jueves, 16 de abril de 2020

La virtud de la Justicia como máxima de dignidad social

Temis, diosa griega de la Justicia.

La Justicia es una de las proclamas más reiteradas por el hombre a lo largo de la historia, quizás incluso por delante de la libertad, ya que de hecho podemos considerar a ésta como un derivando natural de aquella en la evolución del ser humano como animal social profundamente jerarquizado culturalmente. Lo cual no significa que tratar la Justicia como materia objeto de estudio sea tarea fácil, ya que en sí misma coexisten dos posicionamientos opuestos dada su naturaleza dual, es decir que en dicha dualidad contiene opuestos idénticos en naturaleza pero diferentes en grado: la Justicia como sistema de organización social y la Justicia como anhelo natural a perseguir por el hombre como ser vivo individual. Y entre ambos opuestos, existe un amplio espectro gradual que permite tratar la Justicia como entidad poliédrica desde diversos ángulos reflexivos. De hecho, con anterioridad ya traté la Justicia desde el ámbito de la consciencia humana (Ver: Justicia y Consciencia: una relación complicada de conjugar), desde el ámbito social (Ver: Sin Justicia ni Universal ni Social, solo queda tu tenacidad personal), y desde el ámbito político-económico como Justicia distributiva (Ver: Desde las Escuelas de Negocio, redefinamos el management desde el liderazgo ético), a expensas de otros enfoques reflexivos diversos que seguro quedan por venir. Pero justamente hoy se me antoja analizar la Justicia como virtud, materia no exenta de controversia en la historia del pensamiento humano, para enriquecimiento de las “Reflexiones del Filósofo Efímero sobre las Virtudes Cardinales del Ser Humano”.

Si algo coincido con el resto de pensadores que me han precedido es que la Justicia debe considerarse como una Virtud Cardinal -categoría que ya fue implantada en origen por Platón en su obra La República-, pero no así en su significado. Así pues, la primera pregunta de obligada formulación no puede ser otra que aquella que nos despeje la incógnita de ¿qué entendemos por Justicia como virtud?. Dependiendo de la respuesta, podremos dilucidar una u otra característica orgánica estructural de la misma. Dejando de lado los postulados teológicos sobre la Justicia como virtud (que personalmente no me interesan por no cumplir las exigencias propias de los valores universales), la humanidad laica ha fundamentado el concepto de Justicia principalmente en cuatros grandes axiomas: La Justicia como armonía social de Platón, la Justicia como igualdad proporcional de Aristóteles, la Justicia como un hábito del alma que confiere dignidad a la persona desde la observancia del bien común de Cicerón, y la Justicia como equidad de Ulpiano que posteriormente recoge ya a finales del siglo XX el profesor de filosofía política de Harvard John Rawls. ¿Con qué postulado nos quedamos?. A mi parecer, con todas ellas y con ninguna en particular. Pues la Justicia como virtud debe entenderse como máxima de la dignidad social en su doble e indisociable dimensión: la Justicia como máxima de la vida digna del hombre como individuo, y la Justicia como máxima de la vida digna de una sociedad como sistema de organización social humana. A partir de aquí, la armonía social, la igualdad proporcional, el hábito del alma y la equidad como postulados imperantes a grandes trazos presentados anteriormente, si no cumplen la premisa de la máxima de la dignidad social, no pueden considerarse como Justicia virtuosa estricto sensu en su categoría de Virtud Cardinal.

Expuesto lo cual, ya podemos plantear la segunda pregunta: ¿qué elementos estructurales conforman la Justicia como Virtud Cardinal, a la luz de la premisa conceptual descrita?. Para poder dar una respuesta óptima a la cuestión planteada, cabe entender que la Justicia como máxima de dignidad social se encuadra dentro de los parámetros de referencia de la Ética, por lo que debemos diferenciar entre Metaética, que es aquella que nos permite concebir los elementos apriorísticos que constituyen la Justicia en su valor de dignidad social en la naturaleza propia del hombre, y la Ética normativa que nos permite concebir aquellos elementos que pueden regular dicha dignidad social como conducta humana en sociedad. Veamos:

Desde un punto de vista de Metaética, la Justicia como Virtud Cardinal que busca la máxima de la dignidad social requiere en el hombre el cultivo de cinco grandes valores universales: la Bondad, la Generosidad, la Honestidad, el Respeto y la Sabiduría. Mientras que desde un punto de vista de Ética normativa, la Justicia como Virtud Cardinal que busca la máxima de la dignidad social requiere en la sociedad como sistema de organización humana el cultivo de cuatro grandes valores universales: la Igualdad Proporcional, la Equidad, la Solidaridad y la Libertad. En este sentido, podemos afirmar que la Justicia en su dimensión Metaética busca el conocimiento profundo de la Justicia como Virtud Cardinal en el ser humano a título individual, mientras que la Ética normativa busca, sobre la base de dicho saber, la acción colectiva de la Justicia como Virtud Cardinal en el conjunto de la sociedad, pues no es justa la sociedad que conoce sino la que obra en consecuencia. Siendo el hombre como animal social y la sociedad que conforma dos caras de una misma naturaleza.

Llegados a éste punto, se tercia una tercera y última cuestión: ¿cuál es el resultado práctico de la integración de la Virtud Cardinal de la Justicia como máxima de la dignidad social para la sociedad en su conjunto?. En términos antropológicos, la Justicia como virtud aporta dignidad a la vida del hombre, y en términos sociológicos aporta armonía social, la cual puede entenderse en parámetros políticos (en su concepto de gestión de la res publica) en la implantación del ideario de un Estado de Bienestar Social para el conjunto de ciudadanos que constituyen una misma comunidad social. En este sentido, y para concluir, solo cabe apuntar que las sociedades necesitan de gobernantes que se transformen en personas lo más justas posible, para lo que se requiere sin lugar a dudas Sabiduría, por lo que como decía Platón abogo porque deben convertirse o bien en filósofos o bien los filósofos deben transformarse en gobernantes. Dixi!



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano