domingo, 14 de agosto de 2022

¡Los Robots Humanoides ya están aquí! ¿Qué implicaciones sociales tiene?

Aún de vacaciones en algún punto de la costa del Mare Nostrum, la noticia todavía fresca del lanzamiento de un nuevo robot humanoide por parte de la corporación china Xiaomi, me hace imaginar sin demasiado esfuerzo un futuro no muy lejano en el que el socorrista de la playa sea un robot, donde haya personas que vengan a disfrutar del mar en compañía de sus humanoides domésticos, y en que los camareros de los chiringuitos, bares y restaurantes del paseo marítimo colindante sean asimismo autómatas más o menos agraciados. Un futurible, eso sí, solo apto para ciertos lares del primer mundo, ya que los androides humanoides se presentan como un pequeño lujo al alcance de pocas carteras. O al menos, y como siempre pasa, hasta que la demanda aumente hasta alcanzar niveles de popularización.

Lo cierto es que la presentación del nuevo CyberOne, como así denomina la empresa china a su humanoide, más allá de su elegante estética deviene una sorpresa disruptiva relativa por esperada al tener su precedente en los no menos espectaculares robots Atlas y Optimus, de las compañías BostonDynamics y Tesla, respectivamente. No obstante, si bien estos últimos están concebidos para realizar aquellos tipos de tareas consideradas como peligrosas y aburridas para los seres humanos en un contexto laboral-productivo, en el concepto más estricto de robot trabajador, el humanoide chino por su parte tiene la capacidad de detectar emociones humanas y entablar una conversación, lo cual evidencia que en su salto cualitativo viene para ocupar el goloso nicho de mercado de los humanoides domésticos de compañía.

Las implicaciones socio-económicas y políticas, y por ende filosóficas, de la entrada de la humanidad en la nueva era de los robots humanoides, como es de suponer, son varias y nada inocuas. Unas de las más evidentes son: por un lado, el más que presumible incremento de la brecha social en el seno del primer mundo, y sobre todo entre un primer mundo altamente tecnológico -basado en  la Inteligencia Artificial-, y un segundo y tercer mundo pretecnológico; y, por otro lado, la previsible profunda reestructuración del mercado laboral del primer mundo en su transición de una mano de obra productiva humana a otra más eficaz, eficiente y efectiva de naturaleza robótica, lo que acarreará como efecto secundario directo una irremediable revisión de los Estados de Bienestar Social (ver: Como seres imperfectos, ¿qué implica crear seres perfectos para corregir la imperfección? y La era de los Robots transformará la clase trabajadora humana en una clase social ociosa). Temas éstos que requieren de un capítulo de desarrollo aparte por su relevancia, y a los que en parte ya me he referido en anteriores deliberaciones en materia de Robología. 

No obstante, en la presente reflexión me interesa centrarme particularmente en la entrada en escena del humanoide de compañía doméstico. Puesto que con independencia de que estos androides, con toda seguridad, acabarán por suplantar a los dispositivos móviles actuales como consumibles adictivos por parte de una sociedad de consumo tan dependiente por voluble psicológicamente (ver: Siri o la evidencia de la fragilidad emocional humana)-, resulta plausible plantearse que estos nuevos robots humanizados van a generar grandes implicaciones filosóficas objeto de estudio de la Roboética (dígase la materia que observa la Inteligencia Artificial de manera transversal al conjunto de ramas de la Filosofía contemporánea), que cabe discernir. Veamos, sin ánimo de extendernos, tres de las cuestiones más relevantes por su incidencia directa en la vida diaria de las personas:

1.-¿Los robots humanoides domésticos enriquecerán la vida humana?

Si entendemos el concepto enriquecer en el sentido de mejorar la calidad de vida cotidiana de las personas, y por tanto concebimos a los humanoides como medios instrumentales domésticos, parejos a una nueva generación de electrodomésticos utilitarios inteligentes, la respuesta puede parecernos positiva. Sin embargo, el hecho que dichos aparatos de hogar tengan apariencia humana y que interrelacionen con el mundo emocional humano puede provocar cuadros colectivos de desajuste psicoemocional que afecte al ámbito de la sociabilización propiamente humana, lo cual puede inducirnos a una respuesta de índole negativo. Como vemos, he aquí claroscuros en un balance entre utilidad y uso que, claramente, en un futuro pronosticable alcanzará el ámbito nada desdeñable de la salud mental pública, en parámetros de calidad y capacidad de la gestión emocional humana, por parte de los individuos miembros de las nuevas sociedades.

2.-¿Los robots humanoides domésticos generarán confianza?

Si entendemos la confianza en términos de seguridad, en tanto que las acciones de los robots se nos muestran predecibles, comprensibles y por tanto transparentes al servicio de las necesidades domésticas y dentro de los parámetros establecidos por la Ética humana, la respuesta puede parecernos positiva. No obstante, cabe no olvidar que, a diferencia de un aparato doméstico eléctrico tradicional, la esencia primera de la Inteligencia Artificial como rasgo característico de un robot humanoide es el autoaprendizaje, que se basa en los análisis predictivos mediante la identificación de patrones en la gestión de datos masivos que escapan a la capacidad cognitiva humana, los cuales a su vez pueden o no ser supervisados intencionalmente o por incapacidad del hombre para su validación funcional. Punto en el que nos lleva a plantearnos, por tratarse de escenarios verosímiles, tanto la posibilidad de un desarrollo evolutivo autónomo por parte de los androides domésticos ajeno al control humano (ver: La consciencia artificial cuestiona la consciencia humana y La Roboética o la falacia de controlar a los robots), como en la posibilidad de una manipulación externa humana deliberada de los robots mediante la alteración de los algoritmos base de su autoaprendizaje y patrones de comportamiento (ver: La Ética mundial no puede estar en manos delos ingenieros informáticos), lo cual puede inducirnos asimismo a una respuesta de índole negativo. Una dicotomía entre seguridad y carencia real de control que deberá ser resuelta por el Mercado, a su vez que vigilada de manera activa, legislación mediante, por parte de los Estados.       

3.-¿Los robots humanoides domésticos cumplirán con las leyes de privacidad y los derechos civiles?

Este es un punto interesante a plantearnos, ya que a día de hoy ni las grandes compañías tecnológicas del denominado orbe democrático cumplen con las leyes de privacidad en materia de protección de datos personales, codicia mediante de la lógica de una economía de mercado donde los ciudadanos somos potenciales consumidores y nuestros datos más íntimos son objeto de mercadeo aun sin consentimiento propio. Mientras que respecto a los derechos civiles, ¿a cuáles nos referimos? ¿A los propios de los Estados Democráticos y Sociales de Derecho, o a los de los países autoritarios? No obviemos que el robot humanoide doméstico CyberOne es de producción china, un país que descarta la Democracia como valor universal, y donde la vida cotidiana de sus conciudadanos es férreamente monitorizada con programas de reconocimiento facial y videovigilancia por ausencia de derechos civiles. Entendiendo éstos como los derechos fundamentales que tenemos las personas occidentales, entre otros, a disfrutar de la libertad y la seguridad individual, o de la libre circulación. Expuesto lo cual, ¿podemos confiar que el nuevo humanoide doméstico chino, en el caso que llegue a comercializarse en nuestro mercado, cumpla con las leyes de privacidad y los derechos civiles a los que estamos acostumbrados en calidad de ciudadanos libres? O, por el contrario, ¿nos veremos expuestos a reproducir un día cualquiera por inesperado el argumento distópico de la rebelión de los androides protagonizada en la película “Yo, robot”, como un nuevo método de estrategia invasora por parte de una potencia extranjera en clara tendencia político-comercial expansiva?. No olvidemos que, como reza el refrán y constata la Historia de la humanidad, la realidad a menudo supera a la ficción.

Cómo vemos, aunque haya sido de manera sintetizada en una fugaz reflexión en tiempo de ocio estival, la inocente versión de un robot bajo la amable apariencia de un humanoide doméstico con capacidad de hablar y de entender nuestras emociones, de inocente tiene poco a la luz de las múltiples implicaciones sociales y por tanto filosóficas que puede llegar a desplegar. Y si bien no deseo aparecer como un antiandroidiano, pues de hecho no solo me considero un entusiasta de los robots humanoides sino que además me agrada la idea asociativa entre humano y robot, entendiendo asimismo que al desarrollo tecnológico no hay quien le ponga puertas al igual que sucede con el campo, ello no nos exime de ponderar las consecuencias y el alcance que comporta la irrupción de los robots inteligentes en nuestras vidas. Ya que, aunque no seamos conscientes de la dimensión del cambio que se nos avecina, la Era Robótica ya está aquí para transformar la realidad humana de manera transgresora. Preguntémonos qué tipo de humanoide estamos creando y nos responderemos qué tipo de sociedad estamos construyendo. Fiat lux!