lunes, 11 de mayo de 2020

Capturar la Destrucción: cuarto trabajo del Hércules moderno


Amigo o amiga, imagina por un instante que eres un Hércules moderno, el cual debe realizar una penitencia de obligado cumplimiento impuesta por la más alta autoridad de tu sociedad para poder resarcirte de un grave daño causado en antaño, y con éste objetivo -beneplácito del Oráculo de Delfos mediante- se te encomienda que realices el total de Los Doce Trabajos de Hércules. Por lo que, tras haber acometido con éxito los tres primeros, debes ahora enfrentarte al cuarto trabajo que es capturar al Jabalí de Erimanto. No cabe decirte, sea dicho de paso, que por mucho que viajes a la actual tierra de Erimanto, un macizo montañoso de la vasta península helena del Peloponeso que encontrarás situada entre el sur de la región de Acaya y el noroeste de la Élide de la actual Grecia, no hallarás al mítico Jabalí, el cual era famoso tanto por su enorme tamaño y feroz carácter, como por alimentarse de hombres, y causar estragos allí por donde pasaba creando terremotos a voluntad y arrancando con sus colmillos los árboles de tajo. Por lo que únicamente te queda afrontar el trabajo metafóricamente; es decir, finalizar con aquello que el Jabalí de Erimanto representa, que no es otra cosa que la Destrucción. Dicho lo cual, la pregunta pertinente es: ¿cómo capturar la Destrucción?.

Como sabemos, la Destrucción es el efecto de la acción de destruir, la cual implica desconstruir algo en sus diferentes niveles posibles de degradación, fuerza activa mediante, hasta poder llegar incluso a hacerlo desaparecer. Pero para poder capturar la Destrucción, previamente debemos estudiar tanto su naturaleza esencial, como los elementos que componen su estructura como entidad, así como sus tipos de manifestación. Solo entonces, y según sus particularidades varias, podremos darle una caza efectiva. Veámoslo:

I.-Naturaleza
Enfrentarse a la naturaleza esencial de la Destrucción nos obliga a disociarla en dos rangos diferenciales dentro de su propia realidad substancial: la Destrucción como fuerza externa al ser humano, y la Destrucción como fuerza interna del ser humano en calidad de ser animal. Respecto a la primera no entraremos, ya que la empresa de su captura pertenece al ámbito de los dioses como creadores de las fuerzas primitivas de los elementos de la Naturaleza, tarea de la que queda exenta todo mortal por muy herculiano que sea, a no ser que dicha fuerza de Destrucción se manifieste a una escala tan ridícula en su capacidad potencial que pueda ser registrada en la propia miniescala de la dimensión humana. Por lo que cabe entender, que en el caso que nos ocupa de atrapar simbólicamente al Jabalí de Erimanto, nos debemos centrar en el segundo supuesto de dicha Destrucción como fuerza interna del hombre como ser animal.

Dicho lo cual, la pregunta que se tercia es si dicha fuerza destructora es una tendencia natural o artificial por aprehendida culturalmente en el ser humano. Lo que es cierto es que la Destrucción no participa de la lógica de ningún instinto básico del hombre como ser animal, como puedan ser los instintos de supervivencia, de reproducción o de bienestar personal. Aunque ello no es significativo, ya que el hombre ciertamente tiene otros tipos de comportamientos conductuales que son contrarios a los mismos, como pueda ser el suicidio, la autoflagelación, el dejar de comer, el maltrato físico y psíquico propio y ajeno, o la misma destrucción de su hábitat natural mediante acciones premeditadas contra el medio ambiente, por poner algunos ejemplos. Lo que nos lleva a deducir que la Destrucción, en un ser que no solo es instintivo por animal sino también racional y por ende irracional, es una tendencia natural del ser humano propia de cuadros de desequilibrio psicoemocional, lo cual puede derivar en patologías varias a título individual y colectivo. Una Destrucción como pulsión existencial, fruto de un estado de desequilibrio vital, que tanto puede focalizarse en la propia persona (autodestrucción) como en los demás (destrucción externa o ambiental). Materia en la que no me extenderé por haberla desarrollado anteriormente y de manera más amplia en las reflexiones “El hombre, un ser que habita en la frontera entre el orden y el caos”, y “El ser humano es distópico por naturaleza (Test social de Distopía)”.

II.-Estructura
Pero no podemos entender la naturaleza esencial de la Destrucción sin reconocer los diversos elementos que la componen, en tanto y cuanto fuerza interna del ser humano. En este sentido, y echando mano de manera muy sintetizada del método del caso o sistema socrático inverso, encontramos que:

1.-Como rasgo distintivo de la Destrucción concurre un tipo de fuerza violenta que media sobre un objeto a destruir, hecho que delata el primer elemento estructural de la Destrucción: Una Acción Firme y Decidida por focalizada.

2.-Dicha acción, por intencionada, pone asimismo en evidencia el segundo elemento estructural de la Destrucción: Una Voluntad Consciente de destruir.

Y, 3.-Ésta voluntad, derivada de una acción consciente e intencionalizada la cual no tiene sentido de existencia sin una motivación personal previa, nos permite desvelar el tercer elemento estructural de la Destrucción: Una Carga Emocional de Rabia, por ser ésta la única emoción humana básica de apertura que puede reaccionar desde una actitud de violencia manifiesta ante aquello que no queremos o frente a una amenaza.

Expuesto lo cual, concluiremos que la naturaleza esencial de la Destrucción como fuerza interna del hombre está constituida por tres elementos estructurales definitorios: un elemento formal, la Acción Violenta; un elemento intelectual, la Voluntad Consciente de Destruir; y un elemento anímico, la Carga Emocional de Rabia.

Dicho conocimiento sobre los elementos estructurales de la Destrucción como actitud humana, que paradójicamente conlleva implícita una construcción por reordenamiento y creación de una nueva realidad aunque sea por ausencia de la antigua, por lo que podemos afirmar que Destrucción y Construcción son dos graduaciones opuestas de una misma naturaleza formal, nos permite poder volver a la cuestión planteada inicialmente de cómo capturar la Destrucción como objetivo a realizar en el cuarto trabajo de Hércules. Así pues, a la luz de lo revelado, se puede aseverar que el éxito de ésta empresa tan solo pasa por transmutar la carga emocional de rabia en su opuesto de serenidad en el sujeto objeto del deseo de destruir. Ya que solo transmutando de polaridad los sentimientos se puede modificar las estructuras de pensamiento derivadas, y por extensión alterar el posicionamiento de una voluntad consciente, como fases imprescindibles previas para transformar cualquier acción conductual. Estrategia que, sea dicho de paso, comporta la observancia práctica del Principio de Polaridad propia de la gestión emocional, materia de la que no voy a explayarme por desarrollarla profusamente en la obra “Manual de la Persona Feliz”.

III.-Manifestación
Una vez vista tanto la naturaleza esencial y elementos estructurales de la Destrucción, así como su resolución herculiana factible ante el simbólico dilema planteado en el caso del Jabalí de Erimanto, solo cabe exponer el campo de manifestación de la Destrucción como entidad formal con personalidad propia. En este sentido, cabe señalar que toda acción y efecto de la Destrucción puede cernirse tanto sobre aspectos inmateriales como materiales:

1.-La Destrucción de lo Inmaterial
Debemos de entender como inmaterial todo aquel objeto focalizado por la acción y efecto de la Destrucción que carece de corporeidad pero aún así es percibido por los sentidos. Y dentro del ámbito de la Destrucción de lo Inmaterial por obra humana cabe destacar dos tipos:

-La Destrucción de una Idea, cuya manifestación participa del mundo de las creencias y de los valores morales, la esfera de actuación de la cual es propia del mundo de la sociología y de la política, estrechamente vinculada a la lucha continua entre los diversos niveles de poder emergentes e imperantes en el seno de las comunidades humanas. En este sentido, cabe apuntar que en el caso de la Destrucción de una Idea, además de los elementos estructurales nucleares, convergen nuevos elementos accidentales como son el fanatismo y el egoísmo. Los cuales asimismo pueden ser contrarrestados por el Hércules moderno mediante la transmutación del grado del elemento anímico substancial de la Destrucción a la luz del Principio de Polaridad, como ya se ha expuesto anteriormente, sin que en ello se descarte como medidas complementarias la promoción del conocimiento y del respeto como valores universales.

-Y la Destrucción de una Identidad, cuya manifestación participa del mundo de la Dignidad de la vida humana y asimismo de los valores universales, la esfera de actuación de la cual es propia del mundo de las relaciones interpersonales del hombre como animal social, lo que a su vez contiene claras implicaciones sociales y políticas. En este sentido, cabe apuntar que en el caso de la Destrucción de una Identidad, además de los elementos estructurales nucleares, converge un nuevo elemento accidental como es la venganza. La cual asimismo puede ser contrarrestada por el Hércules moderno mediante la transmutación del grado del elemento anímico substancial de la Destrucción a la luz del Principio de Polaridad, como ya se ha expuesto anteriormente, sin que en ello se descarte como medida complementaria la promoción del respeto como valor universal.

2.-La Destrucción de lo Material
Debemos de entender como material todo aquel objeto focalizado por la acción y efecto de la Destrucción que posee corporeidad y por tanto es percibido por los sentidos. Y dentro del ámbito de la Destrucción de lo Material por obra humana cabe destacar dos tipos: la Destrucción de lo Creado por el Hombre, y la Destrucción de lo Creado por la Naturaleza. En ambos casos, puede concurrir en el acto de destrucción una Voluntad que si bien es Consciente frente al acto de aquello que se destruye, pueda ser a la vez tanto consciente como inconsciente -en términos de conocimiento verdadero- en relación al valor e implicaciones que tiene dicho acto de destrucción. En tal caso:

A.-Si la Destrucción es producida por una Voluntad Consciente de la acción pero inconsciente del valor e implicaciones del hecho, podemos hablar de una Voluntad Consciente Ignorante.

B.-Mientras que, si la Destrucción es producida por una Voluntad Consciente de la acción y asimismo consciente del valor e implicaciones del hecho, podemos hablar de una Voluntad Consciente tanto Racional como Irracional. Racional si el conocimiento del valor del objeto destruido es ínfimo y las implicaciones de dicho acto destructivo son positivas. E Irracional si el conocimiento del valor del objeto destruido es inestimable y las implicaciones de dicho acto destruido son negativas. Pues no existe racionalidad alguna en la consciencia que conoce que el objeto de Destrucción tiene un alto valor y que además conllevará implicaciones negativas a medio, corto o largo plazo para su persona, comunidad o para el conjunto de la especie humana, como pueda ser la destrucción de los limitados recursos naturales o del propio medio ambiente.

Así pues, en el caso de la Destrucción tanto de lo Creado por el Hombre como de lo Creado por la Naturaleza, y con independencia que concurra tanto una Voluntad Consciente Ignorante como Racional e Irracional, el Hércules moderno puede contrarrestarlas mediante la transmutación del grado del elemento anímico substancial de la Destrucción a la luz del Principio de Polaridad, como ya se ha expuesto anteriormente, sin que en ello se descarte como medidas complementarias la promoción del conocimiento y del respeto como valores universales, de manera pareja a las medidas tomadas en la manifestación de la Destrucción de lo Inmaterial.

De ésta manera podemos concluir que el Hércules moderno tiene plenas capacidades para afrontar con éxito la captura simbólica del Jabalí de Erimanto, cumpliendo así con el cuarto trabajo herculiano encomendado. Y es que al final, voluntad y esfuerzo mediante, por grande que sea el Jabalí no es tan fiero como lo pintan.




Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano