martes, 16 de agosto de 2022

Democracia o Controlcracia o la Teoría del Crédito Social Camuflado

No hay más ciego que el que no quiere ver, ni persona más complaciente que aquella que ve la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio. Y justamente esto es lo que nos sucede a los ciudadanos del orbe occidental cuando ufanos se nos llena la boca de Democracia, como contraposición a sistemas de organización social que consideramos totalitarios, y cuyo método despótico por antonomasia es el ya célebre Crédito Social chino. Tal es el caso, a modo de ejemplo, de una conversación reciente sobre China en la que mi interlocutor amonestaba enérgicamente al gobierno mandarín por el hecho de controlar el dinero de sus ciudadanos, como si ello fuera prueba de cargo suficiente de la existencia de un sistema político tirano, lo cual me dejó atónito. ¿Acaso en un Estado Social y Democrático de Derecho como es España no se nos obliga por ley a los ciudadanos a limitar a día de hoy los pagos en efectivo a mil euros? ¿Acaso nuestros bancos no tienen la obligación de informar periódicamente al Gobierno (Ministerio de Hacienda) sobre las cuentas bancarias de sus clientes? Y, ¿acaso el Gobierno (Agencia Tributaria) no tiene la libre potestad de controlar las transacciones financieras de cualquiera de sus conciudadanos e incluso de bloquear sus cuentas bancarias?. Así pues, ¿cómo cabe llamar a dichas prácticas democráticas de control gubernamental? ¿En qué se diferencian, en este supuesto, con el gobierno chino?.   

Expuesto lo cual a modo introductorio, y salvando las distancias entre ambos regímenes antagónicos de organización socio-política y económica, volvamos al Crédito Social chino como método de control ciudadano. Para aquellos que aún no lo conozcan, este bono social está en funcionamiento en China de manera obligatoria desde 2020 -aunque comenzó con pruebas piloto sociológicas de ámbito regional ya en 2009- y, básicamente, consiste en un sistema de puntuación que premia a los "buenos" ciudadanos  a la vez que sanciona a aquellos considerados como "malos" ciudadanos. Una criba social, posibilitada gracias a técnicas de control de masas por Inteligencia Artificial y procesamiento de grandes cantidades de datos, que califica individualmente a cada ciudadano basándose en cuatro parámetros bien definidos: 1.-Su historial crediticio; 2.-El cumplimiento de sus obligaciones sociales (tal como el pago de impuestos); 3.-Su comportamiento y hábitos civiles (tal como colarse en el metro o contaminar el medioambiente); y, 4.- Su información personal (tal como deslegitimar al Gobierno); y que tiene como objetivo -según el gobierno de Pekín- garantizar el bien superior de la armonía social y ayudar en la crisis de deuda del país. Pero, ¿qué pasa con los ciudadanos calificados como “malos”, a aquellos que se les quitan puntos?, cabe preguntarse. Pues que entran en una lista negra que conlleva la restricción de derechos civiles que afecta, por ejemplo, al beneficio de una hipoteca o a la compra de una propiedad, a la libre movilidad en avión o en tren de alta velocidad, y al acceso a ciertos puestos del mercado laboral o al disfrute de internet, entre otras medidas restrictivas.  

Lo cierto es que si hacemos una extrapolación del Crédito Social a la inversa, es decir si buscamos el paralelismo chino en nuestro sistema de organización social democrático, puede que dichas medidas nos resuenen aunque de manera menos evidente por desunificadas bajo un mismo cuerpo administrativo. Veámoslo por partes:

1.-Control ciudadano mediante el historial crediticio en un sistema democrático:

A nadie se le escapa, y más tras la Gran Crisis del 2008, que aquellos ciudadanos con deudas económicas pasan a engrosar las listas negras de las entidades financieras (dígase ASNEF, RAI, CCI y equivalentes), las cuales diferencian a los “malos” ciudadanos de los “buenos”. Sin contar que éstos últimos, previo a beneficiarse de un activo económico, deben someterse a los temidos ratios financieros de liquidez, de gestión o actividad, de endeudamiento o apalancamiento, y de rentabilidad marcados por los bancos, bajo la lógica de una economía de mercado ciertamente especulativa por libre. Una criba social, sin duda, que bien puede asemejarse al Crédito Social chino, pues su calificación negativa restringe de facto nuestros derechos en materia de adquisición de bienes y servicios. De hecho, y como apunte, señalar que dicho Crédito Social es una extensión evolutiva del sistema de calificación crediticia financiera existente en China. Así pues, de aquellos barros estos lodos. Y aún más, mientras allí la política de criba económico-social de los ciudadanos se establece a través de un Estado socialista con economía de mercado dirigido por un único partido, aquí, no nos engañemos, se establece mediante un Mercado liberal que dirige a un sistema multipartidista que conforman los Estados democráticos (Un Estado intangible que gobierna sobre los Estados tangibles o el Estado dentro del Estado).

2.-Control ciudadano mediante el cumplimiento de las obligaciones sociales en un sistema democrático:

A nadie se le escapa, asimismo, que la obligación social por excelencia de los ciudadanos de los países democráticos no es otra que la de contribuir al sostenimiento del gasto público. Es decir, a pagar impuestos. Un cumplimiento cuyo férreo control ejerce el Gobierno (en España a través de la Agencia Tributaria) sobre los ciudadanos, cribando a aquellos ciudadanos “buenos” de aquellos “malos” a los que incluye en su lista negra (denominada lista de morosos que, al igual que en China, se hace pública), y cuyo castigo social es el embargo de sus bienes y cuentas corrientes. Un ejercicio de Crédito Social Camuflado, eso sí bajo el precepto lícito -por ajustado a Derecho- de la obligatoriedad individual de contribuir al costoso sistema del Estado de Bienestar Social del que gozamos todos como miembros de una misma comunidad.

3.-Control ciudadano mediante su comportamiento y hábitos civiles en un sistema democrático:

A nadie se le escapa, por otro lado, el control gubernamental en materia de comportamiento y hábitos civiles que los ciudadanos democráticos estamos sometidos constantemente por causas de bien mayor. ¿Quién no recuerda las propias derivadas de la reciente crisis sanitaria del Covid?, cuyas penalizaciones iban para negacionistas y díscolos desde limitar el acceso al Servicio Público de Salud, a la detención por infligir la limitación de los toques de queda, o a la retirada del derecho a la libre movilidad en avión o tren, entre otros. Y, ¿qué decir de los nuevos controles impuestos derivados de la actual crisis energética?, cuyas penalizaciones por incumplimiento de un comportamiento normativo en el ahorro energético conllevan multas económicas nada despreciables. Sin olvidar, como caso ejemplificador de un sistema de calificación por puntos parejo al Crédito Social chino, el control gubernamental de los ciudadanos respecto a las normas de seguridad vial, cuyas infracciones conllevan la pérdida de puntos del carnet de conducir que pueden acarrear la retirada del derecho a conducir un vehículo. O el control sobre la prohibición de fumar en espacios público. O… una larga lista de controles sobre nuestros comportamientos y hábitos civiles que no nos acabaríamos, y todo ello en un sistema social calificado como democrático donde la libertad individual es un derecho fundamental.

Sí, pero es que en China se censura hasta el uso de internet, habrá quien replique como supuesto paradigmático de un modelo social tirano. Ciertamente, al igual que no es menos cierto que en nuestras latitudes no solo el Mercado, a través de las grandes corporaciones tecnológicas, tienen la plena potestad de limitar nuestro derecho a la libre expresión en el ciberespacio, sino que el propio Gobierno de España, en este caso, ejecuta en el ejercicio de su autoridad la monitorización sistemática de la información que los ciudadanos libres subimos a las redes sociales, llegando incluso penalizar ciertas manifestaciones públicas con penas que incluyen la cárcel (véase la denominada Ley Mordaza). Créditos Sociales Camuflados, como podemos observar, que nada tienen que envidiar a los made in China.       

4.-Control ciudadano mediante su información personal en un sistema democrático:

Y por último, poco hay que añadir del control que ejerce el Mercado sobre nuestra información personal, complicidad incluida de los propios ciudadanos que exponemos sin pudor nuestra vida íntima en el gran escaparate de internet, y que el propio Mercado utiliza, saltándose todas las barreras legales en materia de protección de datos y del derecho a la privacidad, para beneficio propio y manipulación consumista nuestro. Una información personal que el Mercado utiliza para controlar, por poner un ejemplo menos evidente, la barrera de acceso al sector laboral para mayores de 45 años. Otro Crédito Social Camuflado que suma y sigue. Sin menospreciar las técnicas de criptocracia que el sistema democrático tiene como método efectivo de control de masas (ver: La inopia informativa como estrategia de control social).

Lo que queda patente, a la vista de los ejemplos expuestos y sin intención de hacer un acopio metódico de casos por cada uno de los bloques anteriores que sería más propio de una tesis, es que la acción sistemática de controlar a los ciudadanos, y por extensión la institucionalización del cribaje de los mismos en buenos y malos, es consustancial al ejercicio de gobernar por parte de cualquier sistema de modelo de organización social, ya sea éste democrático o no. Pues toda organización social humana se basa en un engranaje que se vertebra e interrelaciona mediante niveles de poder. Lo cual, por otra parte, cabe aclarar enfáticamente que la presente reflexión no pretende en absoluto blanquear un sistema totalitario como es el chino, sino tan solo evidenciar la existencia de nuestro particular sistema de referencias de un Crédito Social Camuflado.

La diferencia sustancial entre nuestro Crédito Social Camuflado y el Crédito Social chino radica, principalmente, en que en éste último no existe un proceso legal garantista en su aplicación, en el que tampoco se reconoce por inexistentes los derechos civiles como principios fundamentales de los ciudadanos, y en el que no hay cabida para el derecho a la privacidad y a la libre expresión de los ciudadanos por ausencia del reconocimiento de los ciudadanos en calidad de personas libres. Además de que el control social en China se lleva a cabo mediante una utilización intensiva de métodos tecnológicos (dígase reconocimiento fácil y videovigilancia, entre otros), aunque este es un aspecto al que, aunque sea de manera menos evidente, pronto nos equipararemos. Y sino, tiempo al tiempo en una sociedad cada vez más tecnológica.  

Expuesto lo cual, sirva la presente reflexión para meditar sobre la salubridad de nuestros derechos civiles en calidad de personas libres por demócratas, a la luz de un entramado de controles ciudadanos que ponen en evidencia un Crédito Social Camuflado cada vez más férreo por consistente ayuda mediante de las nuevas tecnologías, el cual quizás nos lleve a plantearnos si somos tan libres como creemos, y si nuestro sistema de organización social ha pasado de ser una Democracia a una Controlcracia. Que la viga en el ojo ajeno no nos impida ver la paja, ya enquistada, en el ojo propio. Y dado por finalizados estos pensamientos, aprovecho la libertad de fumarme una pipa frente al mar en mi tiempo de relax y a la vista de todos, no sin recelo que este placentero hábito personal sea perceptible en un futuro no muy lejano de restricciones para algunos de mis derechos civiles.