jueves, 26 de marzo de 2020

Tipos de responsabilidad personal de carácter social frente a la vida


Ayer noche, en ocasión del artículo “La sombra alargada de la Muerte nos obliga a cuestionarnos nuestro paso por la vida”, mi mujer Teresa y yo mantuvimos una entretenida tertulia filosófica nocturna, al calor de un buen vino copa en mano, sobre la idea de la universalidad o no de la pregunta trascendental que supuestamente se hace todo ser humano, al filo de su muerte, respecto a la utilidad y aprovechamiento de su propia existencia en vida, entendida como aportación social realizada. Una premisa que si bien personalmente daba por hecho, tal y como se pone de manifiesto en la reflexión anteriormente citada, mi mujer de dogma existencialista frente a la vida y nihilista frente a la muerte me obligó por la fuerza de la lógica de la razón a someterla bajo cuarentena de duda. Por lo que de éstos barros de debate racional a altas horas de la noche de ayer éste nuevo lodo de pensamiento reflexivo de hoy.

Siempre he partido de la base, por condicionamiento de una formación clásica de corte humanista debo admitir, que el hombre es un ser social por naturaleza como bien apuntó inicialmente Aristóteles y confirmó posteriormente, con todos sus matices, el ilustrado Rousseau a través de su Contrato Social, base de la filosofía política de los actuales Estados Sociales y Democráticos de Derecho. Pero no es menos cierto que la idea filosófica del hombre como un ser social se ha visto corrompida principalmente en los dos últimos siglos, y con mayor fuerza si cabe en las últimas décadas, por el capitalismo liberal que ensalza el individualismo como bien superior de las sociedades modernas. (Ver: La exaltación del Egoísmo: el éxito del Capitalismo).

Es por ello que cabe apuntar que ante la pregunta trascendental que supuestamente se puede llegar a plantear una persona en su lecho de muerte sobre si su vida ha tenido o no algún tipo de utilidad para el conjunto de la humanidad, si nuestro efímero paso por la vida ha dejado o no algún tipo de legado para la misma como requisito imprescindible de autoexamen obligado para alcanzar una muerte serena y en paz, no necesariamente se cumple como norma estandarizada, y por tanto no puede considerarse de carácter universal a la luz de una filosofía de vida individualista. Pues la pregunta trascendental objeto de la presente reflexión de la que se parte deriva de una concepción vital de responsabilidad social respecto a los demás, propio de la idea del hombre como ser social por naturaleza, que no se da en la lógica de la idea del hombre como ser individual, y por tanto egocentrista, por naturaleza adquirida dentro de las culturas hedonistas.

Por otro lado, y como nota aclaratoria, el hecho de cuestionarse sobre la construcción en vida de un legado para la posterioridad, no debe entenderse dicho legado exclusivamente en el sentido de la búsqueda de un reconocimiento post mortem de nuestra actividad mortal, ni que dicha aportación en vida vaya dirigida al conjunto de la humanidad stricto sensu, ya que el concepto de humanidad en este sentido puede tanto abarcar tan solo el ámbito de vida de nuestros seres queridos más allegados hasta alcanzar al conjunto de la misma, según cada caso en particular y sin que ello sea objeto de ningún juicio de desvaloración moral. Solo faltaría.

Expuesto lo cual, frente a la idea planteada inicialmente de si toda persona en fase terminal se cuestiona sobre su aportación realizada en vida como legado personal al abrigo de obtener un estado de consciencia gratificante que le aporte un tránsito en paz, y sobre la premisa ya asumida que dicha pregunta trascendental no es de carácter universal por irrupción de la filosofía existencial individualista contemporánea, cabe definir tres grandes perfiles conductuales de responsabilidad personal de carácter social frente a la vida:

1.-Responsabilidad Social Natural

Entenderemos en éste grupo a aquellas personas que, desde una visión de la vida integrada en la responsabilidad personal social, tienen la imperiosa necesidad existencial de preguntarse sobre la utilidad de su legado en vida como medio de trascendencia personal. En este caso, nos encontramos ante un hombre como ser social por naturaleza, heredero de un sistema de referencias humanista, y cuyo concepto de responsabilidad personal social se fundamenta en una Ética de valores morales universales.

2.-Responsabilidad Social Desnaturalizada

Entenderemos en éste grupo a aquellas personas que, desde una visión de la vida conceptualizada culturalmente pero no integrada en la responsabilidad social, no se cuestionan la pregunta sobre la utilidad de su legado existencial por ausencia de una requerida necesidad vital de trascendencia personal, inclinándose previsiblemente por priorizar un simple balance vital de aprovechamiento y disfrute personal. En este caso, nos encontramos ante un hombre como ser social desnaturalizado, heredero de un sistema de referencias propias del Mercado, y cuyo concepto de responsabilidad personal social se fundamenta en una Ética de valores morales temporales.

3.-Responsabilidad Asocial Individual

Entenderemos en éste grupo a aquellas personas que, desde una visión de la vida ni conceptualizada culturalmente ni integrada sobre la responsabilidad social, solo se cuestionan el simple balance de aprovechamiento y disfrute personal de su existencia como sentido de una entendida responsabilidad vital de obligado cumplimiento única y exclusivamente consigo mismos. En este caso, nos encontramos ante un hombre como ser individual, heredero de un sistema de referencias hedonista, y cuyo concepto de responsabilidad personal social se fundamenta en una Ética de valores morales particulares.

No cabe decir que, salvo raras excepciones de autofidelidad y coherencia personal, en una sociedad ecléctica y altamente cambiante por global el ser humano moderno genérico puede combinar en su haber existencial los tres tipos diferentes de responsabilidad personal social, de acuerdo a sus filosofías de vida adoptadas en cada etapa de su viaje mortal. Pero que aun y así, y llegado el momento del recuento final, como moribundos que todos sin excepción llegaremos a ser en nuestro lecho de muerte (con o sin la sombra alargada de la guadaña pandémica mediante), el resultado último de nuestro balance vital revelará de manera diáfana el grado de tipo de responsabilidad personal social que prima sobre el resto. Y a partir de aquí, cada cuál deberá reformular la pregunta de la mejor manera que estime oportuno sobre su nivel de aportación, aprovechamiento o satisfacción de la vida vivida de cara a afrontar emocional e intelectualmente su tránsito a la dimensión del nunca jamás.

No obstante, y a modo de conclusión, considero que el hombre es un ser social por naturaleza en sentido clásico porque asimismo el hombre es un ser trascendental, elemento diferencial por idiosincrasia del resto de animales. Por lo que no hay mayor elevación personal que el hecho de vivir la existencia desde un trabajo continuo de trascendencia respecto con uno mismo y en relación con los demás como miembros de una misma comunidad (Responsabilidad Social).Un arte de vida elevado, propio del humanismo, que permite afrontar la muerte desde la serena gratificación de una trascendencia cumplida. Aunque sé, como filósofo efímero convencido, que toda reflexión expuesta es susceptible de ser rebatida argumentalmente e impugnada filosóficamente.



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano