jueves, 30 de abril de 2020

¿Ser Tolerante es bueno o malo? Y, ¿cómo cabe enfrentar la intolerancia?

Quema de libros por parte de los Nazis, Alemania 1933

Comienzo esta reflexión sobre la Tolerancia con una pregunta categórica: ¿ser tolerante es bueno o malo?. Lo cierto es que, con independencia de la respuesta por la que optemos, ambas son correctas, ya que depende de si el objeto susceptible de la Tolerancia parte de una premisa moralmente positiva o negativa. Es decir, la Tolerancia es mala frente a una situación moralmente reprobable, mientras que es buena frente a una circunstancia moralmente virtuosa. Aunque, dicho lo cual, ésta premisa no esclarece mucho la cuestión cuando la moral, ciertamente, se manifiesta de manera pragmática en la realidad bajo una naturaleza tanto geográfica como social. Es decir, que la Tolerancia puede encontrarse -y de hecho es un habitual- frente a una encrucijada donde colisionan dos morales diferentes con escalas de valores dispares, como pueda ser el caso habido entre personas de clase social distinta, ya que la moral humana es consustancial y profundamente cultural. Y entre medio de éstas posiciones culturales divergentes, existe todo un amplio espectro en el que se registran diversas palancas conductuales que tensionan y ponen a prueba la naturaleza intercultural de la Tolerancia en su doble dimensión moral, como puedan ser los Juicios de Valor (ver: Frente a los juicios de valor categóricos de quienes nos atacan: Reductio ad Absurdum), el Respeto (ver: ¿Qué es el respeto?), o la Responsabilidad (ver: Tipos de responsabilidad personal de carácter social frente a la vida), entre otras tantas, hasta alcanzar el grado máximo de oposición propio de un comportamiento genuinamente intolerante. Por lo que, a la vista de lo expuesto, cabe afirmar que el único sistema de referencia válido para la Tolerancia, más allá de cualquier contexto espacio-temporal, debemos encontrarlo en la moral pura o impertérrita que emana directamente de los Valores Universales, donde tanto la Tolerancia como la intolerancia tienen definidas diafanamente sus posiciones en cualquier horizonte de sucesos posibles, y en el que no hay cabida para estadios intermedios por centripetación de la fuerzas gravitatorias de ambos opuestos.

Tras ésta premisa introductoria, es sabido por todos que la Tolerancia implica el respeto por el pensamiento y el comportamiento ajeno aun sin asumir de facto una aceptación o coincidencia necesaria con los mismos, pero fuera de su concepto significativo ¿cuál es la estructura orgánica de la Tolerancia?. Para despejar ésta cuestión, es preciso escudriñar su propia naturaleza desde diversos ángulos del conocimiento humano. Veámoslo:

1.-Ángulo Ontológico:

La Tolerancia Es en tanto ontologicamente participa activamente y en relación inherente con el valor de la Dignidad de la vida humana por derecho natural irrenunciable e indelegable, la cual se despliega por manifestación necesaria mediante el valor de la Libertad personal. Siendo la Dignidad y la Libertad personal contenido y continente de la Tolerancia como entidad conductual. Por lo que no puede existir Tolerancia si no concurre una clara observancia por el respeto de la Dignidad y la Libertad personal.

2.-Ángulo Epistemológico:

La Tolerancia Es en tanto epistemologicamente se fundamenta en el reconocimiento de la mismidad del Yo y de la ajeneidad de los Otros, ya que sin conocimiento esencial de los rasgos característicos de lo propio y de lo ajeno no puede establecerse una correspondencia de Tolerancia desde la individualidad hacia la pluralidad y viceversa. Es por ello que la educación deviene un medio imprescindible para la Tolerancia, como proveedor de conocimiento necesario para el cultivo de una consciencia sensible respecto a la rica diversidad manifiesta. Por lo que no puede existir Tolerancia sin conocimiento propio y ajeno, ni conocimiento válido sin el desarrollo de una consciencia sensible, ni ésta sin una educación previa. Pues todo aquello que el hombre desconoce, por tendencia natural no suele tolerarlo. Y aún conociéndolo, sin educación mediante, suele despreciarlo.

3.-Ángulo Psicoemocional:

La Tolerancia Es en tanto psicoemocionalmente se caracteriza por un cuadro mental y emocional saludable del individuo como sujeto tolerante. Y si bien dicha óptima gestión psicoemocional parte de los fundamentos ontológicos y epistemológicos de la Tolerancia anteriormente expuestos, la Tolerancia como actitud conductual se manifiesta por medio de la virtud cardinal de la Templanza, la cual es reflejo de un alto nivel de Autoestima personal (Autoridad Interna). Ya que no puede haber Tolerancia sin la capacidad de autoconocimiento y autodominio propio de la Templanza, ni éstos atributos sin la fortaleza de espíritu propia de una persona con alta Autoestima. Pues sin Autoestima ni Templanza el hombre es presa fácil de las sombras carroñeras de la inseguridad y los miedos, los cuales son dos de los grandes siervos que la intolerancia dispone a merced.

4-Ángulo Social:

La Tolerancia Es en tanto socialmente se caracteriza por la transigencia frente a una pluralidad que se manifiesta en toda su diversidad. Entendiendo transigencia como aquella actitud permisiva dentro de los parámetros de respeto hacia los valores de la Dignidad y la Libertad personal, los cuales no pueden coexistir sin un sistema de referencias fundamentado en los principios de la Lógica formal. Pues allí donde no concurre la Lógica a la luz de la Razón no puede desarrollarse plenamente la Dignidad y la Libertad personal, y sin éstas queda distorsionada la conducta transigente, abocando a la Tolerancia a ser substituida por la intolerancia propia de una mentalidad grupal o colectiva de claro perfil fundamentalista.

5.-Ángulo Político:

La Tolerancia Es en tanto políticamente se expresa como la virtud por excelencia de la Democracia, ya que a través de aquella se despliegan los principios rectores de ésta como son la Libertad, la Justicia, la Igualdad o el Pluralismo. No obstante, como la Democracia es un sistema de organización social reglado por fundamentarse en el principio de legalidad, asimismo la Tolerancia como valor democrático debe estar sujeto a normativa. Lo cual significa que la Tolerancia, como idea política que busca defender la Tolerancia en el seno de una sociedad democrática como bien público superior, requiere manifestarse firmemente intolerante frente a la intolerancia. Un fenómeno al que Popper denominó la Paradoja de la Tolerancia, y sin la cual las conductas intolerantes podrían destruir la propia Tolerancia como valor sociológico por político. Lo contrario a la Paradoja de la Tolerancia sería la Lógica de la Tolerancia, toda una utopía para el ser humano, pues ya sabemos que el hombre es por naturaleza un ser animal, aunque viva en calidad de animal social, caracterizado mayormente por su alto grado de incongruencia más que por su lógica racional.

Expuesto lo cual, podemos concluir que la Tolerancia es un valor universal del ser humano, un ideal de conducta al que el hombre debe inclinarse esfuerzo personal y social mediante, trascendiéndose así sobre su primitiva naturaleza animal. Pues fuera de la Tolerancia solo hay indignidad personal, ignorancia humana, inquietud psicoemocional, sufrimiento social y despotismo político. Un horizonte alternativo en el que se puede divisar una clara tendencia humanista involutiva, construido sobre los cimientos de una sociedad irracional, que ciertamente no resulta nada alentador. Frente a la intolerancia, por el bien colectivo, más contrafuerza tolerante, aunque sea echando mano de una paradoja como medida de contención. Ya que, al fin y al cabo, ¿qué es la existencia del hombre, sino una gran paradoja en sí misma? Fiat lux!


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano