sábado, 9 de julio de 2022

Sí, las razas humanas existen. Y no, no es una afirmación racista

Ayer tarde-noche, en medio de una desenfadada conversación grupal copa en mano en una agradable terraza de Barcelona, y en ocasión de la inauguración de una exposición pictórica colectiva de la que participa mi mujer como artista, una persona de corte pluriactivista irrumpió de manera abrupta recriminando vehemente al grupo que no utilizara el término “raza”, en una inofensiva conversación sobre diferencias faciales humanas en el más estricto sentido estético, sino que en su lugar usaran el término de “grupos étnicos”, apostillando que: “existe una sola raza de humanos, y que solo puede hablarse de razas diversas en el caso de los animales, como así hacemos con los perros” (sic). Reprimenda tras la cual, y sin desarrollar argumento alguno ni dejar espacio para un posible contraste de ideas sobre el tema, se marchó aireadamente tal y como vino, para continuar con su manifiesto enojo tácito por público hacia el citado grupo durante el resto de la velada. Una perla del parlamentarismo moderado democrático, vaya. Y es que a esta activista a tiempo completo parece ser que no le enseñaron que lo cortés no quita lo valiente.

Sin impedir que el incidente anecdótico nos aguara la fiesta, y reflexionando horas después sobre el tema central de la raza que no podía quitarme de la cabeza, me vino rápidamente a la mente tanto el artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dicta que “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política (…)” (art.2), así como el artículo de la Constitución Española que asimismo decreta que “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión (…)” (art.14). Así pues, si no existe distinción de razas en la especie humana, ¿por qué se menciona explícitamente como valor a proteger en los principios fundamentales de nuestras fuentes jurídicas democráticas? (Pregunta retórica).

Pero antes de profundizar en materia, en primera instancia se obliga conocer qué entendemos por raza. Epistemológicamente, la palabra raza procede del latín radius: rayo, en relación a la herencia hereditaria, o también de radis: de la palabra raíz. Y, a día de hoy, diccionario en mano, dícese de la raza, como significado, cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia. Por lo que llegados a este punto, cabe entender que con la Biología hemos topado. Así pues, para poder proseguir en el entendimiento del término resulta imperativo preguntar directamente a la Biología como ciencia respecto al concepto de raza. Y, en este sentido, la respuesta de la Biología es diáfanamente esclarecedora: la raza se refiere a los grupos en que se subdividen algunas especies sobre la base de rasgos fenotípicos (rasgos tanto físicos como conductuales), a partir de una serie de características que se transmiten por herencia genética.

Expuesto lo cual, ¿por qué existe una tendencia sociológica que niega el concepto de razas humanas, pretendiendo substituirlo por el concepto de grupos étnicos?. ¿Por qué negar las evidentes diferencias existentes entre las razas blancas (europeas) o negras (africanas) o amarillas (asiáticas), por poner algunos ejemplos, afirmando que son solo una raza y que sus diferencias son de origen étnico?. Una postura que, sea dicho de paso, me parece semejante a afirmar que no existen diferentes idiomas en el mundo sino uno solo con diferentes dialectos. Lo cual contradice los tres principios básicos de la Lógica de identidad, de no-contradicción, y del tercero excluido, que son la base racional del pensamiento científico contemporáneo.

Para intentar dar respuesta a la línea de pensamiento negacionista mencionada, en primer lugar cabe apuntar que la negación sobre la diversidad de rasgos raciales es claramente una postura política, y por tanto ideológica (que no por ser lícita se alinea con el Principio de Realidad), que presumiblemente tiene como objetivo la defensa de la igualdad social mediante el postulado de homogeneizar a todas las razas humanas en una sola. Bajo esta lógica, aun siendo en verdad la raza una cualidad biológica, los defensores de la existencia de una sola raza humana eliminan dicha cualidad biológica de la ecuación para reformular la diversidad humana bajo parámetros exclusivamente de multiculturalidad étnica, o lo que es lo mismo, de diversos orígenes geográficos.

Y, en segundo lugar, la citada postura política intenta aferrarse como fundamento argumental a la Antropología Biológica, materia que estudia la evolución y la variabilidad humana aprovechando técnicas modernas propias de la biología molecular y la genética, a través tanto del estudio de grupos sanguíneos como más recientemente del ADN, estudios los cuales muestran que la herencia humana es compleja y dependiente de muchos genes, y cuyos resultados sobre la estructura genética de la población mundial arrojan resultados dispares según la metodología utilizada, pues dicha metodología no está consensuada a día de hoy por la comunidad científica. No obstante, o todo y así, la prensa generalista (de manera interesada por escandalosa para aumentar ventas y en muchos casos partidista por afiliación ideológica) solo se hace eco de aquellos estudios parciales que aun reconociendo -como no puede ser de otra manera- la existencia de diferencias biológicas entre grupos humanos, afirman taxativamente que las razas no existen. Al final, como bien reza el refranero, el hambre se junta con las ganas de comer, y cada cual cree -según su determinismo ideológico- aquello en que decide creer. Parejo, si se me permite a modo didáctico, a la nueva creencia contemporánea implantada, por respaldada recientemente por los intereses económicos e ideológicos del Parlamento Europeo, de que la energía nuclear y gasística son energías verdes; es decir, que son energías limpias por no contaminantes y cien por cien renovables. Todo un despropósito, sino una ironía capciosa, solo para consumo de ignorantes.

Por otro lado, si bien se puede entender la línea de pensamiento de una raza humana única como instrumento político de lucha contra la lacra social del racismo, no pero ello la convierte en veraz. Ni, en este caso en concreto, el fin justifica la descarada manipulación de los medios argumentales. Pretender intentar eludir el Principio de Realidad de la diversidad de razas humanas mediante un juego de malabares de conceptos, donde a uno (la raza) se le quita más significado para ponérselo a otro (el grupo étnico) según la ilusión política que tengamos entre manos, no inmuta al propio Principio de Realidad de las cosas que determina, de manera irreconciliable, lo que Es de lo que no-Es. Pues por mucho que nos empeñemos, intereses políticos mediante, en cambiarle las propiedades o incluso el nombre a la gravedad, ésta no dejará de actuar según su propia naturaleza substancial.

Ciertamente el concepto de las razas humanas es un tema largamente tratado por los filósofos desde la Antigua Grecia con Platón a la cabeza, y con independencia de los postulados de cada cual al respecto amén a su contexto histórico, la Filosofía como disciplina mantiene atemporalmente una misma visión, la cual comparto, que no es otra que la de definir las razas humanas como agrupamientos biológicos de hombres constituidos en un período muy antiguo de la evolución de la humanidad. Una idea que, sin negar un origen común de la especie, implica el reconocimiento de la diversidad evolutiva más allá de los rasgos culturales. Por lo que la aceptación de la realidad de la multiplicidad de razas humanas, con independencia de las catalogaciones más o menos acertadas que se puedan realizar, no es un concepto socialmente negativo per se, sino en todo caso la gestión negativa del reconocimiento de la diferencia que comporta la diversidad, la cual ha sido históricamente utilizada para establecer jerarquías sociales e incluso para esclavizar a seres humanos. Es decir, el racismo no se combate con la negación de la realidad, manipulación del conocimiento de la naturaleza humana mediante, sino a través del reconocimiento positivo de la diferencia. Otra cosa es que el ser humano pueda llegar a estar a la altura moral de dicha postura conductual. Pues no es menos cierto que aun construyendo sociedades que abanderan la diversidad, los seres humanos continuamos siendo tan prepotentes como temerosos frente al otro que es diferente, reaccionando instintivamente de manera beligerante como medida preventiva de defensa, o quizás porque consideramos que no existe mejor defensa que un ataque. Aunque esta es harina de otro costal (Ver: ¿Por qué existe la violencia?).

Expuesto lo cual, acabar la presente reflexión aseverando que sí, las razas humanas existen. Y que no, ésta no es una afirmación racista. Frente al racismo, mayor educación en materia de gestión social de la diferencia, por favor, y menos manipulación sobre el conocimiento de la realidad. Que en este campo, como en muchos otros, no hay atajos válidos y mucho menos aceptables. El idealismo, tristemente, por muy buena voluntad que tenga siempre acaba chocando de frente con el realismo.