lunes, 23 de marzo de 2020

¿Reconstruir o Reinventar la sociedad?, dos opciones posibles para la era postpandémica


Como sabemos, reinventar no es lo mismo que reconstruir, ya que la primera equivale a crear una nueva realidad sobre la basal existente, y la segunda equivale a reparar una realidad destruida o deteriorada para dejarla tal y como era manifestada con anterioridad. Y, ¿cuál es el factor clave que determina una u otra opción?. Sin lugar a dudas: la percepción de beneficio social. Entendida ésta en términos de seguridad y bienestar, por parte de la subjetividad colectiva, frente a un incierto por desconocido sistema de referencias de una nueva realidad a afrontar en un futuro a corto y medio plazo.

Frente a esta línea de pensamiento, la percepción de beneficio social como palanca de acción colectiva se verá decantada, a la luz de la naturaleza humana, por la reconstrucción o la reinvención de la sociedad siempre y cuando se cumplan los siguientes factores clave:

1.-Primará la reconstrucción sobre la reinvención cuando exista la expectativa de cumplimiento de un estado de seguridad y de bienestar social como constante ininterrumpida de la realidad previa originaria a la crisis vivida.

2.-Primará la reconstrucción sobre la reinvención cuando, aún no existiendo la expectativa de cumplimiento de seguridad y de bienestar social como constante ininterrumpida de la realidad previa originaria, la sociedad no llega a alcanzar un punto de inflexión de cambio de mentalidad colectiva derivado de la crisis experimentada, por irrelevancia temporal y/o de intrascendencia en las consecuencias sociales derivadas de ésta.

3.-Primará la reinvención sobre la reconstrucción cuando no exista la expectativa de cumplimiento de un estado de seguridad y de bienestar social como constante ininterrumpida de la realidad previa originaria a la crisis vivida.

Y, 4.-Primará la reinvención sobre la reconstrucción cuando exista un punto de inflexión de cambio de mentalidad colectiva alcanzado por la sociedad, derivado de la relevancia temporal y la trascendencia de las consecuencias sociales existentes como efecto directo de la crisis experimentada.

Ante la contingencia de dichos escenarios, cuya suma de historias posibles conducen a la resolución de uno u otro tipo de realidad, los acontecimientos marcados por el flagrante Principio de Realidad apuntan a que nos encontramos en un alto grado de valor porcentual sobre las dos últimas premisas expuestas, las cuales tienen como denominador común la preponderancia de la reinvención sobre la reconstrucción de la realidad social. Argumentos suficientemente respaldados y desarrollados en anteriores reflexiones como “Coronomía: ¿qué escenario económico nos deparará el día después de la pandemia?” y “El Bienestar Social, un patrimonio a defender fuera de las leyes del Mercado”, por lo que no voy a extenderme en los mismos.

Dicho lo cual, la pregunta pertinente no es si la sociedad contemporánea alcanzará un punto de inflexión de cambio de mentalidad colectiva en su percepción de beneficio social que le lleve a optar por la reinvención de la sociedad en detrimento de la reconstrucción de la misma, ya que dicho estadio se prevé plenamente asumido en un plazo de tiempo breve por el propio proceso tan disruptivo como transformador de la actual crisis de la pandemia global aun en fase de previsible larga y compleja evolución (teoría de la rana y el agua hirviendo), sino que la pregunta que debemos plantearnos es qué rasgos característicos por singulares va a conllevar dicho cambio de mentalidad colectiva. Una respuesta que, por su carácter transversal al conjunto de la sociedad, comporta una multirespuesta acorde a los diversos niveles afectados de la dimensión humana actual.Veamos los más relevantes:

A.-Economía

A nivel económico, una previsible reinvención de la sociedad como efecto directo del cambio de mentalidad colectivo del principio de percepción de beneficio social, conllevará necesariamente una reestructuración de las reglas del Mercado tal y como las conocemos, las cuales pivotarán sobre dos grandes ejes estructurales:

1.-Por un lado, un cambio de paradigma tanto en la explotación, producción y distribución glocales en los recursos de bienes y servicios, como en la dinámica misma de dicho mercado laboral.

2.-Y, por otro lado, una mayor tendencia socializadora de los actores públicos sobre el sector privado.

Dos grandes líneas de trabajo legitimadas al amparo de una imperante por necesaria sostenibilidad de la protección del principio de dignidad para la vida del conjunto de las personas, y su desesperado equilibrio con la supervivencia de unos Estados obligatoriamente sobreendeudados.

Dicho en otras palabras, la reinvención social en materia de las economías de Mercado conllevará a una redefinición del Capitalismo tal y como lo conocemos hasta la fecha, no en un sentido negativo de abolición por substitución de otro sistema económico opuesto, sino en un sentido positivo de evolución humanista del mismo que permita corregir las grandes desigualdades sociales existentes fruto de una mala praxis ultraliberal del propio Mercado protagonizado en las últimas décadas.

B.-Política

A nivel político, una previsible reinvención social como efecto directo del cambio de mentalidad colectivo del principio de percepción de beneficio social, y derivada asimismo de la necesaria reinvención económica anteriormente expuesta frente a un sistema capitalista fallido que requiere de una apremiante actualización humanista, conllevará necesariamente una reestructuración de los pilares rectores de la Democracia tal y como la conocemos, los cuales pivotarán sobre dos grandes ejes estructurales:

1.-Redimensionamiento al alza del Estado de Bienestar Social sobre cualquier otra política presupuestaria gubernamental.

2.-Y redefinición del principio de libertad, en los Estados de Derecho, como derecho fundamental de los ciudadanos y valor superior del ordenamiento jurídico.

Si bien el primero se fundamenta en la emergencia de la protección y defensa de la vida digna de las personas a título individual en un estado de posguerra pandémica, el segundo viene derivado de éste ante el obligado requerimiento de alienar por reajuste la libertad individual a los preceptos del orden social y del interés general, resituando los márgenes de la libertad personal en el mismo plano orgánico de un derecho real (y no teórico) de igualdad de oportunidades entre los miembros de una sociedad.

Dicho en otras palabras, la reinvención social en materia política conllevará una redefinición de la Democracia como sistema de organización social, en el que el Estado asumirá un papel más paternalista y las libertades individuales se verán supeditadas al bien común por imposición del principio de disciplina social (Ver: Disciplina Social, la defensa del bien colectivo frente a la irresponsabilidad individual). En este sentido, si bien la esencia de las democracias se mantendrá intacta en la orbe de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho, la reinvención social transmutará, por consenso político de las mayorías, el modelo de Democracia Liberal actual en un modelo de Democracia Socializadora.

C.-Sociología

Mientras que a nivel social, una previsible reinvención social como efecto directo del cambio de mentalidad colectivo del principio de percepción de beneficio social, y derivada asimismo de la necesaria reinvención económica y política anteriormente expuestas, conllevará un cambio en los parámetros éticos de la sociedad como colectividad y, por extensión, en los hábitos cotidianos de las personas a título individual como actos reflejos de los nuevos valores morales imperantes.

Por lo que es presumible entender que, en una nueva sociedad reinventada que transita de una filosofía liberal a una filosofía socialibizadora en materia tanto económica como política, el individualismo entendido como expresión de una libertad radical propio de una cultura hedonista -es decir, que actúa exclusivamente desde su propia voluntad sin atender a las normas de comportamiento que regulan sus relaciones con la realidad social más inmediata-, se verá profundamente abocado por imperativo legal hacia la conversión de un individualismo más responsable y solidario por colectivizado. Lo cual no implica en absoluto la extinción del individualismo como medio y capacitación del desarrollo personal, sino una reformulación del mismo en un nuevo sistema de referencias sociales donde el bien colectivo se impone sobre el bien privado. Es decir, pasaremos de la máxima vigente de Hobbes de “el hombre es un lobo para el propio hombre”, a retomar la máxima clásica aristotélica de “el hombre es un ser social por naturaleza” en el sentido de que todos los miembros de una misma sociedad nos necesitamos recíprocamente tanto para sobrevivir como para asegurarnos una vida digna en común. En este contexto, se puede afirmar que el individualismo inconscientemente social trascenderá hacia un individualismo conscientemente social.

Expuesto lo cual, y a modo de síntesis, podemos concluir que la crisis sanitaria global de la pandemia ocasionada por el coronavirus nos abre la puerta, o mejor dicho nos empuja, hacia la posibilidad de aprovechar una oportunidad histórica de cambio integral para la mejora evolutiva tanto de las deficientes sociedades democráticas, como del desequilibrado sistema económico de corte capitalista actual. O al menos desde un punto de vista de estadística de probabilidades, ya que al final todo dependerá de la decisión que tomen las sociedades en su conjunto en concordancia con su nivel concreto de madurez de consciencia social colectiva. ¿Reconstruir para quedarnos como estábamos o reinventar para mejorar? He aquí la cuestión. Sabiendo que ambos escenarios no quedan exentos de la consiguiente etapa que nos toca afrontar de una crisis económica, política y social propia de un estado natural de posguerra.

No obstante, sea cual sea la opción elegida finalmente, en línea o a contracorriente al Principio de Realidad, toda decisión tomada siempre será temporal en la historia de la humanidad hasta que la ley del movimiento pendular nos obligue, por reacción evolutiva, a replantear nuevamente los fundamentos de la realidad conocida en sentido opuesto. Pues la vida, y con ella las sociedades humanas, se rige por un flujo continuo cuyo movimiento evoluciona en espiral ascendente mediante la fuerza cinética creada por la alternancia entre sus opuestos en un mundo profundamente dual. Un movimiento evolutivo que, para aprendizaje de la soberbia humanidad tecnológica, ahora sabemos mejor que nunca que puede estar producido por un imprevisible cisne negro tan pequeño e incontrolable por invisible como lo es un virus de nueva generación. Por lo que el control humano sobre la realidad autoconstruida no deja de ser una ilusión por temporal. Así pues, aprovechémonos positivamente como sociedad, mientras dure, de dicha ilusión. Como dijo el César, alea iacta est.



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano