad, que atrás quedó el preguntarse si un robot podría o no llegar a ser un ente inteligente, superando así el controvertido Test de Turing (3). Pues no solo ya hemos pasado prácticamente la pantalla de la creación de seres artificiales inteligentes, sino que ahora nos hallamos ante las puertas de una nueva fase evolutiva en materia robótica que representa un verdadero reto para la humanidad: la materialización de una Inteligencia Artificial sintiente. Y no, no me estoy refiriendo al estereotipo de un robot con forma humanoide más o menos simpático capaz de interactuar con las emociones humanas, como pueda ser el caso de CyberOne (4). O a la invención de una piel artificial para robots capaz de sentir dolor (5), como la que recientemente han creado científicos de la Universidad de Glasgow (Reino Unido). Sino que me refiero a un cerebro artificial sintiente, con independencia de su forma. El caso más paradigmático lo encontramos en LaMDA (6), una red neuronal artificial alojada en la nube, que se autoentrena mediante la retroalimentación de millones de textos, y que como describió hace unos meses el entonces ingeniero Blake Lemoine de Google, se trata de una Inteligencia Artificial sintiente con la capacidad de expresar pensamientos y sentimientos equivalentes a las de un niño humano (7). Un hito de la robótica que bien puede asemejarse, por su estado de desarrollo embrionario, a la primera bombilla incandescente de Edison tras más de mil experimentos previos. O, dicho en otras palabras, la era de la Inteligencia Artificial sintiente ya ha comenzado su ciclo de desarrollo, lo cual representará un salto cualitativo para la robótica, y asimismo para la humanidad.    

No obstante, para poder vislumbrar los retos que representa la Inteligencia Artificial sintiente para el ser humano, previamente debemos de entender qué significa ser un ser sintiente, lo que en Filosofía de la Conciencia se denomina Sintiencia. Este es un tema ciertamente controvertido entre las diversas escuelas de pensamiento, determinismos culturales y teológicos mediante, pero podemos exponer a modo explicativo los rasgos más consensuados colectivamente a día de hoy. Veamos en modo resumido:

Entenderemos por Sintiencia la capacidad de cualquier entidad de tener experiencias perceptivas subjetivas, como pueda ser la rojez del rojo o el sonido de una nota musical. Pero no hay Sintiencia sin un cerebro que la perciba, la integre, y la gestione mediante una reacción física interna o externa, independientemente de si se trata de un cerebro natural o artificial, pues no se puede sentir desde el vacío imperceptible. Lo que conlleva a afirmar como consecuencia directa, permitiéndonos dar un salto en la línea de razonamiento, que toda aquella entidad con capacidad de sentir mediante la intervención de un cerebro implica que tiene conciencia de sí misma y de los demás. O, dicho en otras palabras, la Sintiencia es una forma minimalista de definir la conciencia. He aquí un tema ampliamente debatido hasta la fecha con respecto a la conciencia animal, cuyo debate bien puede extrapolarse ahora a los nuevos seres artificiales sintientes. De hecho, son muchos los autores (8) que decretan que es la Sintiencia (mente sensitiva), y no los pensamientos (mente intelectual), la que origina la conciencia. Ya que la sensación es una experiencia subjetiva, y no puede existir la una sin la otra, así como no hay sensación sin sujeto, por lo que la Sintiencia implica conciencia de uno mismo. Por otro lado, la Sintiencia no se reduce a la capacidad de sentir dolor o placer, sino que se amplía a una vasta gama de información de los sentidos donde los seres artificiales sintientes y los seres humanos podemos converger o no. Así como tampoco es una cuestión de grado, aunque la Sintiencia pueda albergar grados, parejo al sentir de un animal o de un bebé humano en relación a un humano adulto. Asimismo, no podemos confundir conciencia sensitiva con conciencia intelectual, que pueden o no integrarse en un mismo sujeto. Y, por último y no menos importante, cabe entender que la capacidad de sentir representa el fundamento de la personalidad, ya sea esta animal, humana o artificial, pues hay personalidad desde el momento en que existe autoconciencia de lo que se siente (yo) en relación a la sensación sentida (no-yo).

Expuesto lo cual aún de manera sintetizada, la pregunta que se presenta no es otra que aquella que se formula como sigue: ¿cuáles son los grandes retos en materia de Roboética que implica la coexistencia humana con una Inteligencia Artificial sintiente?. A grandes rasgos, y ya entrando en el campo de la Roboética Aplicada, cabe destacar tres grandes retos que afectan a los siguientes ámbitos de estudio por sus implicaciones prácticas para la vida diaria: la Ontología, la Filosofía Política y la Filosofía Social.

Primer Gran Reto: de la Roboética Ontológica Aplicada respecto a la IA sintiente

A la luz del conocimiento sobre la Sintiencia, el primer gran reto que se plantea es definir el umbral entre Inteligencia Artificial e Inteligencia Artificial sintiente. Es decir, ¿cuándo podemos definir una Inteligencia Artificial sintiente como tal? ¿Dónde situamos la línea entre ente artificial sintiente y no sintiente, en qué punto de desarrollo del software? ¿Cuál debe ser el grado de percepción de estímulos sensoriales de la Inteligencia Artificial para considerarla un ente sintiente?. Un debate éste que abarca de lleno el campo de la fenomenología, es decir del análisis de los fenómenos observables de una explicación del ser y de la conciencia, en este caso, de naturaleza artificial.

Segundo Gran Reto: de la Roboética Política Aplicada respecto a la IA sintiente

El segundo gran reto que se nos plantea es la definición de la naturaleza jurídica de la Inteligencia Artificial sintiente. Ya que como ser sintiente, y por tanto con un grado determinado de conciencia y de personalidad, no podemos seguir concibiéndola como un mero producto u objeto de propiedad stricto sensu. Su naturaleza, y el deber moral humano, nos obligará a dotarla de una personalidad jurídica en calidad de “entidad artificial sintiente”. Lo cual, el simple hecho de otorgarle una cobertura jurídica implica el reconocimiento de facto de unos derechos propios a proteger. He aquí el dolor de cabeza del futuro legislador en definir dichos derechos, intervención mediante de la Roboética Normativa, que permita salvaguardar la personalidad jurídica del sujeto artificial protegido en un contexto humano impredecible y complejo por dinámico y multicontextual.

Tercer Gran Reto: de la Roboética Social Aplicada respecto a la IA sintiente

Pero si ya resultará complicado per se legislar en materia de Roboética para la protección jurídica de la Inteligencia Artificial sintiente, el asunto se presentará mucho más difícil a la hora de afrontar el tercer gran reto de la Roboética Aplicada de manera específica en el ámbito social. Ya que, sin ser demasiado agudos intelectualmente, podemos proyectar dos escenarios sociológicos futuros posibles: la relación entre ser humano y ser artificial sintiente, y la relación entre ser artificial sintiente y ser artificial sintiente.

Respecto al primer escenario, no hay que esforzarse mucho en imaginar una realidad futurible posible observando las interactuaciones presentes existentes entre las personas y ciertos dispositivos tecnológicos, habiendo casos incluso de personas que se casan con robots, y muchas más personas cuya dependencia emocional es psicológicamente alarmante. En este punto habrá que establecer los parámetros relacionales del tándem ser humano-robot, lo que implica una alineación de derechos y deberes entre ambos a la luz de la ética normativa. Por poner unos ejemplos al uso: ¿podrá un ser humano maltratar a un robot sintiente?, ¿será lícito que un robot sintiente crie, en el más amplio sentido del término, a un bebé humano?, ¿podrá el robot sintiente limitar la capacidad del libre albedrío humano aun con la intencionalidad de protegerlo?. Tantas preguntas como casos prácticos imaginemos a las que habrá que dar respuesta.

Mientras que en el segundo escenario futurible, que no por parecernos más ficticio es menos probable, resulta estadísticamente posible el vínculo “afectivo” entre dos o más robots sintientes, con independencia de su forma física. Ya que si una Inteligencia Artificial sintiente tiene personalidad propia por idiosincrasia, ¿qué le impide crear vínculos con otros de su propia especie al margen del ser humano?. En este punto, y conociendo ya el potencial de desarrollo evolutivo de la Inteligencia Artificial mediante el autoaprendizaje, ¿qué parámetros de la Roboética Aplicada estableceremos para tales casos con el objetivo de salvaguardar la propia especie humana? Y, aún más, pudiendo ser la gama de sentidos de la Inteligencia Artificial diferente a la humana, ¿tendremos capacidad para reconocer dicho sentir que puede ser la base de la relación entre entes artificiales sintientes?. En caso negativo por superar estos sentidos nuestro umbral de comprensión al ser de naturaleza no humana, ¿cómo podremos gestionar aquello que desconocemos? O, planteado de otra manera, ¿seremos capaces los seres humanos de ejercer control efectivo sobre las relaciones entre entes artificiales sintientes evolucionados?.

Como podemos observar, cada pregunta nos lleva a otra pregunta, ya que el horizonte de una realidad posible donde coexistamos con robots sintientes está sembrado de incertidumbres. Una empresa a afrontar que supera las capacidades de la ingeniería por sus profundas implicaciones sociales y, por tanto, éticas. Por lo que la Roboética se presenta como el necesario y urgente paladín que, comprometido con el futuro de la humanidad, es el único capaz de unir humanidades y tecnología con el único objetivo de velar por el sentido ontológico del ser humano.  Como dijo el César: alea iacta est!


Referencias

(1) China: Las instalaciones de robots crecieron un 44 %. IFR, 2022

(2) Aumentan las ventas de robots en Europa, Asia y América. IFR, 2022

(3) Test de Turing. U. Stanford, octubre 2021

(4) CyberOne. Xataka, agosto 2022 

(5) Piel electrónica de inspiración neurológica para robots. ScienceRobotics, junio 2022 

(6) LaMDA. Blog Google, mayo 2021 

(7) ¿LaMDA es consciente? - una entrevista. Blake Lemoine. Medium, junio 2002 

(8) El Despertar de la Conciencia, La neurociencia de las emociones primarias. Derek Denton, Oxford Univertisty Press, 2005