sábado, 19 de junio de 2021

Solo se vence convenciendo, y solo se convence educando

Que vencer no es convencer, ya lo dijo el controvertido escritor y filósofo español Unamuno en octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. De hecho, vencer como verbo con significado de ganador en una lucha en términos de ciencias políticas es, a día de hoy, un ostracismo social no por voluntad popular sino por imposición de los equilibrios de los poderes dominantes. Es decir, desde un punto de vista social ya no existe la victoria fuerza mediante, a la vieja usanza de las revueltas populares, frente a un Mercado omnipotente que ostenta el poder político real, el cual no es otro que aquel que se vertebra sobre el dinero como bien preciado en las sociedades capitalistas actuales. Tanto es así que cualquier empresa ciudadana que se precie que busque un cambio social disruptivo está condenada a la gestión de la frustración.

A día de hoy, muy que nos pese, el mundo está atado y muy atado por los designios de una clase social pudiente que concentra en un puñado de manos los recursos naturales, financieros y de comunicación masiva de nuestro pequeño planeta azul. Y que, aún más, controla y gestiona a antojo los gustos, prioridades y hábitos de consumo de los ciudadanos en calidad de consumidores globales imbuidos, por no decir hipnotizados, en una delirante filosofía de vida hedonista cuyo cordón umbilical es de naturaleza digital.

Es por ello que, en los tiempos que corren, el verbo vencer queda irremediablemente redefinido como aquella capacidad de implementar con éxito una corriente de pensamiento en el conjunto de la sociedad mediante la consecución de una masa crítica social necesaria, proceso en la que los ciudadanos se adhieren por convencimiento propio y progresivo. O, dicho en otras palabras, en la sociedad contemporánea los movimientos sociales de los ciudadanos de a pie, que mayoritariamente subsisten por rentas de trabajo, solo pueden vencer convenciendo.    

De lo que se deduce la segunda parte del desarrollo de la presente reflexión: para convencer se requiere que las personas se adhieran a una línea de pensamiento, y que por tanto actúen en consecuencia modificando sus hábitos y costumbres, mediante la argumentación racional que se viabiliza a través de la educación social. Ciertamente, dicha práctica de convencimiento social por argumentación racional puede ser utilizada de manera engañosa y torticera por manipulación deliberada sobre un área concreta de conocimiento, como es el caso de los lobbies de la industria de la alimentación respecto a la salubridad de ciertos productos concebidos como alimentos (cuando no lo son, por no cumplir las funciones nutritivas necesarias para el sustento vital de nuestro organismo), mediante el uso de un etiquetado y una publicidad fraudulenta, por poner un ejemplo de rabiosa actualidad diaria, como muy bien divulga con maestría pedagógica mi mujer Teresa en su cuenta de Instagram @disfruta.viviendo.sano . No obstante, en esta reflexión deseo centrarme en el concepto y la capacidad de convencer, por parte de movimientos ciudadanos, mediante una argumentación racional a la luz de la verdad objetiva stricto sensu.

En este sentido, vencer por convencimiento a través de una argumentación racional como base para una educación social significa, en resumidas cuentas y en mayúsculas, Educar. Una acción que en su substancia estructural cuenta con cuatro factores claves: El factor de la Ética, pues no existe educación sin valores morales; el factor de la Transformación, pues toda educación persigue la transformación del intelecto colectivo y por extensión de los hábitos conductuales; el factor de la Sociabilización, ya que dicha transformación mental y conductual equivale a implementar y transmitir una cultura social; y el factor del Espacio-Tiempo, ya que una educación efectiva requiere de un continuo temporal capaz de sobrepasar el umbral espacial intergeneracional para poder consolidarse.

Así pues, si buscamos vencer socialmente debemos convencer a través de una educación basada en la ética, la transformación y la sociabilización en un proceso sostenido en el tiempo. Pues, como reza el refrán, Roma no se construyó en un solo día (frase atribuida, sea dicho de paso, a un clérigo belga del siglo XII). Es decir, solo se vence educando. Una ardua a la par que apasionante empresa para la que se requieren dotes tanto de compromiso y persistencia como de paciencia, aunque estas son harinas de otro costal que se venden caras en la sociedad actual de la cultura del microondas. Nihil novum sub sole. Aunque, libertas capitur, sapere aude.