lunes, 30 de marzo de 2020

¿Ser o Hacer? ¿Somos o Hacemos?, una pregunta propia para este y todos los tiempos


En este mundo dualista lleno de contrastes, hay quienes consideran que la autorealización del hombre se alcanza mediante el cultivo del Ser en vez del Hacer, como es el caso de las corrientes espiritualistas de nueva era (que dicho sea de paso beben de una espiritualidad ancestral, pues nihil novum sub sole), mientras que los hay quienes contrariamente abogan por el Hacer en lugar del Ser, como es el caso de las líneas de pensamiento de índole más materialistas. Entendiendo como Ser la búsqueda última de la esencia innata y apriorística del ser humano con independencia del sistema social de referencias, mediante prácticas metodológicas introspectivas; así como entendiendo el Hacer como la búsqueda de la esencia adquirida y por tanto a posteriori del ser humano en una clara dependencia del sistema social de referencias, mediante prácticas metodológicas extrovertidas. Un debate sobre el Ser y el Hacer que adquiere rabiosa actualidad en un tiempo en el que el mundo se ha paralizado, y con él una gran parte de la actividad productiva, obligando al hombre a un confinamiento domiciliario por fuerza mayor a causa de la crisis de emergencia sanitaria pandémica del coronavirus. Ante esta coyuntura, y dado que se nos ha otorgado tiempo suficiente para poder reflexionar, no hay pregunta más pertinente que plantearnos cuál es la mejor opción para alcanzar la autorealización humana: ¿Ser o Hacer?. Y aún más, en plena inmersión de autoretiro obligado: ¿Somos o Hacemos?, en un intento de dar respuesta a la reafirmación individual de la propia naturaleza como seres humanos.

Presentada la cuestión objeto de análisis, cabe apuntar necesariamente que la respuesta al Ser o al Hacer depende, a todas luces, de la definición conceptual que le otorguemos a dichos términos y a su relación de codependencia. Así pues, se nos abre un abanico de múltiples posibilidades.Veamos:

1.-Sobre la idea de que el Ser es el sujeto condicionante del Hacer:

a.-Podemos determinar que el Ser es aquello que existe o tiene realidad en sentido accidental, es decir que es susceptible de sufrir cambios en su estructura esencial, por lo que dicho Ser requiere ineludiblemente de la participación del Hacer para completarse en su evolución potencial y por tanto alcanzar un estado de autorealización mental y emocional.

b.-Pero, asimismo, podemos determinar que el Ser es aquello que existe o tiene realidad en sentido substancial, es decir que es un ente absolutamente completo per se, por lo que dicho Ser no requiere de la implicación del Hacer para completarse, al contrario éste Hacer puede devenir un factor desvirtuador de la esencia innata y apriorística del Ser como ente autorealizado que es.

2.-Sobre la idea de que el Hacer es el sujeto condicionante del Ser:

c.-En esta línea argumental, y por la ley de la lógica del tercero excluido, podemos determinar que el Hacer es aquello que existe o tiene realidad en sentido accidental en relación a un Ser que no es substancial por devenir una naturaleza evolutiva en potencia.

d.-Y por último, y bajo el principio lógico de no contradicción, no se puede determinar que el Hacer es aquello que existe o tiene realidad en sentido substancial frente al Ser, pues ello equivaldría al reductio ad absurdum de que puede existir un Hacer sin un Ser previo.

Expuesto lo cual, podemos deducir que dependiendo de la escuela filosófica de la que partamos (del dualismo en que participa la espiritualidad o del monismo que se circunscribe a una existencia materialista), revalorizaremos el Ser sobre el Hacer o a la inversa. No obstante, personalmente abogo por un punto medio. Es decir, considero que el Ser es aquello que existe o tiene realidad en sentido tanto substancial como accidental, pues si sólo fuéramos de naturaleza substancial y por tanto autorealizados apriorísticamente perteneceríamos a la dimensión de la perfección propia de los dioses, y si sólo fuéramos de naturaleza puramente accidental equivaldría a negar los rasgos singulares innatos que nos caracterizan como individuos diferenciales de los unos con los otros a imagen y semejanza de una hoja en blanco pendiente de ser rellenada.

Así pues, podemos concluir que la búsqueda de la autorealización personal del Ser humano encuentra su camino tanto en el Ser como en el Hacer. Un juego de equilibrio entre opuestos complementarios que permite al hombre tanto reafirmar sus rasgos singulares apriorísticos como evolucionar, desde dicha base consustancial, hacia un desarrollo evolutivo potencial por integración a posteriori de nuevos elementos en su mismidad. Lo contrario significaría negar la naturaleza empírica del ser humano a la luz de la Razón. Es por ello que no se puede Ser sin Hacer, pues ello equivaldría a no vivir, a no crecer desde la experimentación de la vida; ni se puede Hacer sin Ser, pues ello equivaldría a afirmar una existencia desde la no-existencia absoluta o relativa.

Por lo que la pregunta del ¿Ser o el Hacer? es un absurdo cuya lógica tan solo puede entenderse desde una posición reaccionaria frente a una sociedad polarizada en alguno de ambos extremos. En este sentido, es por todos conocido que vivimos en una era en la que se exalta el culto al Hacer en una sociedad de marcada filosofía productivista, donde el capitalismo como nueva religión imperante entiende la autorealización como bien individual superior a alcanzar mediante el desempeño de un rol social hacedor rentable dentro de un modelo existencial homogeneizador, propio de una lógica mecanicista por fabril, en cuyo contexto el Ser queda despreciado por no ser susceptible de estandarización a los intereses productivistas de turno. En este contexto, se puede llegar a entender la batalla yerma entre los que hoy por hoy enarbolan el estandarte del Ser, como respuesta de rebeldía y resistencia humanista al sistema imperante, y los que defienden la bandera del Hacer, como dignos feligreses de la parroquia productivista reinante, más allá de que unos u otros sean más o menos espiritualistas o materialistas. Y a la espera que llegue el día en que logren comprender, a la luz de la filosofía natural en sentido clásico, que el hombre es a su vez Ser y Hacer.

Dicho lo cual, en este parte de guerra sanitario particular que cada confinado gestiona en la intimidad de su cotidianidad, no dejemos de aprovechar la ocasión para revaluar el equilibrio, si es de menester, entre la relación de nuestro Ser y Hacer personal para beneficio de una existencia lo más gratificante por autorealizada posible. Pues como bien apuntó Aristóteles: in medio virtus, la virtud (de la buena vida) se encuentra en el punto medio.


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano