jueves, 16 de abril de 2020

Solo el camino virtuoso de la Sabiduría hará de éste mundo un lugar más feliz

La Escuela de Atenas, de Rafael. Palacio del Vaticano.

Siempre he mantenido el axioma de que inteligencia sin experiencia es conocimiento, mientras que inteligencia con experiencia es Sabiduría. Así pues, para que haya Sabiduría debe concurrir la experiencia, y como todos sabemos ésta se circunscribe al ámbito de la conducta humana, cuyo juicio de valor pertenece al ámbito de la Ética. Sobre esta premisa, concibiendo la Sabiduría como una capacidad positiva del ser humano, podemos concluir en primera instancia que la Sabiduría es una conducta virtuosa y no viciosa (en términos éticos), y en segunda instancia que la Sabiduría como virtud no es apriorística por dependencia directa de una secuencia de sucesos a posteriori a la que denominamos experiencia.

Tras esta breve introducción de la naturaleza de la Sabiduría como virtud humana, cabe definir qué se entiende por Sabiduría. Sin mayor dilaciones, entenderemos como Sabiduría aquella conducta que busca el conocimiento último o esencial de la realidad que permite la perfección del alma humana. De lo que se deduce, por un lado que la Sabiduría es amante de la Verdad, y por otro lado que la Sabiduría anhela alcanzar un estado conductual acorde a dicha Verdad. Una Verdad que, por tanto, como ideal a alcanzar y forma a imitar, conlleva implícito tanto el elemento de la Razón como el elemento del Buen Juicio. Es por ello que no en vano Platón definía la Sabiduría como aquella ciencia que preside la acción virtuosa.

En este sentido, y sobre la Verdad como ideal a alcanzar y forma a imitar mediante la Razón y el Buen Juicio, podemos reafirmar la naturaleza virtuosa de la Sabiduría. Ya que en su opuesto contrario nos encontramos ante la ignorancia, el desconocimiento, la irracionalidad, la tontedad, la estupidez, y la locura, todas ellas denominadores comunes propios de un estado de enajenación de la Verdad.

Pero avancemos un poco más: si la Sabiduría es la virtud de buscar y vivir desde la Verdad, no solo nos encontramos frente a una conducta virtuosa que permite la trascendencia del ser humano sobre su naturaleza animal (recordando que el hombre es el único animal amante de la Sabiduría), sino que en ella se integran por rigurosa observancia las Virtudes Cardinales de la Templanza, la Valentía, la Justicia y la Libertad. Ya que sin ninguna de ellas puede concebirse y aun menos desarrollarse la Sabiduría. Ergo, la Sabiduría no puede considerarse tan solo como una conducta virtuosa más, sino como una de las Virtudes Cardinales del ser humano. Y aún más, como la virtud más notable en la que culmina la Ética en sí misma.

Llegados a éste punto, la cuestión pertinente no es otra que preguntarnos qué aporta a la vida del hombre el comportamiento virtuoso de la Sabiduría. Como ya apuntamos en su definición, permite la perfección del alma humana. Pero ello, en términos prácticos, ¿qué significa?. El término más acertado no sería otro que el de alcanzar un estado de conciencia de felicidad, mediante la lucidez de la Razón en connivencia con una vida responsable y digna coherente con la Verdad como Principio de Realidad (lo que Es y Existe). Lo que Séneca describía como el arte de la conducta recta de la vida. Pero no en un sentido pesado o penoso, sino desde la percepción objetiva de una existencia vivida desde la serenidad, la paz interior gozosa y lúcida propia del estado de consciencia personal de la felicidad, la cual se alcanza a través de la Razón y el Buen Juicio como componentes activos del corpus de la Sabiduría. De hecho, se puede afirmar categóricamente, que la Sabiduría contempla como propios el conjunto de valores universales, como son la Belleza, la Paz, el Amor o el Respeto, entre otros muchos, cuya observancia y cumplimiento requieren de un alto grado de sensibilidad humana respecto a la Vida en su Verdad.

Como apunte final, y sin que ello se entienda como apología corporativista (que dicho sea de paso no existe entre los filósofos), aquellos que deciden ya no buscar sino convertirse en amantes de la Sabiduría, como camino de felicidad y trascendencia personal, se denominan por decreto etimológico como filósofos. Así pues, siendo la Sabiduría una Virtud Cardinal para la naturaleza humana, no hay estrategia más sobresaliente para hacer de éste mundo un lugar mejor que llenarlo de filósofos. Lo cual, y a modo de crítica social, nos debería hacer qué pensar ante la flagrante evidencia de vivir en una sociedad que ha denostado la Filosofía como ciencia y desterrado socialmente a los filósofos. Dixi!



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano