viernes, 17 de abril de 2020

La Libertad ha pasado de ser un derecho a ser una conducta virtuosa


Ciertamente la Libertad se ha concebido a lo largo de la historia de la humanidad como un derecho, considerado por unos pocos como un derecho natural del que disfrutar por privilegio adquirido de nacimiento, considerado por otros muchos como un derecho a conquistar por discriminación negativa y perjuicio de nacimiento. Un principio de la vida del hombre que durante siglos ha sido instrumento de regulación y ordenación de sociedades humanas fundamentadas sobre la férrea jerarquización de las clases sociales, mediante la gestión del Derecho como ciencia social y política constitutiva del ordenamiento jurídico de los pueblos. De hecho, como es por todos conocido, la Libertad no se percibe como un derecho inherente a la naturaleza del ser humano, con independencia de su cuna y clase social, hasta finales del siglo XVIII con la Revolución Francesa que bebe directamente del ideario filosófico de la Ilustración (Liberté, Égalité, Fraternité); si bien no alcanza la categoría de valor universal hasta mediados del siglo pasado con la Declaración de los Derechos Humanos que la recoge en su artículo primero [Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos (…)]. Y aunque la Libertad, como otros valores universales recogidos en dicha Declaración, no ha llegado a convertirse en universal en muchas sociedades del planeta, no es menos cierto que en la actualidad impera como principio rector fundamental de las sociedades contemporáneas avanzadas consideradas como Estados Sociales y Democráticos de Derecho. Es decir, al menos en el mundo occidental la Libertad se ha convertido en un estado natural del ser humano por cualidad inherente de nacimiento como ciudadanos de pleno derecho. Un atributo que, por su uso y disfrute tan habitual como cotidiano, el hombre sel siglo XXI lo ha dejado de considerar como un derecho aprehendido propiamente dicho para concebirlo como un rasgo característico de su propia naturaleza humana.

En este sentido, dimensión jurídica a parte, ¿qué entiende el hombre moderno por Libertad?. En el sentido más amplio: la capacidad de la consciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de cada persona. Una capacidad individual que, en un mundo altamente manipulado por los múltiples mecanismos de control de masas monitorizados desde la nueva religión mundial que denominamos Capitalismo, se ha convertido en una virtud a alcanzar. O dicho en otras palabras, la Libertad de pensamiento y acción personal, como rasgo de dignidad del hombre como individuo social libre, es a día de hoy una conducta virtuosa por su firme voluntad de resistencia a ser subyugada por los dictámenes de la cultura consumista en un Mercado global. La Libertad como conducta virtuosa del hombre libre contemporáneo se puede sintetizar, por tanto, en la capacidad que tiene una persona de decidir lo que piensa y hace a luz de su propia consciencia. Que es lo mismo que decir a la luz de su propia mismidad.

Así pues, como primera premisa, podemos vislumbrar que la Libertad como virtud se estructura mediante una una dimensión interna (pensar) y otra dimensión externa (obrar) que complementa a la primera, las cuales emergen de manera condicionada a partir de un elemento nuclear esencial, singular, propio e intransferible: la consciencia. Ergo, la Libertad no puede considerarse como virtud sin el hábito virtuoso de la autoconciencia (habilidad que debe cultivarse), pues no existe Libertad en términos de libre albedrío stricto sensu sin un autoconocimiento previo de nuestra propia consciencia como entidad libre y personal capaz de reconocer nuestro Yo verdadero o mismidad, frente al Yo de los otros o ajenidad. En este punto, no entraremos a desarrollar los conceptos de consciencia, libre albedrío y autoconocimiento, ya expuestos con anterioridad en: “¿Qué es la consciencia?”, “Y tú, ¿tienes libre albedrío?”, y “El arte de desconocerse a sí mismo (vs Conócete a ti mismo)”, recogidos entre otras entradas afines en el glosario de términos de mi obra Vademécum del Ser Humano.

Expuesto lo cual, y vista la consciencia como autoconocimiento del hombre como ser individual y en su condición de piedra filosofal de la Libertad, podemos deducir, como segunda premisa, que el hombre libre piensa y actúa en conformidad e independencia con su propia consciencia. Pues considerar a un hombre libre que no piensa y actúa en conformidad con su consciencia, o que no piensa y actúa desde la plena independencia de su consciencia, es un reductio ad absurdum al negar de facto los principios de la lógica formal tanto de identidad como de no contradicción.

Lo que nos aboca a una tercera premisa, que es aquella que apunta en la dirección de que todo hombre libre que desde el pleno uso de sus facultades conscientes, a la luz de un nivel óptimo de autoconocimiento previo, piensa y obra con conformidad e independencia a su propia consciencia, es responsable de sus actos. Es decir, que la Libertad como virtud implica responsabilidad. La cual, por ser la Libertad una conducta virtuosa (lo contrario equivaldría a afirmar que es un vicio el pensar y actuar por uno mismo), la responsabilidad asimismo debe serlo por puro principio de equivalencia. Y siendo la responsabilidad, además de virtuosa por dicho principio, una cualidad que pertenece al ámbito de la Ética al ser un juicio de valor derivado de una conducta humana, ésta responsabilidad propia de la Libertad es de carácter profundamente moral. O dicho en otras palabras, la Libertad conlleva responsabilidad moral.

Lo cual nos lleva a la cuarta y última premisa que deseo presentar en éste breve análisis reflexivo de la Libertad como virtud. No podemos entender la responsabilidad moral sin los idearios de Justicia y Sabiduría, los cuales son Virtudes Cardinales. Y asimismo tampoco podemos concebir la Libertad sin la Valentía (propia de pensar y actuar en conformidad e independencia a la propia consciencia, fuera de injerencias externas), que también es una Virtud Cardinal. Por lo que podemos afirmar categóricamente, por pura deducción diáfana, que la Libertad no es una virtud cualquiera, sino que forma parte del selecto elenco de las Virtudes Cardinales del ser humano.

Es por ello, a modo de conclusión, que debe entenderse la Libertad como una virtud principal del ser humano que le trasciende tanto como ser animal, como ser social sujeto a Derecho. Por lo que la Libertad, como rasgo inherente al ser humano consciente, no puede ser cedida a terceros, ni ser supeditada, y mucho menos eliminada, por ningún sistema de organización social. Pues en su esencia racional radica la máxima expresión de la Ética como ideal de la conducta humana. Entendiendo, repitámoslo tantas veces como haga falta para evitar confusiones, que no existe Libertad sin autoconciencia y responsabilidad moral. Fuera de éstos, la Libertad puede ser todo menos una Virtud Cardinal. Libertas capitur, sapere aude (La libertad se conquista, atrévete a saber).


N.A: Para más reflexiones complementarias sobre la Libertad desde otras perspectivas de su propia naturaleza (proceso personal, pago de vida, libertad de pensamiento, libertad política, etc), acceder al término homónimo a través del Vademécum del Ser Humano.




Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano