miércoles, 24 de noviembre de 2021

El sistema de la Conjunción humana social

Hoy, a falta de cómo piense mañana, me place reflexionar sobre lo que denomino la Conjunción humana, que no es más que la experiencia coincidente de dos o más personas en alineación con un mismo punto de observación, ya sea éste una idea, un propósito, o una circunstancia. Y si bien damos por hecho que las conjunciones humanas, propias de las relaciones sociales, son de lo más normal por recurrentes en nuestro entorno inmediato, lo cierto es que su naturaleza es profundamente azarosa por el alto número de variables que participan. Es decir, el hecho de que mínimo dos personas con Criterio Propio coincidan sobre un mismo asunto es prácticamente un milagro. Pues para manifestarse la Conjunción humana deben concurrir factores de oportunismo, de significado intelectual, y de sintonía emocional, entre los observadores y entre éstos y el objeto de observación. Supuesto probabilístico que, contrariamente, no es de aplicación a las personas que participan de una mentalidad colectiva sujeta al pensamiento único, por estar exentas justamente de Criterio Propio, y que por tanto descarto en la presente reflexión, ya que en su caso la Conjunción pasa a ser pura concomitancia por formar parte inherente de una misma naturaleza común (más propia de la Paradoja del Cumpleaños).

Así pues, enmarcando la Conjunción humana como experiencia propia de aquel grupo de personas caracterizado por contar con Criterio Propio (dígase la capacidad de juicio y discernimiento derivado de un pensamiento crítico), cabe entender el factor del oportunismo desde la confluencia en un punto espacio-temporal con un sistema de coordenadas exacto y no otro, cabe entender el factor del significado intelectual desde una percepción conceptual por cultural compartida exenta de sesgos cognitivos, y cabe entender el factor de la sintonía emocional desde la convergencia en un mismo grado de desarrollo y nivel de madurez en materia de gestión emocional. Tres factores que, por evidencia empírica estadística, suelen relacionarse bajo la lógica del siguiente trilema:

1.-Dos o más personas comparten la oportunidad de un mismo objeto de observación, pero con diferente significado conceptual.

2.-Dos o más personas comparten un mismo significado conceptual frente a un objeto de observación, pero con desigual sintonía emocional.

3.-Dos o más personas comparten un mismo significado conceptual y sintonía emocional, pero desde una oportunidad divergente frente a un mismo objeto de observación.

Un trilema del que podemos deducir que, por norma general, la aproximación a la naturaleza de la Conjunción humana en potencia suele abocarnos a una sola elección de entre las tres opciones, donde cada opción posible conduce inevitablemente a un resultado distinto del resto. Dado que, tanto los observadores como lo observado mantienen una relación de conocimiento relativa entre sí, por ser sujetos condicionados a sistemas referenciales diferentes por singulares. Una casuística consecuencia directa de un elemento sustancial que subyace en dicho trilema, el cual no es otro que la competencia personal del Criterio Propio del sujeto observador. Es decir, en términos estadísticos es altamente improbable la coincidencia de dos o más observadores con un mismo por alineado significado intelectual y emocional, sobre la base que toda persona es fruto de sus propios determinismos biológicos, culturales y psicológicos individuales. Ya que, en caso contrario, implicaría la coexistencia en un mismo espacio temporal de dos o más observadores con idéntico nivel y ritmo cognitivo de desarrollo evolutivo psicoemocional. Lo que convertiría el trilema en una certeza de proposiciones, donde todas las opciones darían un mismo resultado válido en su suma por iguales (lo cual, a su vez, sería una señal de clara advertencia de desconfianza al ser representativo de una circunstancia susceptible para un espacio del pensamiento único).  

No obstante, si bien la Conjunción humana es altamente improbable, no por ello es imposible. Y aun siendo su expresión más genérica de carácter puntual en referencia a circunstancias concretas tan aleatorias como discontinuas a lo largo de la vida de las personas, cuando surge potencialmente sostenible en el tiempo su manifestación deviene en rasgo característico esencial del concepto de idea que tenemos sobre la amistad y el amor de pareja. Relaciones interpersonales derivadas que, dada su idiosincrasia dentro de la lógica de la Conjunción humana, representan un tesoro inestimable al que velar en medio del océano probabilístico.    

Por otra parte, señalar que la naturaleza esquiva, por estadísticamente remota, de la Conjunción humana cabe entenderla como un signo inequívoco de la salubridad que goza el Criterio Propio en las personas, y más aún si cabe en una sociedad donde impera la estandarización mental en un mal entendido sentido de inclusión colectivo. De hecho, quien vive desde su Criterio Propio no busca intencionadamente la Conjunción humana como principio social, pues sabe que ésta es dada por un sincronismo causal de una vida azarosa por impermanente, y que vivir persiguiéndola es dejar de vivir la vida propia para cederla voluntaria e inconscientemente a terceros. Es por ello que la normalización sociabilizada de la práctica de la Conjunción humana, patente en aquellas personas que alardean de contar con un número significativo de amigos, es un claro reflejo de la carencia de Criterio Propio y, por ende, de falta de madurez personal. Y, en tal caso, ¿qué nivel de dignidad y de libertad humana le queda a una persona sin Criterio Propio?. La pregunta se responde por sí misma. Como reza el refrán, más vale estar solo que mal acompañado. Y bajo esta exigente máxima, pipa en boca, finalizo esta breve reflexión al buen cuidado del Criterio Propio por personal. Consciente que, en materia de Conjunción humana, lo relevante es la calidad y no la cantidad.