martes, 4 de mayo de 2021

Las tres Leyes (a establecer) del Omniverso

Es un hecho: el hombre -y con él la realidad que conocemos desde hace milenios-, va a ser engullida por la realidad virtual que él mismo está creando.

Aún recuerdo el revuelo mundial ocasionado por la fiebre de la caza, en el mundo real, de personajes irreales como los Pokémon (ver: Y la realidad se hizo videojuego…, como proceso en la evolución del ser humano). Y tras casi cinco años transcurridos, equiparable a un cerrar y abrir de ojos, ahora ya estamos hablando no solo de competiciones deportivas de realidad aumentada, como es el caso de Hado donde los participantes juegan por equipos con bolas y escudos de energía virtuales en una cancha real, sino que incluso contamos con Omniversos, que son -para desconocimiento de la mayoría de la población- universos paralelos al nuestro formados por mundos virtuales interconectados en los que los seres humanos pueden vivir como si fueran real, y desde los cuales las empresas multinacionales ya operan a día de hoy para ahorrar miles de millones de dólares, como es el caso de BMW. Un nuevo mundo virtual que convierte la ciencia ficción en real que, sin lugar a dudas, va a protagonizar en un futuro inminente un salto cualitativo desde el momento en que la interfaz cerebro humano-máquina de compañía Neuralink (que conecta directamente la mente humana a internet a través de un dispositivo insertado en el cerebro), se comercialice para el gran público como producto de consumo de ocio (Ver: La Neurotecnología, el paso del Hombre libre a un Posthumano mentalmente controlado).

Sí, los Omniversos o Metaversos, han llegado para quedarse. Realidades gemelas o mundos espejo caracterizados por ser Interactivos (las personas se comunican entre sí e interactúan con el mismo Omniverso, ejerciendo influencia sobre dicha realidad virtual), por ser Corpóreos (se accede al Omniverso en primera persona y está sujeto a ciertas leyes de la física), y por ser Persistentes (aunque la persona salga del Omniverso, éste sigue funcionando y evolucionando de manera independiente). Y ello sin contar con que los Omniversos, en su fugaz evolución disruptiva que deja rezagado al más aplicado, van a beneficiarse en breve del último avance tecnológico: cerebros electrónicos que aprenden como el cerebro humano gracias a sinapsis neuronales artificiales. Expuesto lo cual, no es de extrañar que haya quienes mantengan la hipótesis de que los seres humanos vivimos en un universo simulado, tema al que ya me referí en un análisis reflexivo anterior bajo el título de “¿Somos avatares de un Universo Simulado?”.

Llegados a este punto, recapitulemos a modo de Teorema:

-Premisa 1: El ser humano crea una realidad alternativa a la natural de carácter virtual.

-Premisa 2: La realidad virtual mejora la realidad natural para beneficio evolutivo del ser humano.

-Premisa 3: El ser humano se interconecta cerebralmente a la realidad virtual para evolucionar como especie individual y social.

-Conclusión: La realidad virtual absorbe y cocrea al ser humano independientemente a la realidad natural.

Ciertamente, hace ya tiempo que el hombre dejó de evolucionar biológicamente a diferencia del resto de especies animales, para evolucionar culturalmente en una segunda fase a través de la gestión del conocimiento tecnológico (Ver: Somos seres tecnológicos cuya evolución se basa en el conocimiento). Pero la irrupción del Omniverso, y con él el Transhumanismo derivado [ver: El Transhumanismo, el lobo (del Mercado)con piel de cordero], ha desencadenado que el hombre se vea lanzado a una tercera fase evolutiva de naturaleza virtual. La diferencia entre estas fases, más allá del tándem realidad-virtualidad, radica en que si bien en las anteriores el hombre mantenía un cierto grado de control substancial sobre su entorno y su propia existencia, en la incipiente tercera fase virtual el hombre dejará de ostentar dicho control tanto objetiva como subjetivamente, tal y como se concluye en el teorema anteriormente enunciado, por simple proceso de fagotización. O, ¿acaso se puede establecer un estatus de control a título individual en un sistema de realidad virtual creado por terceros, en el cual el hombre acabará interconectado cerebralmente como si de un cordón umbilical neuronal de dependencia vital se tratase?.

No cabe decir que siendo la lógica del Omniverso la creación de una realidad alternativa más eficiente, dentro de una economía de mercado como hábitat instaurado para el desarrollo del hombre como ser animal y social, en breve podremos ser testigos de Metaversos escalables para cualquier ámbito de la vida humana, educación incluida (Ver: La educación online del futuro, ¿enseñar o adoctrinar?). Un futurible en el que el ser humano (o mejor dicho posthumano) puede llegar a ser peligrosamente moldeado incluso desde el momento incluso anterior a su propia gestación, bajo criterios de eficiencia productiva y de eficacia social, por los principios rectores del Omniverso. Es decir, el Omniverso creará al nuevo ser humano, o tipos de familia de seres humanos prestablecidos según su rol social impuesto, y no a la inversa. (Ver: La gestión emocional del futuro será tratada con manipulación genética).

A todas luces, el horizonte se nos presenta, a ojos de cualquier humanista, como distópico, aunque seguramente se llegue a percibir como una realidad normalizada para futuras nuevas generaciones sin más referencias existenciales que el nuevo paradigma social en el que estarán inmersos. Una sociedad futura en la que conceptos como Democracia, Igualdad de Oportunidades, Justicia Social, o Libertad, por poner algunos ejemplos, sin lugar a dudas se verán profundamente redefinidos por devaluados para beneficio partidista del Omniverso. No me cabe ni la más mínima duda, si no quiero pecar de ingenuo.

Es por ello que frente a una nueva realidad que inexorablemente se aproxima con progresivo paso tan firme como acelerado, cabe plantear ahora, antes de que sea tarde, unos inviolables principios de Ética Social, como complemento a las famosas tres leyes de la Robótica de Isaac Asimov (ya superadas por el mundo virtual, pues la realidad supera a la ficción), que velen por los rasgos inherentes que conforman la naturaleza esencial humana como son la consciencia, el pensamiento crítico, la independencia emocional y el libre albedrío, frente a un Omniverso futuro que en su vocación omnipresente se verá tentado por naturaleza propia a controlarlo todo, inclusive la capacidad cognitiva y la dimensión psicoemocional de los individuos que conforman la mentalidad colectiva.

Permítaseme, en un pequeño arranque de cándido delirio, formular dichos principios Éticos bajo la nomenclatura de las tres Leyes a establecer del Omniverso:

-Primera Ley:  Un Omniverso no atentará, ni por acción o inacción, contra la Consciencia y el Libre Albedrío de un ser humano.

-Segunda Ley: Un Omniverso debe respetar la integridad de la Independencia Emocional y el Pensamiento Crítico de un ser humano, a excepción cuando entre en conflicto con la primera ley.

-Tercera Ley: Un Omniverso debe proteger su propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto con la primera y la segunda ley.

Expuesto lo cual, soy plenamente consciente que esta proclama no es más que un brindis al sol, pues el Omniverso no surge por creación espontánea sino por intereses de los Señores del Mercado (la Dictadura global que gobierna sobre de los Estados locales). Y que la ceguera y parálisis ignominiosa de la clase política como garantes de nuestros derechos civiles y sociales, junto al imperio de una cultura hedonista socialmente integrada, nos abocará al efecto del síndrome de la rana hervida para gran parte de la ciudadanía de este planeta. O, dicho en otras palabras, el ciudadano medio será absorbido por el Omniverso de manera progresiva y sin percatarse de ello hasta la plena consumación del control sobre su propia mismidad.

Gracia mediante, servidor nació en el siglo pasado, y a mi casi medio siglo de vida a la espalda, espero por pura aritmética no formar parte de la cosecha del Omniverso. Y, en caso contrario, pipa humeante en boca, resistiré con todas mis fuerzas en el ostracismo de la realidad natural alegando incapacidad por edad. Como dijo el César: alea iacta est.