sábado, 24 de abril de 2021

¿Somos avatares de un Universo simulado?

Hace unos días atrás volvió a resurgir entre la opinión pública con especial fuerza, medios de comunicación generalistas mediante, la hipótesis de que nuestro Universo podría ser una simulación y los seres humanos personajes que experimentamos la sensación ficticia de estar en él. Una teoría que lanzó hace ya casi una década atrás el filósofo sueco Nick Bostrom de la Universidad de Oxford, quien teorizó sobre la posibilidad de la existencia de inteligencias tecnológicas avanzadas con posibilidad de crear realidades simuladas, en las que podría haber habitantes de inteligencia artificial que pudieran estar viviendo dentro de un juego, como podría ser nuestro caso. O dicho en otras palabras, el hombre podría ser un avatar de un videojuego, cuyo entorno y comportamiento estarían determinados por algoritmos que tienen en cuenta algunas de las variables ambientales y de estado de nosotros mismos en calidad de personajes del juego, donde el software de nuestra realidad simulada no sería otro que la velocidad de la luz, y que asimismo el espacio representaría para nuestro Universo artificial lo que los números lo son para la realidad simulada de cualquier ordenador.

Ciertamente, en un sano ejercicio de transitar fuera de nuestra propia caja, dicha teoría no solo es apta para una entretenida reflexión ociosa capaz de estimular la gimnasia cerebral, que ya de por sí representa una valiosa excusa para el cuidado de la salud neuronal, sino que el planteamiento incluso nos puede llegar a parecer plausible por una simple comparativa con la realidad de la era digital en la que vivimos inmersos. No obstante, si deseamos analizar, aunque sea por puro divertimiento, el grado de veracidad de la hipótesis de la simulación del Universo, estamos obligados a someterla a juicio, principalmente, de las Filosofías de la Metafísica y la Ontología, la Gnoseología y la Epistemología, y de la Lógica, para dar respuesta a las cuatro grandes preguntas que se derivan: ¿qué es la Realidad?, ¿qué es la Verdad?, ¿qué es la Consciencia? y, ¿qué es el Ser Humano?.

La Realidad vs. un Universo simulado

Frente a la pregunta de ¿qué es la Realidad?, apuntar que si partimos de la proposición aceptada científicamente de que la Realidad objetiva no existe, derivado del experimento del “Amigo de Wigner” que ha demostrado que uno o más supuestos de la Realidad objetiva (díganse: los hechos universales existen y son consensuados colectivamente, los observadores tienen libertad de hacer las observaciones que deseen, y que las elecciones de dicha observación por parte de un sujeto no influyen en terceros) siempre son erróneos. (Ver: La realidad objetiva humana no existe fuera del consenso general subjetivo). Podemos concluir la posibilidad teórica de que nuestra Realidad pueda ser fruto de un Universo simulado, por desconocimiento de su naturaleza objetiva última invariable y permanente.

La Verdad vs. un Universo simulado

Por otro lado, frente a la pregunta de ¿qué es la Verdad?, señalar que si partimos de la proposición aceptada científicamente de que el conocimiento empírico, es decir el conocimiento stricto sensu, se deduce a partir de la observación de los efectos de una causa previa objeto de estudio, bajo los principios de la Lógica Aristotélica de No Contradicción, de Identidad, y del Tercero Excluido, proceso cognitivo que realizamos en el contexto de una Realidad objetiva inexistente tal y como se ha expuesto en el punto anterior. (Ver: La Verdad: la gran quimera de los mortales con múltiples caras). Podemos concluir asimismo la posibilidad teórica de que nuestra Verdad pueda ser fruto de un Universo simulado, por desconocimiento de su naturaleza objetiva última invariable y permanente.

La Consciencia vs. un Universo simulado

Mientras que, frente a la pregunta de ¿qué es la Consciencia?, indicar que si partimos de la proposición aceptada científicamente de que la consciencia del ser humano se desarrolla a partir del conocimiento aprehendido y experimentado, el cual parte de raíz de un conocimiento universal apriorístico -lo que Platón definía como Ideas Arquetípicas o lo que los informáticos denominarían datos preprogramados, en calidad de ideas conceptuales básicas para el conjunto de la especie humana-, y todo ello lo encabemos en el contexto de una Realidad y una Verdad objetiva inexistente, como hemos visto anteriormente. (Ver: La consciencia artificial cuestiona la consciencia humana). Podemos concluir, de igual manera, la posibilidad teórica de que nuestra Consciencia pueda ser fruto de un Universo simulado, por desconocimiento de su naturaleza objetiva última invariable y permanente.

El Ser Humano vs. un Universos simulado

Llegados a este punto, y visto el sintetizado análisis expuesto sobre la naturaleza objetiva de la Realidad, la Verdad, y la Consciencia humana, cabe deducir, tomando como referencia plástica la alegoría de la Caverna de Platón, que las sombras proyectadas sobre las paredes de la mítica caverna son, más que meras apariencias proyectadas de la esencia de una realidad verdadera y consciente última, nosotros mismos en condición de seres humanos. O, dicho en otras palabras, podríamos afirmar bajo la lógica de un Universo simulado que: Sombras somos y sombras moriremos.

No obstante, la carencia de objetividad tanto de la Realidad, como por derivación de la Verdad y de la propia Consciencia, que pueden dar cabida a una hipótesis teórica semejante a la del Universo simulado, chocan de frente con un principio objetivo radical por substancialmente total y completo como es la Vida, y más concretamente la vida humana. Principio el cual se basa en la Autopoiesis, es decir la cualidad de un sistema capaz de reproducirse y de mantenerse por sí mismo. Pues los seres vivos somos seres autopoiéticos moleculares, que nos producimos a nosotros mismos, lo cual constituye la esencia de la Vida y del vivir. Un sistema cerrado en continua creación de sí mismo, que se repara, mantiene y modifica autónomamente, conservando nuestra forma identitaria mediante el continuo intercambio y flujo de componentes químicos, como bien definió el biólogo Humberto Marutana en la pasada década de los años setenta. Un axioma que contradice de facto, a examen de los principios que rige la Lógica pura, con el supuesto teórico de que la naturaleza del ser humano se reduzca a un simple avatar como representación virtual de una inteligencia superior que se recrea en una especie de videojuego cósmico.

Y aún más, si la Vida es por tanto una entidad objetiva por idiosincrasia, y por extensión el ser humano como ser vivo que es, asimismo lo es su propia consciencia. Pues ser humano y consciencia son partes tan indivisibles como inherentes. Objetivación categórica que no así puede afirmarse de la Realidad y la Verdad, naturalezas estas imperfectas por ambiguas y complejas que no obstante el ser humano puede llegar a trascenderlas a través de su propia consciencia, raciocinio y pensamiento crítico mediante, en su búsqueda continua y progresiva del conocimiento esencial de las cosas. Sabedores, a su vez, que el Universo (aun por conocer) se compone de múltiples microcosmos escalables e interconectados.

Es por ello que como respuesta a la pregunta objeto de la presente reflexión, que plantea si los seres humanos somos avatares de un Universo simulado por inteligencia artificial, cabe concluir categóricamente que no lo somos. A pesar de lo que opinen y promulguen públicamente amantes de la ciencia ficción como lo son, entre otros, Elon Musk, el multimillonario propietario de compañías tecnológicas vanguardistas como SpaceX o Neuralink. ¿No será acaso que nos quieren impregnar de tal delirante idea con el propósito, llegado a un punto de inflexión de masa crítica poblacional creyente, de implementar una actitud voluntaria de sumisión existencial aún mayor en el conjunto de los ciudadanos-consumidores? Pues, al fin y al cabo, en un Universo simulado donde el hombre es un simple avatar, ¿qué puede hacer éste más que aceptar que su vida no le pertenece, y por tanto someterse a la situación que le toque vivir?. O, lo que es lo mismo, someterse a la restauración hegemónica del Dios condicionador de la Edad Media en una versión contemporánea más actualizada de perfil tecnológico y extraterrestre. Dios ha muerto, ¡viva (el nuevo) Dios!, para rédito de su hijo el Mercado. Aunque claro, esto no será…

Para simulador de Universos, el propio ser humano. Pues solo en nuestro planeta existen tantos universos simulados como personas existen. (Ver: ¿Y si el Universo fuera el cerebro de un ser superior? En tal caso, ¿existe Dios?, y ¿qué es el hombre?) Como seres autopoiéticos con consciencia propia, nos sobra inteligencia para cocrear universos posibles. Versionando el refranero: cada uno en su casa (creando su propio Universo personal), y el Tecnodios en casa de todos (cuidando de su Mercado). Es por ello que en estos tiempos de realidad virtual hay que ser precavidos, no sea que nos den libre albedrío por megabytes condicionables.