miércoles, 15 de abril de 2020

La Templanza nos hace más humanos y menos animales

Luchador griego (púgil). Bronce, III aC.

Si alguna conducta humana ha persistido como hábito virtuoso desde los albores del hombre como ser racional, ésta es justamente la Templanza. Que como bien sabemos, es la cualidad humana de afrontar una situación o circunstancia con moderación. Lo que Aristóteles denominaba como aquel comportamiento basado en el in medio virtus. Es decir, vivir la vida desde un equilibrio equidistante tanto sobre los sentimientos y pensamientos (dos caras de una misma moneda) que abren la puerta al instinto animal de los placeres, como sobre las acciones (manifestación exterior de los sentimientos-pensamientos) que tienden a buscar la autorealización personal en el mundo mediante la vía de los excesos, tal cual ilusorio bien superior a alcanzar, propio de la cultura hedonista. No en vano se considera la Templanza, desde los tiempos de Platón, en la primera Virtud Cardinal del ser humano.

Dicho lo cual, se nos antoja dos preguntas pertinentes. Una, ¿por qué se considera la conducta de la Templanza como virtuosa?. Y, dos, ¿cuáles son los elementos estructurales que definen su naturaleza?. Dos cuestiones cuya respuesta desarrollada nos ayudará a arrojar luz sobre la Templanza como entidad propia.

1.-¿Por qué se considera la conducta de la Templanza como virtuosa?

La naturaleza de la Templanza no podría entenderse sin entender, en primera instancia, una de las leyes universales de la vida: el Principio de Impermanencia, ya anunciado en tiempos presocráticos por Heráclito, el cual nos anuncia que la realidad conocida está sujeta a un cambio permanente, donde nada es siempre igual, y en la que todo siempre se encuentra en un flujo continuo de transformación. Dicha impermanencia, a su vez, se complementa con el Principio del Ritmo de la vida, atribuido al antiguo maestro egipcio Hermes Trimegisto, que nos enseña que el Universo se encuentra en continuo movimiento pendular, donde todo lo existente está sometido a periodos cíclicos contrastados de expansión y contracción. Y que asimismo, fundamenta el Principio de Causalidad que dicta que toda causa tiene su efecto, y viceversa.

En una dinámica contextual como la expuesta, manifestación directa de la mecánica propia de la vida como realidad cognoscible, la Templanza se erige como la capacidad de la consciencia humana de, contrariamente a dejarse arrastrar por los vaivenes del mundo exterior, actuar en el justo momento de los acontecimientos a voluntad propia y por libre albedrío para beneficio personal y/o colectivo. Es decir, actuar con control sobre una circunstancia o situación, y no al revés. Y sólo desde una posición de decisión y acción situada en el punto medio entre los opuestos extremos se puede ejercer dicho dominio de la situación. Es por ello que la Templanza se concibe como un hábito conductual virtuoso, al ser un máximo exponente de la trascendencia del hombre como ser racional sobre su entorno más inmediato.

2.-¿Cuáles son los elementos estructurales que definen la Templanza?

Y vista su finalidad y relevancia, veamos a continuación cuáles son los elementos que configuran la naturaleza de la Templanza. Para ello, debemos diferenciar entre su dimensión externa y su dimensión interna.

A nivel exterior, la Templanza es la máxima manifestación de la Autoridad Interna, que es aquel estado de consciencia cultivado por el hombre que le permite relacionarse consigo mismo y frente al resto del mundo desde los principios de fidelidad y coherencia con su propia mismidad, es decir sin ceder su poder personal a terceras personas o circunstancias. (Ver: Conoce la fórmula de la Autoridad Interna). Es por ello que la Templanza conlleva intrínseca la Fortaleza interior como virtud ya anunciada por Platón y Aristóteles, supeditada por tanto ésta a aquella. Así como de forma inherente comporta la virtud aristotélica del Autodominio, pues no existe Templanza sin una óptima gestión de dominio psicoemocional personal. Además, como el objetivo principal de la Templanza en su dimensión externa es poder actuar en el momento justo más apropiado para los intereses del ser humano, también incluye la virtud platónica-aristotélica de la Prudencia, entendida como la capacidad de evaluar una situación de manera previa a actuar sobre la misma. Es por ello, como apunte en materia Ética, que la Prudencia y la Fortaleza no pueden ser consideradas, tal y como lo creía Platón, como Virtudes Cardinales, pues derivan como participantes de una virtud de categoría superior con personalidad propia de Virtud Cardinal stricto sensu como es la Templanza.

Mientras que a nivel interior, la Templanza tiene como elemento angular por fundamental la Presencia, entendida como aquella actitud consciente que permite al ser humano focalizarse y anclarse en el momento presente, pues representa la única metodología posible para la capacidad cognitiva humana de evaluar un sistema de referencias en continuo movimiento y transformación sobre el que tomar la decisión de actuar. Y, asimismo, la actitud de la Presencia requiere de una actitud secundaria pero no por ello menor como es la Aceptación, que permite justamente aceptar el momento presente como único escenario posible de actuación. (Ver: Aceptación no es sumisión, es afianzarte en tu Autoridad Interna).

Si bien hemos estructurado la naturaleza de la Templanza como virtud desde una doble manifestación externa e interna como estrategia pedagógica para la exposición de la misma, cabe afirmar a modo conclusivo que, por un lado, no es concebible la Templanza exenta de Autoridad Interna, así como no es posible la Templanza sin la actitud de la Presencia; y, por otro lado, que vista la naturaleza esencial de dicha conducta virtuosa, piedra filosofal de la trascendencia del hombre como ser animal en una realidad cambiante, debe concebirse la Templanza como una de las Virtudes Cardinales del ser humano. A mayor grado de Templanza que adquiera el hombre, más humano y menos animal será. Dixi!



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano