sábado, 29 de mayo de 2021

Busquemos la sincronización, en una sociedad desincronizada

Hace un par de días asistí a un concierto en la inigualable por bella bombonera modernista del Palau de la Música de Barcelona, donde no solo disfruté sensitivamente de todos y cada uno de los componentes de la plantilla instrumental, sino que asimismo pude gozar intelectualmente de la sincronización como concepto de la misma. De hecho, reconozco que desde bien joven siento una atracción casi idealizada por el proceso de la sincronización, tal es así que entre todos los relojes -máximos exponentes de la sincronicidad mundana- me decanto por aquellos denominados skeletons que me permiten ver a simple vista el ajuste perfecto del funcionamiento de sus pequeñas entrañas mecánicas al descubierto. Y es justamente por ello que, a día de hoy, sobre la mesa del despacho desde donde escribo la presente reflexión, dispongo de un ejemplar de skeleton de cuerda al cual me gusta fijar la mirada periódicamente, pues el continuo movimiento de su exacto orden predefinido me evoca, a la vez que me embriaga, de una cierta sensación de placentera paz atemporal anhelada, casi de naturaleza apriorística a todo lo existente, en medio de este ruidoso y caótico mundo de los hombres. 

Sí, hoy es uno de aquellos días en que mi mente requiere paz, por lo que me obligo a retirarme momentáneamente de la agotadora batalla productiva sin fin en pos de garantizar la subsistencia de una vida digna, para sumergirme pipa humeante en boca en la relajante práctica reflexiva en este caso de la sincronización. La cual no debe confundirse con la sincronicidad, pues mientras la primera se refiere a la simultaneidad de dos sucesos vinculados en sentido causal, la segunda es en sentido acausal o azaroso en el que entra en juego la discutible variable llamada Destino (Ver: ¿Existe el Destino o es otra cosa?). Y sobre la causalidad o naturaleza de las causas, y sus consiguientes consecuencias, decir como aviso introductorio a argonautas que no voy a entrar en materia por haberla tratado con anterioridad en la reflexión bajo título: “Las Consecuencias, la primera parada del Ulises moderno en su viaje personal”. Asimismo apuntar, sea dicho de paso, que tampoco pretendo tratar la sincronización desde un enfoque estadístico, ni determinista, ni epistemológico, ni propio de las ciencias naturales y físicas inclusive, sino única y exclusivamente como vehículo de transcendencia para el propio hombre. 

Y es que en verdad la sincronización trasciende al ser humano desde el mismo momento en que su fenomenología genera, como entidad estructural esencial, tres de los grandes principios rectores sobre los que se inspira la humanidad: equilibrio, orden y belleza. Los cuales son partes substanciales de la paz individual y social, es decir que afectan tanto sobre la dimensión pacificadora intimista como sociológica. Pues la sincronización es el equilibrio espacio-temporal de acciones o eventos,  a su vez que deviene un sistema de orden preestablecido de los mismos, e igualmente proyecta belleza porque dichos equilibrio y orden generan un estado de armonía psicoemocional perceptible para la naturaleza humana. (Ver: La Belleza es la percepción, la estética y el placer del equilibrio geométrico de la Vida). Vectores que en suma constituyen, sin lugar a dudas, la paz como estado de consciencia individual y colectiva, ya que la idea de paz se fundamenta sobre la tranquilidad del equilibrio, la confianza del orden, y la armonía de la belleza.

Pero lo más relevante a destacar es que la sincronización, como entidad natural o artificial, trasciende al ser humano a título individual desde el momento en que facilita al hombre el acceso al sentido de utilidad existencial, pues en un mundo sincronizado ideal todas y cada una de las personas conocen y ejercen su misión de vida particular -a imagen y semejanza de los miembros que componen una orquesta sinfónica-, a la luz del desarrollo de sus propias habilidades innatas como medio para alcanzar la inestimable autorrealización personal. Pero, como reverso de una misma moneda, resulta ciertamente diáfano el hecho de que no puede haber trascendencia individual en la sincronización, sin la coexistencia de ésta en el ámbito social, ya que individuo y sociedad son una misma entidad indisoluble por ser el hombre un ser social. Así pues, ¿cómo crear una sociedad sincronizada que vele por los valores vertebradores del equilibrio, el orden y la belleza, y por consiguiente la paz resultante, para con sus miembros?

Un dilema que con maestría recoge el denominado Problema de la Cena de los Filósofos, una cuestión de sincronización de procesos en un sistema operativo stricto sensu, cuyo enunciado plantea a un grupo de comensales en una misma mesa redonda que si bien requieren cada uno de ellos de dos tenedores para poder cenar tan solo disponen de uno a sus izquierdas respectivas, lo que les obliga a buscar una solución sincronizada entre todos para que nadie se muera de hambre. Es decir, nos encontramos, en resumidas cuentas, ante un problema de gestión y redistribución de recursos comunes. Un problema que fácilmente puede resolver un niño con inteligencia media en edad escolar dando múltiples opciones posibles (uso del tenedor por turnos, por método de cola de tenedores, por limitación temporal  y rotativa de aforo de comensales, etc), pero que obviamente requiere, para que se cumpla la sincronización en dicho proceso que permita cenar a todos los comensales, del preestablecimiento de unas normas de uso y funcionamiento comunes regidas por el Principio de Equidad (el cual posibilita la igualdad de oportunidades sin que nadie salga perjudicado o, en este caso en particular, sin que ningún comensal se quede sin cenar). Un Principio cuya responsabilidad para su buena aplicación, como es entendible en el contexto de las sociedades modernas, recae en la figura del Estado, y con más énfasis si cabe en el Estado de Bienestar Social. Aunque ya sabemos que a éste, en lo que a velar por el Principio de Equidad se refiere, a estas alturas ni está por la labor ni se le espera, siendo cómplice -por omisión del ejercicio debido- de una sociedad en la que unos pocos acumulan todos los tenedores y otros muchos no tienen ni posibilidad de sentarse siquiera en la mesa. Por lo que, a modo de moraleja, queda claro que sin una sociedad sincronizada es improbable encontrar individuos sincronizados. Y aún más, cabe entender que un hombre desincronizado socialmente es equiparable a una hormiga sin antenas que deambula sin rumbo ni sentido vital.

No obstante lo expuesto, no es menos cierto que si bien el hombre es un ser social, con todo lo que ello implica, ilustración mediante tiene la capacidad suficiente para trascenderse personalmente como ser humano a espaldas de un modelo de organización social excluyente por desincronizado. O, dicho en otras palabras, la grandeza del hombre radica en su propia capacidad psicoemocional consciente de crear una realidad íntima sincronizada, no por ello exenta de esfuerzo, regida por el equilibrio, el orden y la belleza, que tienen como premio la anhelada paz interior. Es por ello que, frente a una sociedad desincronizada, solo cabe por instinto de supervivencia el camino de la sincronización personal.    

 

sábado, 15 de mayo de 2021

El hombre juega a los dados creando materia del Vacío

Hace unos días atrás leí la noticia de que la comunidad científica de China está a un paso de crear materia del Vacío, gracias a la creación de un potente laser con una potencia 10.000 veces superior a la de todas las redes eléctricas del mundo combinadas y con una intensidad 10 billones de veces superior a la de la luz solar. El supuesto teórico es sencillo de explicar: se considera que el Vacío, o la Nada como mejor la describimos, en realidad no está vacío sino compuesto de partículas de materia y antimateria que se aniquilan entre sí tan pronto se forman, pero que intervención mediante de un láser (luz amplificada por emisión estimulada de radiación) puede intervenir en dicha aniquilación separando la materia y la antimateria antes de que colisionen entre sí (lo que en física se conoce como “romper el vacío”), permitiendo que generen nuevas partículas y energía (más electrones y positrones) que pueden detectarse como materia visible llegado a un punto crítico de volumen. Un proceso idéntico, supuestamente, al que dio paso al origen del Universo.

No cabe decir que dicha noticia me suscitó, a la par, tanto un profundo sentimiento de curiosidad y de admiración, como me incitó a plantearme preguntas de carácter filosófico en materia tanto metafísica, como ontológica y epistemológica, así como propios de la moral misma, cuya deducción expondré de manera sintetizada a la luz de la lógica de los axiomas (con múltiples proposiciones conclusivas). Veamos a modo de entretenimiento:

1.-El Vacío es el alfa y la omega de la Vida

1.1.-Si la materia surge del Vacío, el Vacío es la cuna del Universo. O, en términos teológicos, el Vacío es Dios.

(Proposición que ya desarrollé con anterioridad en la reflexión bajo título: “¿Y si es la oscuridad, y no la luz, el origen de la vida? Entonces, ¿Dios es oscuridad?”)

1.2.-Si el Vacío contiene en equilibrio neutro las energías primogénitas creadoras y destructoras del Universo, en tanto y cuanto contiene y anula las fuerzas de la materia y la antimateria, el Vacío es el origen de las fuerzas positivas y negativas del cosmos, conceptualizadas por el hombre como el Bien y el Mal.

1.3.-Si el Vacío es el origen de la materia, y la materia se rige por las leyes de la física y las matemáticas, la esencia última o arjé del Vacío es física y matemática. Lo que equivale a que Dios es de naturaleza física y matemática.

2.-La Vida es Luz

2.1.-Si la Luz puede arrancar partículas de materia del Vacío, la Luz es la chispa generadora de la materia. Pero aún más, si la Vida está compuesta de materia (energía), la Luz obviamente es Vida.

2.2.-Si la materia surge de un Vacío cuya esencia última es física y matemática, y la Luz genera la materia, la Luz permite y transporta información física y matemática.

2.3.-Si el hombre es materia, la cual es generada por la Luz que conduce información física y matemática de la energía, el hombre es una unidad de transporte de la energía primogénita.

(Proposición que ya desarrollé con anterioridad en la reflexión bajo título: “¿Y si el ser humano solo fuera una unidad de transporte de información de la Energía?”)

3.-El origen de las Ideas Apriorísticas del hombre es el Vacío

3.1.-Si el Vacío es el origen del Todo, que incluye la realidad existente y con ella al propio hombre, el Todo creado y existente contiene como estructura apriorística de conocimiento la naturaleza física y matemática del Vacío a la que llamamos ciencia.

3.2-Si el Vacío es el origen de las fuerzas creadoras positivas y destructoras negativas del cosmos, y el Todo contiene por naturaleza consustancial la estructura apriorística del Vacío, los valores morales conceptuales del Bien y del Mal del hombre son Ideas Apriorísticas que tiene como origen la esencia del Vacío.

3.3.-Si el hombre como ser pensante y sintiente tiene Ideas Apriorísticas sobre los valores de la Vida (moral) y los componentes fundamentales del Universo (ciencia), y el hombre como materia viviente procede de la cuna del Vacío, las Ideas Apriorísticas morales y científicas del hombre tienen su origen en la estructura apriorística del Vacío.

Expuesto lo cual, y retomando el hilo conductor inicial del avance científico chino sobre la posible creación de materia desde el Vacío, la pregunta pertinente de carácter más terrenal no puede ser otra que aquella que se formula como sigue: ¿qué representa el hecho que el hombre pueda crear materia de la nada?

Lo que está claro es que dicho descubrimiento nos sitúa a las puertas de un nuevo mundo de la física por descubrir de dimensiones aun inimaginables, por altamente potenciales en su suma de futuros posibles múltiples, que tiene como protagonista una nueva ciencia de la luz denominada fotónica nuclear. Tema al que ya me referí con anterioridad en la reflexión bajo título: “La Luz, la nueva tecnología del futuro de la humanidad”.

No obstante, lo que está claro es que si bien el hombre comenzó a culturalizar la naturaleza para uso agrario o estético como es el caso de la jardinería, para dar paso a la culturalización de la vida misma a través de la epigenética o manipulación genética de las especies (aun en vías de desarrollo), ahora nos encaminamos a una tercera fase de culturalización del propio Universo mediante la posibilidad de crear materia y antimateria de la nada a voluntad propia, que se dice pronto. Quien sabe, quizás el hombre acabe por crear mini universos en un futuro lejano como medio de explotación productiva, si es que antes no hemos provocado nuestra propia extinción quizás por simple error humano en una fatídica evaluación de riesgos.

De momento, y desde mi caverna del filósofo efímero (pues el despacho en el que escribo es un poco oscuro por el infortunio de dos lámparas inoportunamente fundidas), pipa humeante en boca y regusto de café en paladar, solo puedo, en un sábado ocioso como el de hoy, celebrar el último hito acontecido de los chinos hace tan solo unas horas tras conseguir posar un vehículo explorador en Marte en su primera misión, a la vez que no puedo dejar de preocuparme por las consecuencias que sufre la estratosfera terrestre (que nos protege de la radiación ultravioleta del sol) al disminuir en más de diez metros de grosor al año a causa del cambio climático, lo cual nos puede abocar a un colapso medioambiental inminente e irreversible en la actual era del Antropoceno. Quien sabe, quizás este pudiera ser un nuevo tema de futura reflexión para un humilde filósofo que únicamente puede desde su impotencia más que filosofar, mientras otros hombres juegan a ser dios con los dados. Carpe diem!


domingo, 9 de mayo de 2021

USA y FMI se convierten al comunismo, mientras yo me declaro políticamente senoidal

Colas del Hambre. España, 2021
Ciertamente, el Estado de Bienestar Social que caracteriza a las democracias de la antigua Europa, y que permite teóricamente que sus ciudadanos tengan garantizados los derechos sociales tales como la educación, la sanidad, el trabajo, la vivienda o la alimentación, principalmente, para el desarrollo de una vida digna de toda persona, se fundamenta sobre el principio de la Justicia Fiscal, cuyo instrumento económico-político no es otro que la redistribución de las rentas de un país. Tanto es así que, poniendo como ejemplo la Constitución Española en un barrer para casa, decreta en su artículo 31.1 lo que sigue: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio” (sic). Un deber redistributivo de las rentas, todo sea dicho de paso, que justamente en el caso español se sitúa entre los más bajos de la Unión Europea, llegando a ocupar la última posición de la zona euro en cuanto a prestaciones específicamente se refiere de garantías de mínimos (díganse: familia, exclusión social, educación y vivienda).

Si bien, como se ha expuesto, la Justicia Fiscal es un elemento inherente a las democracias europeas por ser consustancial al Estado de Bienestar Social, es una flagrante evidencia la actual brecha de desigualdad social existente entre ricos y pobres en nuestra sociedad (llevando incluso a la extinción de la antigua clase media emprendedora), cuya sangría contemporánea se inició con la Gran Crisis del 2008 y que actualmente se ha agudizado con la pandemia del Covid. Frente a esta realidad, la pregunta pertinente que uno se plantea no es otra que ¿cómo es posible la coexistencia de una abismal desigualdad social en un Estado benefactor inspirado y regulado desde la Justicia Fiscal?.

La respuesta a dicho dilema, cuya desvergüenza por osado planteamiento ya parece de por sí un absurdo, lo debemos encontrar en factores sociológicos de rabiosa actualidad, y más concretamente en materia de cultura ideológica o política social. En este sentido, no hay que ser un genio para observar cómo la poderosa influencia de la filosofía de vida capitalista, vertebradora de la economía de mercado occidental instrumentalizada a través de la cultura de libre consumo, ha conseguido corromper y falsear el principio democrático de redistribución de las rentas convirtiéndolo en una proclama de corte comunista para percepción de la mayoría de ciudadanos occidentales, complicidad mediante de una clase política garante de la res publica vendida a los designios del Mercado. De hecho, es una triste realidad comprobar como aquellos atrevidos insensatos que hoy en día enarbolan la bandera de la Justicia Fiscal como medio para alcanzar la Justicia Social, o al menos para salvaguardar el maltrecho Estado de Bienestar Social, son tachados y menospreciados por la vox populi de la masa inculta como comunistas en su más amplio sentido peyorativo, o en su defecto como vagos y maleantes inclusive.

Qué decir que a los susodichos doctos inquisidores desilustrados que plantan batalla contra todo lo que huele, sabe y se asemeja a Justicia Fiscal, solo apuntarles -a título recordatorio- que uno de los padres insignes del Capitalismo como era Keynes ya proponía a principios del siglo XX redistribuir parte de los ingresos de los ricos entre los pobres, pues consideraba que un aumento del consumo eleva la producción e impulsa el crecimiento económico. O, dicho en otras palabras, Keynes creía firmemente que una mayor distribución del ingreso nacional lleva a un mayor crecimiento para el conjunto de la sociedad.

De hecho, entidades poco sospechosas de anticapitalistas como el terrible Fondo Monetario Internacional (FMI) y el propio Gobierno de Estados Unidos de la Administración Biden garante de las libertades individuales, acaban de manifestar hace unas pocas semanas atrás su firme intención de subir los impuestos a los más ricos para sufragar el coste del Estado Social, siendo la propuesta norteamericana de gravar las rentas de capital de los ricos por encima del 40%. Es decir, USA y el FMI se han convertido de la noche a la mañana en comunistas declarados para escándalo de muchos demócratas capitalistas incultos. Y, por si fuera poco y siguiendo en la misma línea, el mismísimo gobierno norteamericano acaba de plantear hace un par de días, como es bien conocido por todos, la liberación de las patentes de las vacunas contra el Covid para garantizar un acceso equitativo y universal de las mismas para toda la humanidad, velando así por el principio de Justicia Social. Medida a la que, paradójicamente, se oponen la Francia de la Liberté, Égalité, Fraternité del socialista Macron, y la Alemania Demócrata Cristiana de Merkel, cabezas ambos motores de la milenaria Europa cuna de la Democracia, del Humanismo ilustrado, y de los Derechos Fundamentales del Hombre. El mundo al revés, como se puede observar.

No obstante, en este enredado juego de posiciones ideológicas, donde los idearios de origen parecen incluso difuminarse en un acto de transformismo para despiste de propios y ajenos, podemos agrupar las diversas familias políticas que componen el orbe democrático occidental en dos polos complementarios que no opuestos de una misma naturaleza política: el pensamiento social democrático y el pensamiento liberal, cuya diferencia radica en el tamaño de la sombra alargada del poder del Estado Democrático en el marco de una economía capitalista. Apostillando a lateral de página que los ultraliberales, en contra de lo que se puede creer, no son una corriente política sino económica stricto sensu que operan como verdaderos lobbys del Mercado.

Y en este juego del trile, donde la bolita ideológica se mueve entre diversos cubiletes políticos sobre el tablero democrático, servidor se declara políticamente senoidal. Pues no me sonrojo al afirmar que alterno entre los polos de la socialdemocracia y el liberalismo a través de un tiempo democrático continuamente variable como es el Estado de Bienestar Social. O, ¿acaso no se puede ser social democrático para unos temas y liberal para otros? Y más en una sociedad tan compleja como la actual. Consciente que habrá quienes, de mentalidad tan simple como obtusa, consideren esta posición político vital como incoherente. A estos puritanos, tan solo dejarles a desarrollar un axioma para su entretenimiento, si es que se precian: no hay nada más incoherente bajo postulados puritanistas que el comunismo capitalista de la primera potencia económica mundial como es China.

Dicho lo cual, en el contexto presente de una gran desigualdad social entre pobres y ricos, donde los pobres no tienen garantizada una vida digna al no poder acceder a los mínimos vitales para su subsistencia (como es trabajo, vivienda, alimentación e incluso educación universitaria), me declaro socialdemócrata respecto a la redistribución de las rentas como medio necesario para alcanzar la tan anhelada Justicia Social, el cual es un valor profundamente humanista. Es decir, me reafirmo tan comunista como Keynes, el FMI o la Administración norteamericana de Biden.

Y tras el presente alegato, a aquellos que aun persisten en señalarnos como comunistas invitarles a que vuelvan a escolarizarse para beneficio de una sociedad más ilustrada, ¡por favor!, así como reclamar a nuestros representantes políticos a que abandonen la inopia de su gobernanza para apostar, de manera firme y decidida, por la urgente salvaguarda de dos de los principios rectores de la Democracia como son la Igualdad de Oportunidades y la Justicia Social. Dixi!


martes, 4 de mayo de 2021

Las tres Leyes (a establecer) del Omniverso

Es un hecho: el hombre -y con él la realidad que conocemos desde hace milenios-, va a ser engullida por la realidad virtual que él mismo está creando.

Aún recuerdo el revuelo mundial ocasionado por la fiebre de la caza, en el mundo real, de personajes irreales como los Pokémon (ver: Y la realidad se hizo videojuego…, como proceso en la evolución del ser humano). Y tras casi cinco años transcurridos, equiparable a un cerrar y abrir de ojos, ahora ya estamos hablando no solo de competiciones deportivas de realidad aumentada, como es el caso de Hado donde los participantes juegan por equipos con bolas y escudos de energía virtuales en una cancha real, sino que incluso contamos con Omniversos, que son -para desconocimiento de la mayoría de la población- universos paralelos al nuestro formados por mundos virtuales interconectados en los que los seres humanos pueden vivir como si fueran real, y desde los cuales las empresas multinacionales ya operan a día de hoy para ahorrar miles de millones de dólares, como es el caso de BMW. Un nuevo mundo virtual que convierte la ciencia ficción en real que, sin lugar a dudas, va a protagonizar en un futuro inminente un salto cualitativo desde el momento en que la interfaz cerebro humano-máquina de compañía Neuralink (que conecta directamente la mente humana a internet a través de un dispositivo insertado en el cerebro), se comercialice para el gran público como producto de consumo de ocio (Ver: La Neurotecnología, el paso del Hombre libre a un Posthumano mentalmente controlado).

Sí, los Omniversos o Metaversos, han llegado para quedarse. Realidades gemelas o mundos espejo caracterizados por ser Interactivos (las personas se comunican entre sí e interactúan con el mismo Omniverso, ejerciendo influencia sobre dicha realidad virtual), por ser Corpóreos (se accede al Omniverso en primera persona y está sujeto a ciertas leyes de la física), y por ser Persistentes (aunque la persona salga del Omniverso, éste sigue funcionando y evolucionando de manera independiente). Y ello sin contar con que los Omniversos, en su fugaz evolución disruptiva que deja rezagado al más aplicado, van a beneficiarse en breve del último avance tecnológico: cerebros electrónicos que aprenden como el cerebro humano gracias a sinapsis neuronales artificiales. Expuesto lo cual, no es de extrañar que haya quienes mantengan la hipótesis de que los seres humanos vivimos en un universo simulado, tema al que ya me referí en un análisis reflexivo anterior bajo el título de “¿Somos avatares de un Universo Simulado?”.

Llegados a este punto, recapitulemos a modo de Teorema:

-Premisa 1: El ser humano crea una realidad alternativa a la natural de carácter virtual.

-Premisa 2: La realidad virtual mejora la realidad natural para beneficio evolutivo del ser humano.

-Premisa 3: El ser humano se interconecta cerebralmente a la realidad virtual para evolucionar como especie individual y social.

-Conclusión: La realidad virtual absorbe y cocrea al ser humano independientemente a la realidad natural.

Ciertamente, hace ya tiempo que el hombre dejó de evolucionar biológicamente a diferencia del resto de especies animales, para evolucionar culturalmente en una segunda fase a través de la gestión del conocimiento tecnológico (Ver: Somos seres tecnológicos cuya evolución se basa en el conocimiento). Pero la irrupción del Omniverso, y con él el Transhumanismo derivado [ver: El Transhumanismo, el lobo (del Mercado)con piel de cordero], ha desencadenado que el hombre se vea lanzado a una tercera fase evolutiva de naturaleza virtual. La diferencia entre estas fases, más allá del tándem realidad-virtualidad, radica en que si bien en las anteriores el hombre mantenía un cierto grado de control substancial sobre su entorno y su propia existencia, en la incipiente tercera fase virtual el hombre dejará de ostentar dicho control tanto objetiva como subjetivamente, tal y como se concluye en el teorema anteriormente enunciado, por simple proceso de fagotización. O, ¿acaso se puede establecer un estatus de control a título individual en un sistema de realidad virtual creado por terceros, en el cual el hombre acabará interconectado cerebralmente como si de un cordón umbilical neuronal de dependencia vital se tratase?.

No cabe decir que siendo la lógica del Omniverso la creación de una realidad alternativa más eficiente, dentro de una economía de mercado como hábitat instaurado para el desarrollo del hombre como ser animal y social, en breve podremos ser testigos de Metaversos escalables para cualquier ámbito de la vida humana, educación incluida (Ver: La educación online del futuro, ¿enseñar o adoctrinar?). Un futurible en el que el ser humano (o mejor dicho posthumano) puede llegar a ser peligrosamente moldeado incluso desde el momento incluso anterior a su propia gestación, bajo criterios de eficiencia productiva y de eficacia social, por los principios rectores del Omniverso. Es decir, el Omniverso creará al nuevo ser humano, o tipos de familia de seres humanos prestablecidos según su rol social impuesto, y no a la inversa. (Ver: La gestión emocional del futuro será tratada con manipulación genética).

A todas luces, el horizonte se nos presenta, a ojos de cualquier humanista, como distópico, aunque seguramente se llegue a percibir como una realidad normalizada para futuras nuevas generaciones sin más referencias existenciales que el nuevo paradigma social en el que estarán inmersos. Una sociedad futura en la que conceptos como Democracia, Igualdad de Oportunidades, Justicia Social, o Libertad, por poner algunos ejemplos, sin lugar a dudas se verán profundamente redefinidos por devaluados para beneficio partidista del Omniverso. No me cabe ni la más mínima duda, si no quiero pecar de ingenuo.

Es por ello que frente a una nueva realidad que inexorablemente se aproxima con progresivo paso tan firme como acelerado, cabe plantear ahora, antes de que sea tarde, unos inviolables principios de Ética Social, como complemento a las famosas tres leyes de la Robótica de Isaac Asimov (ya superadas por el mundo virtual, pues la realidad supera a la ficción), que velen por los rasgos inherentes que conforman la naturaleza esencial humana como son la consciencia, el pensamiento crítico, la independencia emocional y el libre albedrío, frente a un Omniverso futuro que en su vocación omnipresente se verá tentado por naturaleza propia a controlarlo todo, inclusive la capacidad cognitiva y la dimensión psicoemocional de los individuos que conforman la mentalidad colectiva.

Permítaseme, en un pequeño arranque de cándido delirio, formular dichos principios Éticos bajo la nomenclatura de las tres Leyes a establecer del Omniverso:

-Primera Ley:  Un Omniverso no atentará, ni por acción o inacción, contra la Consciencia y el Libre Albedrío de un ser humano.

-Segunda Ley: Un Omniverso debe respetar la integridad de la Independencia Emocional y el Pensamiento Crítico de un ser humano, a excepción cuando entre en conflicto con la primera ley.

-Tercera Ley: Un Omniverso debe proteger su propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto con la primera y la segunda ley.

Expuesto lo cual, soy plenamente consciente que esta proclama no es más que un brindis al sol, pues el Omniverso no surge por creación espontánea sino por intereses de los Señores del Mercado (la Dictadura global que gobierna sobre de los Estados locales). Y que la ceguera y parálisis ignominiosa de la clase política como garantes de nuestros derechos civiles y sociales, junto al imperio de una cultura hedonista socialmente integrada, nos abocará al efecto del síndrome de la rana hervida para gran parte de la ciudadanía de este planeta. O, dicho en otras palabras, el ciudadano medio será absorbido por el Omniverso de manera progresiva y sin percatarse de ello hasta la plena consumación del control sobre su propia mismidad.

Gracia mediante, servidor nació en el siglo pasado, y a mi casi medio siglo de vida a la espalda, espero por pura aritmética no formar parte de la cosecha del Omniverso. Y, en caso contrario, pipa humeante en boca, resistiré con todas mis fuerzas en el ostracismo de la realidad natural alegando incapacidad por edad. Como dijo el César: alea iacta est.