domingo, 26 de abril de 2020

La Honradez, una virtud que brilla por su ausencia en nuestra sociedad

Alegoría de la Honestidad, de Rubens

Si alguna virtud conductual humana brilla por su esencia en éstos tiempos, ésta es sin lugar a dudas la Honradez, la cual se ve ya no menoscabada sino incluso despreciada por una sociedad contemporánea que exalta la picardía como medio para alcanzar el éxito individual. Y como bien sabemos de la picardía -magistralmente retratada por un escritor español anónimo del siglo XVI en la famosa obra del “Lazarillo de Tormes”, sea dicho de paso para su justo reconocimiento-, ésta no es más que una conducta manifiesta opuesta a la Honradez al fundamentarse, astucia mediante, en la habilidad de sacar provecho de ciertas situaciones por medio de subterfugios huidizos de la Verdad. Así pues, aún sin más conocimiento que el emanado por pura intuición, cuando tratamos la Honradez como valor la alineamos, en primera instancia, con el valor de la Verdad. Y en segunda instancia, y derivada de ésta, alineamos la actitud de la Honestidad con aquella actitud que se rige por la acción correcta, es decir, aquella basada en la fiel observancia de la Integridad de la Verdad mediante la participación de la Justicia. Por lo que podemos afirmar, en ésta breve introducción, que para que exista Honradez deben concurrir los valores tanto de la Verdad como de la Justicia y la Integridad.

Si bien resulta relativamente fácil reconocer la naturaleza manifiesta externa de la Honradez, tal y como hemos visto, otro cantar es vislumbrar su naturaleza estructural interna. Lo que nos aboca a la pregunta de obligado planteamiento: ¿cuáles son las habilidades conductuales necesarias en el hombre para que pueda manifestarse la Honradez?. Si partimos de sus rasgos externos más notables, Verdad, Justicia e Integridad, entenderemos que:

1.-Para observar la Verdad se requiere de una consciencia activa objetiva alineada con el valor de la Sabiduría, la cual busca el conocimiento último y esencial de la Realidad.

2.-Para observar la Justicia se requiere de la capacidad del buen juicio alienado con el valor de la Equidad, la cual busca otorgar a cada cual lo que se merece siempre respetando como bien superior la dignidad humana del más desfavorecido.

3.- Y, para observar la Integridad se requiere de la necesaria autoestima (llámese Autoridad Interna) alineada con el valor de la Valentía, la cual busca no ceder su poder personal a terceros mediante la fortaleza interior que posibilita la Templanza.

Pero la Honradez, al tratarse de un valor moral que busca la Verdad, la Justicia y la Integridad como ejes vertebradores y no sus contrarios, entendiendo los mismos como máximos exponentes del Bien como ideal personal y social a alcanzar, resulta a la práctica de mayor complejidad por su naturaleza poliédrica. En este sentido, cabe distinguir entre la Honradez como idea, de la Honradez como acción.

La Honradez como idea debe concebirse desde el doble sentido del ideario de una conducta íntegra de Verdad y Justicia tanto con uno mismo, como con respecto a la sociedad de la que se participa. Dos sistemas de referencia de la Honradez como idea que, en determinadas circunstancias, aunque debieran mostrarse superpuestas por idénticas, pueden llegar a no ser coincidentes. Ya que si bien el hombre es un producto cultural de la sociedad en la que se desarrolla como persona desde el momento incluso anterior a su propia concepción, el ser humano por naturaleza nace con ideas apriorísticas universales que pueden no ser contempladas por la sociedad de su tiempo. En cuyo caso, cuando existe conflicto entre Honradez personal y Honradez social, aunque ésta pueda estar sujeta a Derecho, cabe actuar en la medida de lo posible a favor de la Honradez personal. Ya que solo practicando la Honradez con uno mismo puede haber Honradez con los demás, en caso contrario incurriríamos contra el principio lógico de no contradicción, siendo la Honradez con los demás exenta de la Honradez personal un reductio ad absurdum.

Mientras que la Honradez como acción debe concebirse como una capacitación formal de la idea de la Honestidad. Lo cual plantea tres escenarios posibles:

1.-La Honradez practicada desde la plena capacitación formal de la Honestidad.
En este supuesto, la persona honrada cumple con todos los requisitos necesarios para con la Honradez como manifestación formal. Persona e idea de Honestidad participan del mismo principio de identidad.

2.-La Honradez practicada desde la carencia inconsciente de capacitación formal de la Honestidad.
En este supuesto, la persona honrada no cumple con los requisitos necesarios para con la Honradez, ya que aun queriendo serlo se ve incapacitado para ello. Tal es el caso de una persona que se considera honrado consigo mismo en acometer una actividad sin que realmente sea competente para ello. En este caso, la falta de capacitación inconsciente para el desarrollo de unas competencias concretas no le exime de ser deshonesto consigo mismo y por extensión con los demás, pues no concurre la necesaria consciencia objetiva activa propia de la Sabiduría personal que permite la justa observancia sobre la Verdad de la realidad. Persona e idea de Honestidad no participan del mismo principio de identidad.

3.-La Honradez practicada desde la carencia consciente de la capacitación formal de la Honestidad.
En este supuesto, la persona no cumple con ninguno de los requisitos necesarios para con la Honradez, ya que aun siendo consciente de su falta de capacitación para desarrollar una actividad persiste en su cometido, siendo por tanto deshonesto consigo mismo y con los demás desde el minuto cero. Tal es el caso, de rabiosa actualidad, de muchos políticos que acceden a la responsabilidad de la alta gestión pública siendo conscientes de su total carencia de preparación con la misma. Persona e idea de Honestidad no solo no participan del principio de identidad, sino que impugnan de facto el principio de no contradicción, transmutando por adulteración consciente el valor de la Honradez en la picardía propia de una actitud manifiestamente deshonesta. En este punto, la Honradez solo tiene cabida en la firme convicción de no practicar ninguna actividad de la que no se está capacitado, o al menos, en aquellas circunstancias que lo requieran por causas necesarias de fuerza mayor, en ejercer la práctica desde el pleno y transparente conocimiento a propios y ajenos de dicha carencia de la capacidad formal.

Expuesto lo cual, y a la luz de la reflexión realizada sobre la naturaleza de la Honradez, o de su sinonimia la Honestidad, mucho mejor le iría a éste mundo que el ser humano cultivase la cultura de la misma, desterrando la picardía propia de actitudes ruines, falsas, traicioneras, hipócritas, malas y engañosas como medio para alcanzar el bien particular. Aunque, como decía Ortega y Gasset, el hombre es el hombre y sus circunstancias. Y el hombre, frente a sus circunstancias, suele mostrarse por naturaleza cobarde, que es justamente el extremo opuesto de la necesaria valentía que requiere la Verdad, la Justicia y la Integridad para que pueda manifestarse la Honestidad. Nihil novum sub sole.



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano