martes, 23 de agosto de 2022

Hablemos, en un suponer, del Control Social mediante el Inconsciente Colectivo

Desabastecimiento de aceite en España, 2022
Habitualmente una reflexión lleva a otra reflexión, al igual que una pregunta conduce a otra pregunta, dicho lo cual debo decir a modo introductorio que la presente disertación viene derivada de mi anterior cavilación bajo título: Democracia o Controlcracia o la Teoría del Crédito Social Camuflado. Así pues, sin más dilación y sin intención alguna de querer parecer paranoico, hablemos de un medio potencial más para el Control Social contemporáneo como es el Inconsciente Colectivo.

Para quienes no lo sepan, el Inconsciente Colectivo es un término acuñado por el psiquiatra suizo Carl Jung en la primera mitad del siglo XX, que se refiere a una mente inconsciente compartida por el conjunto de seres humanos, la cual se estructura a través de Arquetipos, que cabe entenderlos como patrones mentales a partir de los cuales se derivan las ideas. Un concepto teórico que bien podría equipararse a las ideas apriorísticas de Platón, aunque con una diferencia complementaria sustancial: los Arquetipos del Inconsciente Colectivo, a los que se refiere Jung, son mayoritariamente ideas abstractas de hechos pasados acaecidos en los albores de la humanidad que perduran en la memoria subyacente de nuestra especie a lo largo de los siglos. Por ejemplo, el miedo instintivo que la mayoría de mortales sentimos frente a las arañas, servidor incluido, radica en que éstas nos despiertan un motivo arquetípico específico como es el de un peligro ancestral, cuya imprenta memorística en el inconsciente colectivo ha persistido de generación en generación a lo largo de nuestra evolución. Que se dice pronto.

Es por ello que a la luz de dicho conocimiento, y entrando ya en materia de Control Social en relación al Inconsciente Colectivo, la pregunta que se tercia no puede ser otra que aquella que sigue: ¿Se puede influir en la mente inconsciente colectiva mediante la propagación de pautas arquetípicas, con el objetivo de crear un estado de determinismo ambiental que afecte interesadamente a los hábitos cotidianos del conjunto de las personas para beneficio de unos pocos?. La respuesta, vista la Historia, resulta claramente afirmativa. No obstante, si bien en las eras precedentes los Arquetipos utilizados, y con ellos sus imágenes arquetípicas, eran de carácter principalmente sobrenatural -instrumentalización mediante de la Religión- para el Control Social por parte de las clases sociales dominantes, ¿qué tipo de Arquetipos se podrían utilizar actualmente para tal fin? Y, aún más ¿cuál es el elemento clave para su activación?. Para responder a dichas cuestiones, hagamos un ejercicio hipotético que por basarse en suposiciones queda libre de toda censura institucional.

Respecto a la primera pregunta en la que nos planteamos qué tipo de Arquetipos se podrían utilizar actualmente para influir en el Inconsciente Colectivo que posibilite un Control Social, cabe pensar que, siendo los Arquetipos de naturaleza atemporal para la psiqué humana, resulta una obviedad que no hay necesidad de crear unos de nuevos, sino tan solo reutilizarlos actualizando sus imágenes arquetípicas ancestrales a los contextos presentes, pues la vida del ser humano occidental de hoy difiere en mucho de la propia de una persona de la Edad Antigua, de la Edad Media, de la Edad Moderna, e incluso de gran parte de la Edad Contemporánea. En este sentido, y sobre la base que en una sociedad hedonista y de confort como la actual existe como máximo terror tácito por parte de sus conciudadanos la pérdida del bienestar personal alcanzado, solo cabría hacer un despliegue de aquellos Arquetipos capaces de activar dicho miedo ancestral, dígase aquí la Guerra, la Hambruna, y la Enfermedad. Que, dicho sea de paso como apunte relevante para una sociedad occidental profundamente marcada por el imaginario cristiano a lo largo de dos milenios, da la casualidad que estos mismos Arquetipos ancestrales tienen su coincidencia exacta con la esencia de tres de los cuatro terroríficos Jinetes del Apocalipsis. Casualidad ahondada, aún más si cabe, por el hecho que en el caso del Jinete del Hambre se explicita en el texto bíblico que su hambruna será causada por el aumento del precio del trigo y la cebada. Y es que, como decretaron los latinos, nihil novum sub sole.

Así pues, y haciendo un pequeño juego de lógica comparada, no hay que ser muy agudo intelectualmente para observar la correlación del Arquetipo del Inconsciente Colectivo de la Guerra en su actualizada imagen arquetípica del conflicto ruso-ucraniano y en las tensiones prebélicas entre USA y el flanco ruso-chino, advertir la correlación del Arquetipo de la Hambruna con su nueva imagen arquetípica de las crisis alimentaria (centrada en el cereal) y energética derivadas de la misma guerra ruso-ucraniana, y percibir la correlación del Arquetipo de la Enfermedad con la imagen arquetípica contemporánea de la crisis sanitaria del Covid y de la sombra alargada por anunciada de nuevas pandemias futuribles. Imágenes arquetípicas todas ellas de rabiosa actualidad que reviven y activan Arquetipos ancestrales negativos para el Inconsciente Colectivo, afectando de lleno el ánimo de los ciudadanos occidentales de a pie y, por ende, nuestros hábitos y costumbres cotidianos.

Una radiografía de los Arquetipos del Inconsciente Colectivo en tiempos presentes que nos aboca de cabeza y sin demora a la segunda pregunta: ¿cuál es el elemento clave para la activación de los Arquetipos? Sin lugar a dudas y a mi parecer, entre todo el espectro de particularidades más o menos perceptibles en esta materia objeto de reflexión, destaca de manera notable el temporis momentum al que llamamos Sincronicidad, que cabe entenderlo como la simultaneidad o coincidencia de sucesos vinculados por un mismo sentido contextual que nosotros le otorgamos como miembros de una comunidad. Por lo que, llegados a este punto, no resulta disparatado el preguntarse si dicha Sincronicidad de eventos pudiera ser intencionada en vez de acausal, lo que en caso afirmativo y extrapolado a parámetros socio-económicos y políticos podríamos afirmar que hablar de Sincronicidad es hablar, ni más ni menos, que de Geoestrategia. Pero no de una Geoestrategia cortoplacista sino de larga proyección, ya que la Sincronicidad es fruto de diferentes continuos temporales que alcanzan un mismo punto tangencial, siendo cada línea temporal implicada una suma de historias en sentido feynmaniano, es decir que su proceso evolutivo puede contener un elevado factor probabilístico en un sistema referencial sociológico. Lo cual comportaría, por parte de aquellos estrategas que pretendiesen diseñar dicha Sincronicidad potencial, una observancia paciente por larga en la gestión del desarrollo temporal de los acontecimientos comprometidos hasta alcanzar su objetivo sincrónico. O, dicho en otras palabras, se requeriría de años de planificación para generar una Sincronicidad en términos geoestratégicos. Por poner un ejemplo al uso pensemos, para mayor entendimiento, en un cazador -como metáfora de un geoestratega-, que de manera perseverante espera el momento oportuno durante el tiempo necesario (ya sean semanas, meses, años o décadas) para que su presa se ponga a tiro. Lo cual, de manera irremediable, nos conduce a una nueva pregunta, ¿qué tipo de entes tienen la capacidad de llevar a cabo acciones geoestratégicas de larga duración, con el objetivo de crear sincronicidades que activen Arquetipos que influyan sobre el Inconsciente Colectivo para beneficio de intereses propios? La respuesta es sencilla: solo aquellos estrategas con capacidad de perdurar largos años en el poder o, dicho de otro modo, solo aquellas estrategias sostenibles en el tiempo.

En este sentido, y aterrizando en las arenas de la política y la economía -los dos resortes que mueven el mundo humano-, tan solo encontramos a nivel global dos tipos de entidades con las características anteriormente expuestas. Por un lado, los regímenes políticos autoritarios -permítanme aquí hacer alusión al país del Oso y al país del Dragón en calidad de potencias mundiales-, cuyos máximos dignatarios perduran durante muchos años en el ejercicio de su poder. Y, por otro lado y ya en el orbe occidental, los lobbies políticos y económicos -permítaseme aquí aludir a los propios del país del Águila como imperio que lucha contra su caída-, que tienen asimismo plena capacidad de influir de manera sostenible en el tiempo sobre los gobiernos democráticos de turno, cuyos gobernantes por ser rotatorios son caducos y por tanto incapaces por sí mismos de diseñar geoestrategias a largo plazo. Regímenes autoritarios euro-asiáticos y lobbies político-económicos norteamericanos que, en ambos casos, cuentan con los posibles necesarios para diseñar y desarrollar geoestrategias de larga proyección temporal, compatibles a su vez con la generación de Sincronicidades que puedan activar Arquetipos del Inconsciente Colectivo. ¿El fin último?, un mayor control sobre el conjunto de la sociedad global, o si más no sobre una gran parte de la misma de la que tienen influencia directa.

No obstante, pudiera ser que las Sincronicidades fueran simples coincidencias, y que las manos tanto visibles como invisibles que mecen el mundo no jueguen con los Arquetipos ancestrales que condicionan el Inconsciente Colectivo por responsabilidad ética o por simple desconocimiento de la psicología de masas. Todo es posible, inclusive que servidor delire bajo los efectos de un golpe de calor. Aunque a nadie se le escapa que en nuestro mundo real incluso los simpáticos técnicos en marketing comercial, inflados en su ego por los avances en neurociencia, no buscan ansiadamente otra cosa más que influir en los rasgos conductuales de las personas. Por lo que resulta lógico pensar que si éstos no descasan en su objetivo de condicionarnos, ¿qué no harán aquellos?.

Que los Arquetipos ancestrales de la Guerra, la Hambruna, y la Enfermedad están activados mediante nuevas imágenes arquetípicas actualizadas a los tiempos presentes, es una evidencia. Y que éstos afectan al Inconsciente Colectivo, es una consecuencia directa manifiesta. Así pues, la última pregunta que cabe hacernos es aquella que dé respuesta a qué implicaciones sociales tiene para el conjunto de ciudadanos. Si observamos que éstos Arquetipos activados generan estados emocionales de miedo, tristeza e impotencia en nuestro Inconsciente Colectivo, resulta fácil deducir que el perfil conductual de la mayoría de las personas no será otro que el de la ductilidad. Un rasgo de comportamiento -que con el tiempo necesario puede convertirse en un hábito de conducta normalizado-, propicio para dirigir, convencer y educar a las masas en el sentido que más interese a los planes diseñados por los geoestrategas. Es decir, no hay mayor sueño a alcanzar para un exitoso Control Social que las personas se muestren dúctiles, tal rebaño de ovejas que clama a gritos un perro pastor que las proteja y guíe en su quehacer diario. Y ya se sabe de las ovejas que aun creyéndose libres, nunca soñarán en ser libres fuera del hábitat complaciente de su propio rebaño, para regocijo secreto del dueño del perro pastor.