lunes, 30 de mayo de 2022

La curvatura de la Identidad Personal: la distorsión de la realidad

Ciertamente, la Identidad Personal da sentido existencial al individuo, así como dicho sentido vital define el objetivo u objetivos a alcanzar para cada cual en nuestro mundano por efímero viaje mortal. Es decir, sin sentido existencial no hay objetivos vitales, pero sin la autodefinición de la Identidad Personal -de aquello que Yo Soy en relación al mundo más inmediato que nos rodea-, no puede existir ni lo uno ni lo otro.  Así pues, como podemos observar, la piedra angular en el desplegar de la vida de toda persona no es otra que la definición y autoreafirmación de una Identidad que, por ser personal, es singular.

No obstante, como es bien sabido por todos, la praxis para alcanzar la Identidad Personal no es natural, sino profundamente cultural (inclúyase la ontología tecnológica en la actual era digital), por lo que si bien el proceso fenomenológico no es universal (amén asimismo de los determinismos biológicos y psicológicos), me permito en esta breve reflexión discernir un abanico de suma de historias posibles en lo que me gusta llamar la curvatura de la Identidad Personal. A razón que cuando mayor es la curvatura de la Identidad Personal mayor distorsión existe con el Principio de Realidad, pudiendo ser la fuerza de curvatura de naturaleza tanto endógena como exógena al propio individuo. Y, siendo la curvatura de la Identidad Personal un sistema de referencias generales (teniendo como ejes de coordenadas del individuo su fuerza de curvatura, sus determinismos culturales-biológicos-psicológicos, y su línea temporal), determinaremos el Principio de Realidad como punto de referencia. Entendiendo asimismo el Principio de Realidad como aquella existencia verdadera y efectiva que Es de manera incontestable a la luz de la Lógica.

En aquellos casos que la curvatura de la Identidad Personal es mayor, y la fuerza de curvatura es de naturaleza endógena, la distorsión del Principio de Realidad viene determinada ya sea por sesgos cognitivos (producidos por una desviación en el procesamiento mental que lleva a una distorsión, juicio inexacto, interpretación ilógica o irracionalidad sobre la base de la interpretación de la información disponible), ya sea por una patología propio de la disfunción cognitiva (donde el individuo crea estados alternativos de realidad, incluyendo posibles episodios de delirios, entendidos éstos como una falsa creencia o idea que la persona acepta con total convicción, a pesar de que las pruebas o evidencias exteriores demuestren todo lo contrario). En estos casos, la Identidad Personal se reafirma mediante rasgos conductuales de invención de circunstancias inexistentes, a las que objetivamente podemos calificar de mentiras, que tienen como objetivo retroalimentar la narrativa creada por el propio individuo en su proceso de autoconvencimiento de una realidad no verdadera. Una reafirmación de la Identidad Personal en la que dicha persona, en oposición directa con el Principio de Realidad, puede desembocar en estados emocionales de rabia y en un comportamiento de descrédito social y/o de desprecio hacia aquellas terceras personas no alineadas con su criterio de juicio.

Mientras que en aquellos casos que la curvatura de la Identidad Personal es igualmente mayor, pero la fuerza de la curvatura es de naturaleza exógena en este caso, la distorsión del Principio de la Realidad viene determinada por un constructo psicológico fundamentado en el Yo de los Otros. Es decir, que la reafirmación de la Identidad Personal está condicionada, de manera casi simbiótica, por la asimilación de entidades externas que el individuo hace como propias substituyendo al Yo Soy. En estos casos, la Identidad Personal se manifiesta mediante rasgos conductuales de indecisión y de dependencia por carentes de carácter. Una reafirmación de la Identidad Personal en la que dicha persona, en oposición directa con el Principio de Realidad, puede desembocar en estados emocionales de baja autoestima y pesimismo, y en un comportamiento marcado por el de victimismo (creando relaciones tóxicas) hacia aquellas otras personas no alineadas con la casuística de su responsabilidad individual.

Por otro lado, nos encontramos con un tercer supuesto de la Identidad Personal que es aquel en el que no existe distorsión (en términos categóricos) del Principio de Realidad, y por ende no podemos hablar de curvatura de la Identidad Personal. En estos casos, la fuerza de la curvatura es prácticamente irrelevante, siendo ésta neutralizada por alineación del individuo con el elemento substancial del propio Principio de Realidad: la Lógica, o lo que Kant denominaba como Razón Pura. Ciertamente el hombre es un ser sintiente, por lo que no puede substraerse de su mundo emocional, pero no es menos cierto que asimismo es un ser racional, por lo que tiene plena capacidad para trascender su emocionalidad, gestión de la inteligencia emocional mediante, al plano de la Lógica que es el único camino posible a la demostración y la inferencia válida de la noción de la verdad de las cosas. Sin Lógica que rija nuestras vidas, la Identidad Personal se curva distorsionando el Principio de Realidad, sucumbiendo al mundo de los espejos de Alicia en el país de las Maravilla donde arriba es abajo y abajo es arriba. Un mundo que, si bien nos puede parecer maravilloso por fantástico, resulta incompatible con el flujo cotidiano de la realidad objetiva en la que vivimos.

Como vemos, y salvando las diferentes graduaciones que podemos vislumbrar en el amplio arco lleno de posibles particularidades que puede dibujar la curvatura objeto de análisis, la virtud (como bien a alcanzar) en la reafirmación de la Identidad Personal está, como diría Aristóteles, en el punto medio. El cual no es otro que el propio Principio de Realidad al que podemos anclarnos a través de la Lógica. Más allá de este centro la Razón se desvirtúa, distorsionando gradualmente asimismo el Principio de Realidad, espacio donde la irracionalidad convierte la noción de la verdad en caos. Es por ello que, frente a personas con una Identidad Personal curvada, solo cabe la higiene ambiental (distancia) por salud de la propia Realidad en la que deseamos vivir.    


domingo, 15 de mayo de 2022

La era de los Robots transformará la clase trabajadora humana en una clase social ociosa

La injerencia cada vez más patente de la era robótica en todos los niveles de la sociedad humana, de carácter tan progresiva como imparable, no cambiará las reglas de juego de la hegemónica economía de libre mercado, entendida ésta como un orden social mundial basado en que los medios de producción deben ser de propiedad privada, el mercado sirve como mecanismo para asignar los recursos escasos de manera teóricamente eficiente y el capital sirve como fuente para generar riqueza. Ni tampoco cambiará el status quo de los cuatro grandes poderes económicos mundiales, fundamentados en la industria energética, la industria sanitaria, la industria alimentaria y la industria militar, no seamos ingenuos. Pero sí que va a producir profundos cambios en el mercado laboral tal y como lo entendemos, ya que de manera inevitable la mano de obra productiva va a dejar de ser humana para pasar a ser robótica en un futuro a medio plazo, a la luz de la búsqueda empresarial del dorado que representan los principios de la eficiencia, la eficacia y la efectividad en las cadenas de valor de todo bien de servicio y producto para consumo de masas.

Un proceso evolutivo hacia una nueva era de la sociedad humana que si bien hace tan sólo casi seis años atrás podía intuirse, tal y como ya reflejé en mi reflexión de entonces bajo título “Los Robots cotizarán en la Seguridad Social (y cambiarán la sociedad)”, hoy en día es casi una evidencia que se respira en el aire (Alemania ya ha declarado en enero de este año que quiere que los robots coticen para pagar las pensiones) a falta de consumar la transición a dos décadas vista gracia mediante de la nueva generación de robots más o menos humanoides (díganse los Tesla Bots u Optimus Subprime) a punto de entrar en escena en el mercado laboral productivo. Ya entonces por el 2016, la perspectiva de una nueva realidad que introduce la figura del robot en nuestras sociedades me hacía reflexionar sobre la evolución de la humanidad en sí misma. No tanto hacia dónde nos dirigimos, sino cómo nos desarrollamos o evolucionamos. Pues si bien pensábamos que el zenit de la humanidad llegaría por un alto nivel de desarrollo humanista, que vendría de la mano de una justicia social equitativa y un respeto y promoción por la diversidad y diferencia de talentos e inteligencias múltiples existentes entre los seres humanos, parece que estábamos bien equivocados. Ya que todo apunta a que el Humanismo -entendiéndolo como la capacidad de asegurar un bienestar mínimo para el conjunto de los ciudadanos- va a ser repensado por desarrollado mediante la creación de una nueva especie inteligente, inferior en derechos pero superior en altas capacidades, para que trabaje por los seres humanos: los robots.

Frente a este futurible escenario, donde la mano de obra trabajadora va a ser irremediablemente robótica de manera transversal al conjunto de áreas productivas de la sociedad humana (principalmente y en una primera fase en el denominado primer mundo), la pregunta que se tercia es doble: ¿de qué vivirá el ser humano medio si se le excluye de la posibilidad de trabajar por eliminación de facto del principio de oportunidad social real, en beneficio de las altas capacidades de los robots? Y, ¿a qué tareas existenciales por cotidianas se centrará entonces la mayoría del conjunto de la sociedad humana excluida del mercado laboral?.

Respecto a la primera pregunta, lógica mediante, si bien las sociedades humanas se basan en un sistema económico de libre mercado que camina de manera imparable hacia su robotización integral, dichas sociedades se organizan bajo principios políticos bajo la figura tutelada de los Estados. Los cuales, por puro instinto primario de evitar cualquier posible contexto social distópico que genere inestabilidad política y ponga en peligro el orden del establishment imperante, se verán obligados a desplegar de manera progresiva un paraguas político de cobertura de derechos sociales a sus ciudadanos para garantizarles una vida digna, dígase Estado de Bienestar Social, con independencia del régimen más o menos democrático de dichos Estados. Unos derechos sociales que deberán ser retribuidos a los ciudadanos de manera tan indirecta, como es el caso del acceso a la Sanidad, a la Educación o al Transporte público; como de manera directa, como es el caso de la posibilidad de acceder a una vivienda o de asegurar una alimentación y una vestimenta diaria digna, en cuyo supuesto deberá instrumentalizarse algún tipo de renta mínima vital y universal (ya en fase de consolidación en muchos países democráticos). Es decir, el ciudadano medio, en un contexto de un mundo robotizado que monopolizará el mercado laboral y que por tanto liquidará los principios sociales de Igualdad y de Oportunidad, tan solo podrá vivir mediante subsidio del Estado por una prestación económica, directa e indirecta, de duración indefinida y, previsiblemente, especialmente dirigida a una presumible gran parte de la población no activa aun estando en edad de trabajar.  

Expuesto lo cual, la pregunta obligada que se deriva no es otra que dé respuesta a cómo los Estados van a costear dichos subsidios masivos. La respuesta no podemos encontrarla más que en la propia capacidad productiva de valor de la mano de obra robótica. Ed decir, los Estados van a verse obligados a transitar de un PIB nacional de base humana a otro de base robótica, donde ésta acabará por acaparar la suma del valor de todos los bienes, servicios e inversiones de un país. De hecho, las altas capacidades de la Inteligencia Artificial (Ver, como ejemplo:  La IA sustituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas), en su valor competitivo exponencial, ayudarán sin lugar a dudas a desbloquear el nivel de crecimiento de las actuales economías occidentales estructuralmente estancadas, mediante la innovación en nuevos activos económicos para el bienestar y el consumo humano, fuentes energéticas innovadoras incluidas. Un proceso que sin lugar a dudas vendrá de la mano de las grandes compañías tecnológicas como motores disruptivos de la economía, así como de cambios en la legislación sobre el tratamiento de los robots en calidad de entes productivos cotizantes para las arcas del Estado.

Mientras que, respecto a la segunda pregunta de a qué van a dedicar su vida los ciudadanos subsidiados por el Estado, en un mundo en el que mayoritariamente no podrán trabajar de manera productiva (a excepción de una pequeña élite adaptada para los nuevos trabajos tecnológicos de alto valor), la respuesta es simple por exclusión: al sector cuaternario y de ocio. Como sabemos, entendemos como sector cuaternario a aquella parte de la economía no productiva basada en la gestión del conocimiento, tales como la educación, la consultoría, la investigación, la cultura e incluso la política; es decir, todos aquellos servicios imposibles de mecanizar, o al menos de momento (pues ya conocemos la existencia, por ejemplo, de casos de robots ya integrados en administraciones públicas como burócratas o inclusive en escuelas como profesores). No obstante, sea como fuere, será interesante observar qué porcentaje de la población subsidiaria se decanta, en un futuro robotizado, por el sector cuaternario o por el sector ocio. Un ocio cada vez más virtual, sea dicho de paso y Metaverso mediante a la esquina de la década, que todo apunta a que se consagrará como el nuevo opio intraneuronal del pueblo para regocijo y control de masas por parte de los actores del nuevo orden social imperante. Entonces, podríamos preguntarnos, ¿para qué se necesitarán a los nuevos ciudadanos subsidiados en un mundo robotizado? La respuesta es diáfana: por su valor de ciudadanos-consumidores, pues no hay posibilidad de generar riqueza en una economía de libre mercado, por muy robotizada que sea, sin consumidores de los bienes y productos producidos. De hecho, un sistema económico de mercado, sin consumidores, no es un sistema económico de mercado. He aquí que la razón de existencia futura del hombre contemporáneo medio se salva por la campana.

Otro cantar derivado del escenario expuesto será la capacidad de libre albedrío y de pensamiento crítico que tendrá el nuevo hombre en la era robótica, cuya realidad -bajo parámetros estrictamente de extrapolación estadística sociológica- dejará de ser natural, en el horizonte de un futurible próximo, por imposición de un metaverso virtual bajo control impositivo de una mente colectiva tecnológica que anulará la individualidad (como ya somos testigos en la actual era de las redes sociales y del internet dirigido algorítmicamente, y que se verá maximizado por la nueva tecnológica de la interfaz mente-ordenador que ya se anuncia), lo cual potenciará la deseducación generalizada en la capacidad reflexiva y analítica de pensar del ciudadano medio, castigando asimismo la escasa opinión divergente que resista aunque esté fundamentada en los principios de la Lógica por ser contraria al pensamiento único impuesto, y por ende abocando al Humanismo al suicidio social. Y todo ello con nuevas e ingeniosas herramientas de control de masas complementarias, en materia política, como son los incipientes créditos sociales más o menos enmascarados que premian o penalizan las conductas humanas cotidianas. Es decir, la libertad, como principio vertebrador de un sistema de organización social democrático y como principio fundamental para la vida digna de las personas, va camino de cederse colectivamente -de manera tan inconsciente como voluntaria- a favor de un sistema totalitario que provea y asegure una vida existencial ociosa al hombre medio subsidiado por el Estado en plena era robótica.   

Sí, sin lugar a dudas, la era de los Robots transformará la clase trabajadora humana en una clase social mayoritariamente ociosa, cuyo precio, no obstante, se prevé alto para los derechos civiles, sociales y políticos del hasta la fecha denominado hombre libre. Un hombre que si bien se encuentra irrefutablemente ante las puertas evolutivas de una nueva especie de ser humano -dígase transhumano, posthumano o metahumano, tecnología mediante-, que coexistirá a la par con una nueva especie de seres artificiales inteligentes, asimismo inicia una nueva era que se caracterizará por el ocaso de la humanidad, y por extensión del Humanismo, conocido desde los albores de las primeras civilizaciones. Y no, no es pesimismo como un colega me criticaba hace poco en una tertulia discernida, sino proyección de una realidad futura plausible a la luz de los datos evolutivos de la sociedad contemporánea.

Como vemos, y tras la presente exposición somera del tema que nos ocupa, las implicaciones que nos vienen en el proceso irreversible de la substitución de una mano de obra humana por otra robótica son muchas y profundas, lo que generará un cambio disruptivo en las sociedades humanas (al menos del primer mundo, en una primera fase), y para la metafísica y la gnoseología como materias de estudio identitario del propio ser humano. Por lo que, llegados a este punto y a modo conclusivo, sólo cabe revindicar más Robología y menos evolución socio-tecnológica a ciegas.

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

Robología, la nueva rama de la Filosofía contemporánea en la Era Robótica

Hace años que reflexiono sobre la Robología, otorgándole una categoría propia en mi guía temática filosófica del Vademécum del Ser Humano, y aún más siendo el tema central de mi tesis como doctorante en Filosofía, pero lo cierto es que hasta el momento no le había dedicado un artículo público ad hoc con personalidad singular. Así pues, para aquellos que me preguntan o se pregunten ¿qué es la Robología?, término acuñado de cosecha propia en virtud de licencia de libre pensador, he aquí esta breve exposición de carácter didáctica. Veamos:

La Filosofía como disciplina académica existe desde la Antigüedad, desarrollándose desde diversas ramas de estudio que pueden considerarse como clásicas hasta la era contemporánea  por su práctica inmutabilidad de las temáticas objeto de estudio. No obstante, en la actual Cuarta Era de la Revolución Industrial, el ser humano, como principio y fin de la propia Filosofía, se encuentra inmerso en una nueva realidad de carácter tan tecnológica como virtual que, por exposición e implicación de manera integral al conjunto de sus actividades humanas, le obliga a replantearse problemas fundamentales acerca de cuestiones tan antiguas como la existencia y el ser, el conocimiento, la razón, la moral, la belleza, el valor, la mente, el lenguaje, e incluso las creencias religiosas.

Una nueva realidad tecnológica que llega, no solo para quedarse sino aún más para imponerse en un sentido de omnipresencia y omnipotencia, de la mano de la Inteligencia Artificial, cuyo grado acelerado de desarrollo en materia de comportamiento cognitivo capaz de autoreconocerse y autoaprender por sí misma a la luz de ostentar un propósito propio por singular (díganse aquí los Robots como nueva especie de seres inteligentes), obliga a la Filosofía a crear una nueva rama de estudio específica que sea capaz de abordar el conjunto de reflexiones y conocimientos de carácter transcendental para el estudio derivado de la Era Robótica. Una nueva rama de estudio filosófico a la que me gusta denominar como Robología, entendiendo ésta como la ciencia que reflexiona sobre la implicación existencial de los robots en relación a la vida del ser humano. 

Así pues, la Robología, como nueva rama de la Filosofía contemporánea en la Era Robótica, debe tratarse desde una metodología de estudio propio de la investigación cualitativa, y no de otra, la cual se fundamenta en un proceso inductivo, recurrente, que permite analizar múltiples realidades subjetivas sin necesidad de una secuencia lineal, ya que la Robología es transversal a todas ellas. Y debiendo ser las características principales de sus planteamientos de carácter abierto en un progresivo enfoque respecto a las diversas ramas filosóficas clásicas, donde la extracción de los significados surja de los datos en continua actualización y no de las estadísticas (ya que la Era Robótica está viva y en pleno y constante desarrollo de su propia naturaleza); lo cual permite, asimismo, la posibilidad de destacar la profundidad de los significados, la amplitud y riqueza interpretativa, y la contextualización del fenómeno en cada uno de sus cortes de estudio realizables.

Y es justamente mediante la metodología de la investigación cualitativa, que los resultados de estudio ponen luz, de manera tan diáfana como incontestable, al hecho de que la Filosofía contemporánea no puede concebirse sin la Robología, ya que esta incide directamente en el conjunto de las diversas ramas del pensamiento hasta ahora clásico. Tanto es así que la Robología, en plena Era Robótica, transgrede la Gnoseología humana como único paradigma para el conocimiento; profundiza sobre la redefinición de los estándares de los derechos fundamentales cívicos, sociales y políticos del ser humano; estudia y vislumbra la evolución tecnológica que no biológica de la especie humana y de su nuevo entorno metafísico de realidad virtual; analiza los parámetros del cambio evolutivo del mercado laboral y de las relaciones fundamentales de la economía de mercado; y, afronta el problema trascendental del futuro del humanismo. Además, y como elemento transversal, injiere una nueva concepción ética del mundo a la que ya se le denomina como Roboética, transformado la moral social humana establecida durante siglos.

Es decir, la discusión filosófica de la Robología, como interpretación crítica y análisis de las potenciales preguntas de investigación que puedan surgir sobre la materia, no debe centrarse en la validación de la Robología como nueva rama de la Filosofía (ya que es un hecho por simple fuerza gravitatoria del Principio de Realidad); sino sobre su influencia directa en la transformación disruptiva que la nueva Era Robótica aporta para el estudio de las diversas ramas de la Filosofía clásica, destacando con especial énfasis por relevantes la Gnoseología, la Filosofía de la Mente, la Filosofía de la Sociedad, la Filosofía de la Economía, la Ética, la Filosofía de la Ciencia, e inclusive la Metafísica. 

Pero aún más, y sin intención de parecer apocalíptico, la aceptación de la Robología como nueva rama del pensamiento filosófico en la Era Robótica, contextualizada en su primera etapa académica de desarrollo temporal que es en la que nos encontramos, se presenta ciertamente como el estudio del ocaso de la Humanidad, y con ella del Humanismo, tal y como lo conocemos desde los albores de las primeras civilizaciones humanas. He aquí pues, para conocimiento de propios y ajenos, qué es y qué trata la Robología.