viernes, 1 de mayo de 2020

¿Debe el hombre mostrar Gratitud frente a una vida propia desfavorable?


Como reza el refranero español, ser agradecido es de bien nacido. Y ciertamente cuando todo va viento en popa y a toda vela, tal cual versaba Espronceda, es relativamente fácil que toda persona se muestre agradecido con la vida. Pero, ¿puede el hombre ser agradecido en un contexto vital desfavorable?. Aún más, ¿y cuando alguien percibe que vive una vida propia que parece prescindir de él mismo?. Sin lugar a dudas, incluso frente a tales experiencias -mayormente circunstanciales- debemos contestar afirmativamente, ya que el agradecimiento se fundamenta en el reconocimiento del valor intrínseco (en sentido positivo) de las cosas presentes, ya sean pocas y pequeñas o muchas y grandes. Y por muy mal que al hombre le pueda ir en su mundana existencia, objetivamente siempre existe algo meritoso de ser valorado, como es la propia vida. A partir de aquí, y extendiendo el foco de Gratitud hacia nuestra realidad escalable periférica más inmediata, la lista de sujetos, objetos y circunstancias singulares de valor se amplía. Es por ello que, como introducción a la temática, cabe apuntar que no existe Gratitud sin un juicio de valor objetivo (exento de distorsiones subjetivas), lo cual implica relacionarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno propio desde una consciencia activa que vive y se desarrolla desde el presente. Puesto que no hay Gratitud sin reconocimiento del valor de las cosas, ni éste sin una consciencia objetiva capaz de reconocerlas, así como no existe consciencia que pueda desarrollarse sin anclarse en el instante presente, pues solo desde el ahora presente el hombre puede ser consciente. No en vano consciencia es presencia, y presencia es consciencia. O reafirmando en sentido inverso: Vivir fuera del momento presente es vivir desde la no consciencia, y fuera de ella no hay capacidad de valorar nada, y por tanto es imposible experimentar la Gratitud.

Dicho lo cual, la segunda pregunta que se tercia no puede ser otra que, en un contexto vital desfavorable, y con independencia del grado de adversidad, ¿debe el hombre mostrar Gratitud?. Una cuestión no menor que, para poder responderla, se requiere de un desarrollo multifocal. No obstante, y previo a proseguir, debemos entender en primera instancia la Gratitud como un sentimiento vinculado al agradecimiento (de un beneficio que se ha recibido o se recibirá), fundamentado sobre la acción y el efecto de agradecer como actitud refleja de un reconocimiento. Y en segunda instancia, debemos entender la Gratitud como una actitud voluntaria propia del ánimo humano que queda exenta de toda posible deuda moral, ya que ésta implica obligación, y no existe obligación alguna en la Gratitud por ser inherente al estado de alegría del espíritu. Y como bien sabemos, nadie puede ser obligado por terceros a estar alegre, ya que ésta es una de las cuatro emociones básicas instintivas (junto con la rabia, el miedo y la tristeza), elevada a categoría de sentimiento por mediación de la capacidad intelectual, con la que el ser humano se relaciona con su realidad más inmediata, y cuya experiencia emocional le permite acceder a la comprensión del mundo cognoscente. Así pues, y tras la premisa expuesta, dispongámonos a responder la pregunta inicial planteada en éste bloque desde diversos enfoques. Veamos:

Desde un punto de vista psicoemocional, la Gratitud es una actitud cimentada sobre la práctica voluntaria por consciente del Pensamiento Positivo, y como bien conocemos que los pensamientos crean los sentimientos, éstos derivan por evolución lógica en un estado emocional positivo que refuerza el bienestar personal. (Ver: Conoce la fórmula del Pensamiento Positivo). Un tema del que no me extenderé por haberlo desarrollado ampliamente en mi obra Manual de la Persona Feliz. Así pues, desde un enfoque psicoemocional, el hombre debe mostrar Gratitud aun en un contexto vital desfavorable por salud mental y emocional.

Desde un punto de vista conductual, la Gratitud es una actitud cimentada sobre la práctica voluntaria por consciente de la Aceptación, lo cual no implica ni significa sumisión. (Ver: Aceptación no es sumisión, es afianzarte en tu Autoridad Interna). Y la Aceptación de la vida presente, no solo permite al hombre si así lo considera reinventarse por despegarse de un pasado inexistente (ya que sólo se puede afrontar la construcción del futuro desde el momento presente), sino que capacita a la persona de un mayor control sobre su propia existencia y le permite renovar su propósito o sentido de vida individual, facetas éstas ambas que posibilitan el inestimable crecimiento personal. Así pues, desde un enfoque conductual, el hombre debe mostrar Gratitud aun en un contexto vital desfavorable como medio de desarrollo personal.

Desde un punto de vista social, la Gratitud es una actitud cimentada sobre la práctica voluntaria por consciente de reforzar las relaciones tanto intrapersonales, con uno mismo, como interpersonales, con respecto a los demás. Y en el desarrollo de éste refuerzo positivo dual, la Gratitud acaba manifestándose socialmente -por pura cadencia del principio de causalidad fundamentado en la actitud psicoemocional y conductual de la misma Gratitud-, a través de comportamientos en el hombre a título individual propios del resto de valores universales como son la Amistad, el Amor, la Bondad, la Confianza, la Equidad, la Fraternidad, el Honor, la Honradez, la Igualdad, la Justicia, la Libertad, la Paz, el Respeto, la Responsabilidad, la Sabiduría, la Solidaridad, la Tolerancia, la Valentía y la Verdad. (Ver: Reflexiones del Filósofo Efímero sobre los Valores Universales del Ser Humano). Ya que todos y cada uno de ellos, como valores ideales a alcanzar por el hombre como animal social, son inviables de forma sin la concurrencia en origen de la Gratitud como actitud consustancial. Así pues, desde un enfoque social, el hombre debe mostrar Gratitud aun en un contexto vital desfavorable como compromiso con la construcción de una sociedad mejor en términos humanistas.

Y, desde un punto de vista moral, la Gratitud es una actitud cimentada sobre la práctica voluntaria por consciente de la Ética, tal y como ya ha quedado patente en la anterior exposición del enfoque social. No en vano, ya el filósofo romano Cicerón decretó sabiamente, hace ya veintidós siglos atrás, que “la Gratitud no solo es la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás”. Así pues, desde un enfoque moral, el hombre debe mostrar Gratitud aun en un contexto vital desfavorable como medio de trascendencia del ser humano, Ética mediante, sobre su doble naturaleza de ser animal y de ser social.

De lo que podemos deducir, a modo conclusivo, que la Gratitud más que una emoción es un estado de consciencia elevado a filosofía de vida, previo trabajo personal, que sobre la observancia de su naturaleza esencial como valor universal permite al ser humano, con independencia de sus circunstancias más o menos temporales, vivir una existencia lo más plena posible por gozosa. Y, asimismo, coparticipar en la construcción de un mundo social cada día mejor, a la luz de los derechos fundamentales del hombre. Que no es baladí. Dixi!


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano