sábado, 24 de julio de 2021

¿Avanzamos hacia una sociedad distópica?

Chernóbil
Hace un par de días mi colega Carlos Herreros, Master of Science in Management by London Business School, tuvo la gentileza de enviarme un extracto de su recensión sobre el libro 2030, Viajando hacia el fin del mundo tal y como lo conocemos, de otro ilustre español como es el profesor Mauro Guillén, decano de la Cambridge Judge Business School y miembro del Queen’s College de la Universidad de Cambridge. En su crítica, Herreros recoge los grandes cambios que -en opinión del profesor Guillén-, acontecerán en el mundo dentro del horizonte temporal del año 2030, destacando aspectos claves como la demografía mundial (con el aumento de la población, los flujos migratorios, o el envejecimiento de la pirámide poblacional), el nuevo estatus de la mujer en la sociedad, o el desarrollo orgánico de las grandes ciudades, entre otros temas. 

Lo que particularmente me despertó el interés en la reseña de mi colega cántabro fue el uso que el profesor Guillén hace de los principios de la Generalización Rutinaria y del Paternalismo Libertario (el primero basado en la consecución de la excelencia mediante la confluencia de pequeñas habilidades, y el segundo fundamentado en una intervención fácil y de bajo coste por parte del Estado respecto al ciudadano en oposición directa a medidas reglamentarias, coaccionarias e impositivas, por viciadas), como medio para crear cambios conductuales positivos en las personas tanto a título individual como a título colectivo, con cuya praxis se pretende resolver la incógnita de cómo gestionar eficazmente los retos glocales que la sociedad contemporánea tiene agendados aun sin quererlo. Principios que, sin lugar a dudas, se basan en la democratización y la meritocracia del conocimiento, a la luz de la máxima de la constancia de la fuerza de una gota, y desde la defensa de la libertad proactiva individual en un marco público de tutelaje mínimo.

Si bien la presente reflexión no desea ser una recensión de una recensión, sí que me interesa partir de dicha introducción expuesta, a modo de hilo argumental a hilvanar, para dilucidar sobre una de las grandes preguntas que flotan en el aire en estos tiempos que nos toca protagonizar: ¿caminamos hacia una sociedad distópica?. Está claro que la respuesta es negativa al buen entender del profesor de Cambridge, en su firme y declarada apuesta a favor de la consciencia humanista del hombre medio en materias pendientes de solución tan dispares como la problemática medioambiental, la diferencia generacional, de género e intercontinental, o la brecha de justicia social entre los cada vez más numerosos pobres y el selecto elenco de ricos cada vez más ricos, por poner algunos ejemplos. Una premisa de corte rousseriana, que concibe al hombre como un sujeto bueno por naturaleza, respaldada por acciones humanas concretas de rabiosa actualidad como puedan ser en materia medioambiental la construcción de la mayor planta de captura de CO2 de Europa proyectada en Escocia para 2026, que permitirá contrarrestar las emisiones tóxicas de la industria como actor responsable de la temida capa de ozono que provoca los sufridos estragos del Cambio Climático; o como pueda ser en materia productiva el reciente descubrimiento de las formas tridimensionales de las proteínas (los ladrillos de la vida), que permitirá grandes avances en biomedicina y otras tantas disciplinas con aplicaciones prácticas para beneficio de la humanidad; o como pueda ser, ya en materia de ingeniería social, las acciones en fase de prueba (en diversos países) de la Renta Básica Universal como estrategia imprescindible  para garantizar el Bienestar Social en un mundo tecnologizado con un problema sistémico en el mercado laboral. Acciones, todas ellas y otras muchas más, inspiradas bajo los parámetros rectores de la Generalización Rutinaria y del Paternalismo Libertario.

No obstante, sin necesidad de replicar el buenismo rousseriano del profesor Guillén con argumentos y contra acciones de corte hobbiano -también de rabiosa actualidad-, en el que el hombre se muestra públicamente como un verdadero lobo con el propio hombre, considero que la respuesta a la gran pregunta de si la humanidad se dirige o no hacia un horizonte distópico, solo puede responderse en base a la observación y análisis de dos factores claves:

1.-La Campana de Gauss

En un sistema que requiere analizar un amplio conjunto de grandes valores estadísticos o probabilísticos, como es la evolución de megadatos sociales, económicos, industriales y medioambientales en una línea temporal futurible para la historia humana, la curva en forma de Campana de Gauss o esquema de distribución normal es la opción más adecuada a mi entender. Ya que nos permite representar ciclos y alteraciones globales o en largos periodos de tiempo haciendo posible definir la influencia que un ciclo determinado ejerce sobre otros, determinándonos así la tendencia futura de la curva hacia estadios sociales posibles de fisuras, saturaciones, colapsos, bloqueos, o estabilizaciones, entre otros. O, dicho en otras palabras, la Campana de Gauss -algoritmos mediante- nos puede indicar si los esfuerzos del hombre por contrarrestar un desequilibrio creado por el propio hombre, en cualquier dimensión de nuestra actividad humana, es suficiente en intensidad y capacidad en aras de superar la tercera ley de Newton y, lo más importante, si está dentro del tiempo disponible de reacción o por el contrario nos encontramos ya fuera de tiempo.

Un ejemplo clarificador puede ser, de gran interés en este año 2021 de extremo calor e inundaciones devastadoras en el que el Tiempo se ha vuelto literalmente loco, la lucha reactiva del hombre contemporáneo contra el Cambio Climático generado por las emisiones de CO2 por parte de la industria productiva e intensiva. En este sentido, conocemos que el hombre ha establecido una ofensiva mediante tres medidas estrella: un convenio internacional de reducción de emisiones (Acuerdo de París), el cual ni se cumple ni participan todos los principales países emisores por intereses nacionales; una apuesta energética por las fuentes renovables o limpias en detrimento de los combustibles fósiles, cuya transición es lenta (ralentizada justamente por los lobbies energéticos tradicionales) y costosa por la innovación requerida en materiales de nueva generación; y la creación e implantación industrial de plantas capturadoras de CO2, que además de ser excesivamente gravosas financieramente tan solo pueden alcanzar a absorber entre un 10% y un 20% de las emisiones globales. Tres variables de datos que cruzados con la macro variable de la emisión anual mundial registrada en 2,4 miles de millones de toneladas de CO2 (y en ascenso) nos da como resultado, en un horizonte temporal fijado a finales de siglo, una intuitiva curva medioambiental de Gauss colapsada para perdición de nuestra especie. Una proyección sobre la incapacidad reactiva del hombre en su lucha contra el Cambio Climático que ya hace años está siendo clamada en el desierto por la comunidad científica, a la vista de las contra medidas aplicadas, augurando un calentamiento global catastrófico, con una subida de temperaturas de más de 3 grados en las próximas décadas, que amenaza seriamente la vida conocida en nuestro planeta.

2.-La Inteligencia Artificial

No obstante, a nadie se le escapa en la actual Cuarta Era de la Revolución Industrial, que una de las variables imprescindibles a tener en cuenta en toda curva de Gauss es la Inteligencia Artificial, por su alta capacidad de alterar un ciclo social sistémico y determinar su tendencia futura en uno u otro sentido. Pues si algo representa la Inteligencia Artificial es justamente su potencialidad en generar nuevos e inimaginables espacios disruptivos, innovación mediante, y a una velocidad manifiesta propia de dioses. De hecho, la capacidad de autoaprendizaje de la Inteligencia Artificial permite avanzar a la ciencia en un fin de semana, lo que la mente humana tardaría en alcanzar en años, décadas o siglos. Por lo que, retomando el ejemplo de las acciones del hombre por afrontar contra reloj el Cambio Climático, quien sabe si la Inteligencia Artificial podrá ofrecernos una medida de salvaguarda global, en forma de nuevas soluciones técnicas o neomateriales, que nos permita salvar al planeta en tiempo de prórroga.

Pero la Inteligencia Artificial, como ya apunté en anteriores reflexiones (Ver: Robología/Roboética en la Guía Temática Filosófica del Vademécum del Ser Humano), tiene sus sombras pendientes de disipar propias, no solo del posible uso partidista de dicho recurso tecnológico a explotar por parte de grandes corporaciones -como medio de control de masas en unas sociedades tecnológicas como las nuestras estructuradas sobre la economía de Mercado-, sino inclusive derivado de la propia evolución autónoma de los entes de Inteligencia Artificial a espaldas de la voluntad y el libre albedrío del hombre. En este sentido, la Inteligencia Artificial deviene de facto en una variable clave por determinista para ciertas curvas gaussinianas de la actividad humana, pudiendo ofrecer fácilmente proyecciones de escenarios sociales futuribles distópicos caracterizados por la ausencia de los principios de libertad y de igualdad de oportunidades (justicia social).

Expuesto lo cual, ciertamente no se puede responder a la gran pregunta de si avanzamos o no hacia una sociedad distópica con una línea temporal a menos de diez años vista, como puede ser el caso del libro 2030, Viajando hacia el fin del mundo tal y como lo conocemos, por imposibilidad de hacer una proyección sólida en la Campana de Gauss mediante variables cuya evolución natural superan dicha franja temporal. Y siendo conscientes que principios como el de la Generalización Rutinaria y del Paternalismo Libertario no son más que valores complementarios, y por tanto no concluyentes, a tener en cuenta en el análisis del ciclo humano concreto objeto de estudio. Pues en caso contrario seria tal como afirmar que las contra medidas humanas para afrontar el Cambio Climático son, a día de hoy, suficientes para su buena resolución por estar amparadas bajo los preceptos de la Generalización Rutinaria y del Paternalismo Libertario. Y ya sabemos, a la luz de los datos expuestos, que por desgracia no es el caso.

No obstante y a modo conclusivo, a la vista de los alarmantes niveles globales de desequilibrios sociales y degradación medioambiental, quizás la pregunta pertinente no es si avanzamos hacia una sociedad distópica (en términos humanistas y exentos del condicionante de la ciencia ficción), sino qué acciones debemos tomar para no cronificar y aumentar la distopía actual.