sábado, 9 de abril de 2022

Tres claves sobre a dónde nos conduce la actual transición del nuevo orden mundial

USA vs Rusia
La actual guerra ruso-ucraniana, más allá de reafirmar la naturaleza oscura por monstruosa de la especie humana que se desenmascara en todo contexto bélico, representa sin lugar a dudas un punto de inflexión en la historia contemporánea. Un cambio abrupto a razón, en primer lugar, de la ubicación geopolítica de la contienda, que ha provocado un terremoto en el estable tablero de juego occidental cuyas piezas dirigen el mundo, para menosprecio de otras guerras que se lidian fuera de dicho tapete en orbes de segunda y tercera categoría bajo los estándares del primer mundo. Y, en segundo lugar, porque en este conflicto existe implicación directa por oposición de dos de las tres potencias mundiales. Vectores que en suma convierten el actual punto de inflexión histórico en un estadio de transición entre un orden mundial ya caduco por superado, y un nuevo orden mundial futuro por configurar determinable a raíz de las aún gestantes implicaciones económico-políticas derivadas de la presente guerra. Expuesto lo cual, ¿qué podemos dilucidar sobre el nuevo orden mundial que viene?. Permítaseme señalar los siguientes 3 puntos para reflexión de interesados:

En primer lugar cabe destacar la obviedad de que el mundo se encamina, nuevamente y tras un periodo de treinta años de desfiguración de líneas divisorias de poder desde la disolución del Pacto de Varsovia hasta nuestra fecha, hacia un nuevo orden mundial profundamente marcado por dos bloques de poder. Dualidad a la que no puede volver a denominarse Occidente-Este, como así se conocía en el período de la Guerra Fría, ya que un gran número de países del Este ya forman parte del bloque Occidental desde el preciso momento en que entraron a formar parte de la Unión Europea, y de la OTAN inclusive. Y asimismo, tampoco podemos denominar a dicha dualidad de bloques confrontados como Occidente-Oriente, ya que el territorio europeo de Rusia es por extensión el más grande de Europa, y porque la distinción entre occidentales y orientales se fundamenta principalmente en la pertenencia o no a las culturas de cuna cristiana, categoría en la que queda de facto integrada Rusia (históricamente considerada la Tercera Roma tras la caída del Imperio Bizantino). Así pues, y tomando como referencia divisoria a Rusia en la actual nueva polarización mundial, cabe hablar más propiamente de un mundo fraccionado por el bloque Occidental y el bloque Asiático. No sólo porque Rusia, en su doble naturaleza territorial, es el país más grande de Asia, y sin obviar que su modelo capitalista de organización social es más asiático que occidental desde que abraza un régimen autoritario con el ascenso de Putin al poder. Sino porque en dicha polarización del nuevo orden mundial juega también un papel muy destacado China, quien si bien como primera potencia económica del mundo juega actualmente un (falso) papel de neutralidad por intereses comerciales, no deja de ser un aliado estratégico natural de Rusia con quien hace pinza frente a Occidente. 

En segundo lugar, y derivado del punto anterior, señalar que el mundo se encamina hacia una sustitución de valores, normas, reglas de juego e instituciones derivadas en materia de relaciones internacionales. Un proceso de cambio y transformación, por otro lado, totalmente natural en toda transición que se precie entre dos órdenes mundiales. Lo que significa, en otras palabras, que el Derecho Internacional actual tal y como lo conocemos, creado por la propia evolución histórica de los países naturales que conforman el bloque Occidental y que consolidaron a nivel global tras la segunda Guerra Mundial con la creación de la ONU, va a sufrir una profunda disrupción bajo la mirada revisionista de la cultura del bloque Asiático. Es decir, Occidente pierde la hegemonía cultural sobre el Derecho Internacional, el cual se va a ver sometido a un pulso constante con los valores propios de la cosmología asiática, la cual tiene a su favor -a medio y largo recorrido- unas economías de corte emergente donde China es cabeza de locomotora, y todo ello en un horizonte de un mundo de recursos limitados donde los Estados Sociales son cada día más costosos de sostener (Ver: La III Guerra Mundial: la solución macabra de las potencias a la crisis económica global). Y ya sabemos que en materia de Derecho Internacional, quien paga, manda.

Y, en tercer lugar, y derivado de los puntos anteriores, señalar que el mundo se encamina hacia el resurgimiento de una Guerra Fría -actualizada, eso sí era digital mediante, respecto a la ya vivida en el período registrado tras la segunda Guerra Mundial y la caída del Pacto de Varsovia que puso fin al bloque del Este-, que nos va a llevar, sin lugar a dudas, a un nuevo enfrentamiento político, económico, social, ideológico, militar e informativo entre ambos bloques de poder. Lo cual, entre muchas otras derivadas imaginables para la vida cotidiana de las personas de a pie, acabará por desmantelar el actual concepto de Globalización para relegarlo a un modelo de Bloquelización: un tipo de sistema partidista y singular de Glocalización donde cada cual intentará crear su propio ecosistema de Mercado estanco en relación al otro (De hecho, ya hace menos de tres años que la americana Google no ofrece servicio a la china Huawei, para dolor de cabeza de sus consumidores occidentales, y no se puede olvidar la actual expulsión de Rusia del sistema financiero occidental, entre otros muchos ejemplos). Un futurible que, como todo en la vida, esconde una doble vara. Por un lado, este presumible escenario acelerará los avances tecnológicos en una disputa de competitividad a contra reloj entre ambos bloques dominantes, a imagen y semejanza de la carrera espacial disputada entre EEUU y la exURSS (hoy Rusia) llevada a cabo en los años 50 y 70 del siglo pasado. Mientras que, por otro lado, dicho escenario empobrecerá inevitablemente aún más a las clases trabajadoras del primer mundo, ya de por si deterioradas por un Mercado de libre competencia y unos Estados de Bienestar Social que no remontan tras la Gran Crisis de 2008, pues los recursos productivos y de consumo básicos mundiales se verán ineludiblemente limitados, sino vetados, por intereses estratégico partidistas de los bloques, en una táctica de guerra tan antigua como el hombre fundamentada en el asedio de suministros (Ver: La Inflación: la gallina de los huevos de oro creada por la avaricia humana). Sabedores que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Y en medio de esta transición entre un viejo y un nuevo orden mundial, los pobres mortales que vivimos al son que nos marcan enajenados, ávaros y otros animales de rapiña del bestiario humano, observamos impasibles como éstos son tiempos negros para el humanismo. Aunque, como bien reza el refranero popular, no hay mal que cien años dure. Por lo que ateniéndonos a la Ley del Péndulo, no cabe perder la esperanza -racionalidad del hombre mediante- a que llegué el día en que las distancias entre bloques disminuyan por simple principio oscilatorio y volvamos, de una manera más o menos normalizada, a una reeditada relación globalizada de la humanidad en este pequeño punto azul suspendido en el inmenso océano oscuro que es el Universo. No obstante, no seamos impacientes, ya que el proceso de distanciamiento entre los grandes bloques tectónicos del planeta solo acaba de comenzar.