sábado, 6 de noviembre de 2021

Las razones del progresivo ostracismo actual de la lengua catalana

Hace un par de días, en medio de una tertulia doméstica ya entrada la madrugada copa en mano, un familiar comentó su experiencia aún caliente como comensal privilegiado en una cena íntima con el nonagenario Jordi Pujol, quien presidió durante veinte años la Generalitat de Cataluña y que, tras insuflar y catapultar el nacionalismo catalán moderno mediante la práctica de culto a su personalidad como icono maximum del ideal de Cataluña, cayó en descrédito político por diferentes casos judiciales de corrupción cuyas causas procesales aún permanecen en curso, arrastrando con él a la mayoría del antaño tan inviolable como divinizado clan Pujol. Más allá de anécdotas varias, deseo recoger, como tema central para la presente reflexión, la alta preocupación que parece ser manifestó el expresidente nacionalista en la susodicha cena sobre la supervivencia del catalán como lengua viva en pleno año 2021.

El interés del tema radica, justamente, en que si bien, desde hace décadas, el nacionalismo catalán acapara el control institucional de Cataluña y, por ende, el dominio de la vida pública catalana mediante tácticas segregacionistas de pureza de sangre y de espíritu -en una primera etapa de modo sibilino, y actualmente ya sin descaro público alguno-, en la que la lengua se ha convertido más que en una bandera de identidad política en un verdadero hierro candente con el que se marca a los catalanes buenos para diferenciarlos del resto (a modo de escarnio y aliciente de reconversión posible para éstos); lo cierto es que, aun con toda la maquinaria del poder nacionalista imperante a pleno gas, resulta una evidencia que la lengua catalana está claramente en estado real de progresivo desuso a fecha de hoy. Tanto es así que, según los últimos informes oficiales del propio ejecutivo catalán, tan solo un tercio de los catalanes habla habitualmente el catalán, y más concretamente en lo que se refiere a los centros educativos la lengua hace patente su hundimiento al registrar un retroceso en su uso del 67% en 2006 al 21% en 2021. Una verdadera pesadilla para los nacionalistas herederos del legado de Pujol que, tras la purga por parte de sus propios hijos políticos a imagen y semejanza del destino que corrió Cronos, ahora se autodefinen independentistas.

Centrada la temática, el dilema reflexivo no es otro que dilucidar sobre las incógnitas que dan respuesta a la existencia de una desequilibrada ecuación de la lengua catalana entre sus dos expresiones o miembros, donde por un lado observamos componentes de un impositivo fomento institucional del uso del catalán, y por otro lado observamos componentes de un desuso real patente y progresivo de la lengua entre la ciudadanía autóctona. En este sentido, no hay que ser docto en sociología para identificar con agilidad cinco grandes variables que, a mi entender personal, ayudan a comprender las incógnitas que hacen de ésta una ecuación errónea. Veámoslas, entendiendo que el orden de los factores no altera el resultado final al estar interrelacionadas:

1.-Razones Demográficas

La distribución y relación demográfica de la ciudadanía catalana juega, sin lugar a dudas, un papel relevante en el desuso de la lengua oriunda, dado el hecho que Cataluña no solo concentra poco más de la mitad de su población en un 5 por ciento del total de su casi millar de municipios, sino que el crecimiento poblacional de la región autónoma se realiza precisamente desde ese pequeño grupo de 47 municipios ubicados en la costa catalana que, asimismo, concentran la práctica totalidad del PIB catalán. Un pequeño subterritorio al que podemos denominar la Cataluña urbana que, por sus características geopolíticas, es destino de flujos migratorios que usan el español como lengua vehicular. Siendo esta una realidad sociológica, en la que se impone el español sobre el catalán, que contrasta por oposición -en un juego de balanzas fuertemente descompensadas- con el resto del territorio catalán caracterizado por su marcada personalidad rural (en continua regresión demográfica) donde el independentismo tiene su caldo de cultivo, y donde el elemento de cohesión social es precisamente la lengua catalana como máximo exponente de una identidad cultural colectiva. (Ver: La Cataluña independentista es Rural. Causas y reflexiones).

2.-Razones Globales

Las razones demográficas, por otra parte, no pueden disociarse y por ello entenderse sin el concepto de la globalización. Un proceso mundial de comunicación e interdependencia entre los diversos mercados y países del mundo, de la que Cataluña no se exime, en el que cabe destacar el hecho tanto que el español representa la segunda lengua internacional más hablada tras el chino (compartida por algo más de 500 millones de habitantes), como la plena actualidad de su vigor por su incontestable estado en continua expansión mundial (de hecho, desde hace un mes China ha acogido por ley el español como segunda lengua obligatoria en su sistema educativo). Lo cual pone de manifiesto el peso relevante que la lengua cervantina tiene a nivel global, y que se evidencia como lengua plenamente viva en las elevadas cuotas de uso del idioma explotadas comercialmente a nivel internacional por redes sociales e industrias audiovisuales, como es el ejemplo de la popular multinacional Netflix donde, como nota de contraste, el catalán solo representa un 0’5 por ciento limitado, a día de hoy, a dos largometrajes, cuatro series en catalán y dos documentales subtitulados.

3.-Razones Políticas

Junto a las razones demográficas y globales, cabe también observar las razones políticas que lastran la consolidación del catalán en su propio territorio natural. En este sentido resaltaría dos fenómenos, uno de carácter normativo y otro de pura praxis social.

Por un lado, los esfuerzos en materia de política de inmersión lingüística del gobierno nacionalista catalán se topan de frente con limitaciones constitucionales (más allá de las propias naturales que presenta el status quo social), derivadas de la realidad política de ser Cataluña una comunidad autónoma que forma parte de un Estado propio como es España, cuna y ente promotor de la lengua española. Lo que a la práctica implica que tanto el catalán como el español son lenguas cooficiales en Cataluña, y que según el propio Estatuto Catalán (como marco jurídico superior regional acorde por supeditado al derecho español), dictamina que los ciudadanos catalanes no solo tienen el derecho y el deber de conocer ambas, sino que no puede haber discriminación por el uso de una u otra lengua. Es por ello que cualquier acción política contraria a dichos preceptos encuentra, como barrera infranqueable, la propia Constitución española.

Mientras que por otro lado, cabe destacar un amplio y transversal movimiento social de rabiosa actualidad contrario al uso deliberado de la lengua catalana en la vida cotidiana (principalmente circunscrito a la Cataluña urbana), como declaración de protesta e insumisión civil tácita contra el independentismo catalán. El cual ha desnaturalizado la lengua, convirtiéndola de facto en un arma política arrojadiza y excluyente por segregacionista de todo aquello que huela a español, en una clara intencionalidad de capitalizarla como estandarte político de un imaginario Estado Catalán (en el que, sea dicho de paso, los españoles son considerados como ciudadanos no solo de segunda, sino inclusive racialmente inferiores). Una acción política muy poco inteligente por parte de los nacionalistas catalanes, pues toda acción tiene, como se puede comprobar, su reacción; circunstancia que ha ido en manifiesto detrimento de un sano y natural bilingüismo que en antaño era norma general entre los ciudadanos de Cataluña.

4.-Razones Gramaticales

Asimismo, una barrera natural de entrada social que tiene a modo de escollo el uso práctico del catalán como lengua, que no se puede obviar, es ciertamente la complejidad de su gramática en oposición a la del español. Pues si bien es cierto que ambas lenguas tienen su origen en el latín vulgar, no es menos cierto que el catalán contemporáneo es una lengua gramatical de tipo arcaizante o menos evolucionada que la lengua española, seguramente derivado de una retroalimentación endogámica fruto de su limitado espacio territorial de desarrollo natural. Ello hace que aun siendo relativamente fácil hablar catalán, no lo es tanto ni mucho menos su escritura por su dificultad gramatical resultante del trabajo de normalización ortográfica que Pompeu Fabra creó en 1913. Lo que provoca en la actualidad que el nivel de suficiencia catalán, conocido en Cataluña como Certificado de nivel C (correspondiente con el quinto de los niveles propuestos por la escala del Marco Europeo común de referencia para las lenguas, MECR, del Consejo de Europa), quede limitado por requerimiento obligatorio de acceso al ámbito de la administración pública catalana, sin que dicho nivel de suficiencia de la lengua haya conseguido sociabilizarse en el ámbito privado de los catalanes, muy a pesar de los esfuerzos realizados desde el propio sistema de educación obligatorio de Cataluña.

5.-Razones Geográficas

E, íntimamente ligado a las razones anteriores, cabe irremediablemente hacer mención a la importante limitación geográfica natural de la lengua catalana, cuya representación demográfica del 0,1 por ciento respecto al total de habitantes del planeta otorgan al catalán un peso idiomático global nulo. Lo que, en términos prácticos, en el contexto de una economía de mercado global, hacen del catalán un idioma carente de interés fuera de los límites de su territorio geográfico, pues fuera de dichos límites el catalán como lengua pierde su condición de herramienta de comunicación interpersonal útil a la par que válida. O, dicho en otras palabras, el catalán puede considerarse, por su limitada influencia idiomática, como una lengua folclórica (en sentido antropológico), como lo es el sorabo en Sajonia (Alemania), el plautdietsch en Siberia (Rusia), el tzeltal en los Altos de Chiapas (México), o el guaraní en Sudamérica (que en número de personas habladas supera ampliamente al catalán), entre otros miles de ejemplos de las más de 7 mil lenguas aún vivas en el planeta con mayor o menor grado de aceptable vitalidad.

Expuestas brevemente estas razones, como positivado racional de las presumibles incógnitas que subyacen en negativo a falta de luz, que pueden ayudar a resolver el por qué de la ecuación errónea de la lengua catalana, lo cierto es que la preocupación del expresidente Pujol sobre la supervivencia del catalán está sobradamente fundada. Dicho lo cual, y con independencia que los ejecutivos nacionalistas catalanes de turno, al amparo de los resortes del poder institucional conquistados, intentan hacer de la lengua catalana un símbolo identitario más para la anhelada instauración de un Estado independiente propio, complementando así tanto el símbolo de la bandera (las cuatro barras rojas y amarillas, emblema de los Reyes de la Corona de Aragón), como el símbolo del himno (“Els Segadors”, cuya letra canta contra el monarca español Felipe IV), y en última instancia el símbolo de una historia catalana milenaria intangible (que en un delirio nacionalista es reinventada por el camino para vergüenza de historiadores propios y ajenos), realmente cabe apuntar que el nivel de ostracismo social en el que actualmente vive la lengua catalana en Cataluña (solo hablada habitualmente por poco más de 2 millones de catalanes de los 7’5 millones totales) representa una devaluación cultural para el patrimonio humanista del conjunto de España. Pues toda lengua, exenta de distorsión política, es un capital del conocimiento humano cuyo valor cultural cabe preservar.

Sí, la lengua catalana no parece pasar por su mejor momento, siendo las razones múltiples como hemos podido repasar. No obstante, en un mundo complejo por global como el presente, no resulta nada inteligente identificar lengua con identidad nacional en un espacio de convivencia pluricultural, pues ello obliga de manera expresa a las personas a posicionarse en un estado de casus belli identitario y, en el proceso, muere el bilingüismo naturalizado por efectos colaterales. Imponiéndose, por fuerza real mayor, la lengua más vigorosa que en este caso no es otra que la de Cervantes, con la venia asegurada entre otros de Ramón Llull, Joanot Martorell o Eugeni d’Ors. A buen entendedor, pocas palabras.