sábado, 25 de abril de 2020

La Confianza, un factor esencial para la autoestima y la armonía social


En estos tiempos de crisis global producida por la pandemia del coronavirus, como en muchos otros tiempos de la historia pasada, la palabra confianza resuena en el hombre más que como un mantra como un credo frente a la vida. Confianza en que los malos tiempos pasarán. Confianza en que saldremos bien parados de la situación actual. Confianza en que las cosas irán a mejor. Confianza en un futuro prometedor. Confiamos, sí, quizás porque la fuerza de la naturaleza es más fuerte que la fuerza de la razón, pero, ¿qué es la confianza?.

Desde una mirada rápida a ojo de buen cubero, podemos decir que la confianza es, en primer lugar, un imaginario, pues abarca un tiempo y un espacio proyectado única y exclusivamente sobre la mente de quien confía. En segundo lugar podemos decir que abarca el futuro, pues dicho imaginario aún no existe en el espacio-tiempo manifestado. Y en tercer lugar podemos decir, dado que es un imaginario proyectado a futuro, que tanto puede ser una predicción lógica como un acto de fe, dependiendo de la existencia o ausencia del grado de relación de recurrencia de la que se parta. Pero, más allá de presentarse como un mero proceso mental de naturaleza matemática, e incluso casi físico, al amparo de las leyes de la probabilidad, la confianza se nos presenta como una actitud profundamente emocional.

Es decir, la confianza es emocional en tanto en cuanto afecta a nivel interno al ámbito de la autoestima de la persona, cuya identidad se reafirma peligrosamente sobre los límites del horizonte de sucesos de su realidad más inmediata, y cuyo grado de salubridad viene condicionado a nivel externo, por tanto, por el principio de incertidumbre al fundamentarse en un tiempo futuro. Con independencia que dicho principio haya sido suspendido temporalmente, por el sujeto que confía en una falsa premisa futurible (pues no es cierta hasta que no queda demostrada), desde una confianza basada tanto en una predicción lógica como en un acto ciego de pura fe. No obstante, tanto en el caso de que el principio de incertidumbre inherente a la confianza sea suspendida temporalmente como en el caso que no lo sea, por parte del sujeto que confía, encontramos que el rasgo definitorio de la confianza es una clara cesión de la autoestima personal respecto a circunstancias externas y/o a terceras personas. Un rasgo que, por otro lado, es tan natural como inevitable, ya que el hombre por sí solo no tiene capacidad de autocontrol absoluto sobre el mundo que lo rodea. Por lo que se puede decir de la confianza que es el resultado de una autoconvencida voluntad, por salud emocional, de no querer inquietarse frente a la falta de control ajeno. De lo que se deduce que la confianza es un reflejo de la tendencia natural humana de vivir desde la estabilidad psicoemocional, o dicho en otras palabras, desde un estadio de tranquilidad ambiental.

Expuesto lo cual, y más allá de las fuerzas de causa mayor que escapan a la pequeña capacidad de la dimensión humana, Destino incluido, donde la confianza adquiere categoría de esperanza, la confianza entre seres humanos estricto sensu se presenta como un factor esencial para la buena convivencia en sociedad. De hecho, la confianza es la piedra angular sobre la que se construyen las relaciones humanas en el buen entendimiento del hombre como animal social, y sin la cual no pueden desarrollarse otros valores humanos tales como el amor, la amistad, la justicia, la libertad o la paz, entre otros muchos. Por lo que siendo éstos ideales universales a alcanzar por el ser humano, asimismo la confianza como base de los mismos debe considerarse como un valor universal, la cual requiere cultivarse en el fuero interno de las personas a título individual y como partícipes de una misma sociedad para su plena integración. Pues la confianza no surge por generación espontánea, sino que se crea y construye mediante el hábito conductual consciente humano.

La confianza, por tanto, tiene una diáfana doble implicación en el desarrollo óptimo de la dignidad de la vida humana, ya que a nivel personal afecta al ámbito de la autoestima, y a nivel colectivo afecta al ámbito de la armonía social. Y ya sabemos que sin autoestima no hay individuo que pueda autorealizarse personalmente, y sin armonía social no existe sociedad que pueda evolucionar positivamente bajo parámetros humanistas. Por lo que, a modo de conclusión, podemos afirmar que el hombre necesita la confianza como el aire para respirar, y es por ello que justamente la busca como acto reflejo tan automático como natural en sí mismo y en su entorno, rechazando por puro instinto de supervivencia cualquier situación o persona que no le aporte el tan anhelado estado de confianza. Pues en la desconfianza no tiene cabida el rico flujo de la vida. Y aún más, una persona o una sociedad desconfiada es una persona o sociedad enferma emocional y mentalmente, a la que el hombre no puede ni debe acostumbrarse por propia salubridad. Ya que el ser humano Confía, luego Es.


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano