lunes, 9 de marzo de 2020

Feminismo y Machismo y viceversa

Foto La Vanguardia / Àlex Garcia

El género, entendido como la pertenencia al sexo masculino o femenino -y no como aquellos roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres-, define un conjunto de características biológicas que marcan un rasgo diferencial respecto a su opuesto. Y cuando existe la consciencia diferencial, existe tarde o temprano la necesaria reivindicación de la identidad propia. Y más cuando uno de los dos géneros se percibe o bien sometido, o bien con derecho cultural adquirido de superioridad, sobre el otro.

En este sentido, es por todos bien conocido que la historia de la humanidad ha sido construida sobre la base del dominio del hombre sobre la mujer, condicionando así los contextos socioculturales en cada tiempo, encontrando su fundamento casuístico en los roles ancestrales de género del hombre y de la mujer como seres animales, y por tanto profundamente influenciados tanto por la relación de poder emanado directamente de la fuerza bruta, así como por el instinto animal de supervivencia individual y de protección de la especie. Un desequilibrio intergénero que se ve diluido desde el preciso momento en el que hombre y mujer dejan de manifestarse como seres animales para pasar a evolucionar como seres, ya no sociales sino culturales, donde el principio de supervivencia regido por la fuerza física pasa a regirse por la capacidad de gestión del conocimiento. Es entonces que hombre y mujer, indistintamente, al amparo de los idearios rectores de las democracias modernas, se desarrollan como seres humanos iguales bajo el principio de no discriminación a la educación, el principio de igualdad de oportunidades, y el principio de libertad individual. He aquí la piedra filosofal del equilibrio de niveles de poder entre género masculino y femenino en la era contemporánea, o al menos teóricamente.

Y sobre esta base teórica que no real, Carlota, mi hija mayor, a las puertas de sus diecisiete años participó ayer en una de las miles de manifestaciones realizadas en España en ocasión de la celebración del Día de la Mujer, en pleno uso consciente de sus facultades racionales, por la defensa del derecho natural que tiene toda mujer a autorealizarse vitalmente en igualdad de condiciones que los hombres. Una reivindicación de igualdad de trato y oportunidades sociales reales en pleno siglo XXI propio de la antigua pero plenamente vigente filosofía humanista, donde la persona como ser pensante y emocional prevalece por encima de su género (así como de su clase social, aunque éste es trigo de otro costal).

No obstante, la igualdad, como todo concepto sintetizado por el limitado tamiz de la capacidad cognitiva humana, es poliédrico, pues poliédrica es la naturaleza racional humana por cultural y por profundamente condicionada a la carga emocional de su contexto espacio-temporal. Es por ello que el feminismo, como respuesta reactiva al machismo (que en su esencia busca la prevalecencia social del hombre sobre la mujer, como es bien sabido por todos), es un movimiento social reivindicativo de naturaleza claramente heterogéneo. En este sentido, encontramos en la actualidad tantos tipos de feminismos como filosofías de vida existen, los cuales a grandes rasgos podemos agruparlos en tres grandes grupos de pensamiento, sin que dicha catalogación excluya las estrechas interconexiones existentes entre los mismos y frente a la previsible emersión de nuevos y disruptivos tipos de feminismos:

1.-Grupo de Pensamiento Político-Económico

En este grupo podemos englobar tanto al Feminismo Socialista que considera que la mujer está sometida tanto por el patriarcado como por el capitalismo, y que asimismo considera a la mujer como una clase social propia (influencia del ideario marxista); como al Feminismo Radical que va un paso más allá y busca destruir el sistema social actual basado en el concepto del patriarcado (llegando a defender “la castración del hombre desde su nacimiento” e incluso “la muerte del hombre”); así como podemos encontrar en su opuesto al Feminismo Liberal que es contrario a los postulados marxistas, y por tanto contrario al Feminismo Socialista y Radical, y que defiende el liberalismo económico propio del capitalismo como base para el desarrollo de la mujer como persona.

2.-Grupo de Pensamiento Sociológico

Este grupo, más allá de fundamentarse en los grandes idearios político-económicos como modelos de organización social, se centra en aspectos propiamente sociológicos. Aquí podemos encontrar tanto al Feminismo de Igualdad, que busca la implantación de un estadio de igualdad real, en términos de estatus social, del hombre y la mujer; como al Feminismo de la Diferencia, que trasciende al anterior movimiento al no buscar una equiparación entre géneros, sino una reivindicación de la propia naturaleza femenina bajo la máxima de “ser mujer es hermoso”; pasando por el denominado Transfeminismo, basado en la Teoría Queer, que defiende que el género no es una construcción biológica sexual sino una construcción social; o el Feminismo Abolicionista, que tiene como objetivo no solo destruir una sociedad patriarcal sino a su vez abolir la prostitución, la pornografía y la maternidad subrogada; hasta llegar a uno de los movimientos más extremistas (junto al Feminismo Radical): el Feminismo Separatista, que sobre el reconocimiento diferencial de género entre hombre y mujer defiende que la mujer debe de vivir al margen de los hombres para poder desarrollarse plenamente como ser humano, abogando por el sexo lésbico como única opción válida para la vida sexual.

3.-Grupo de Pensamiento Científico

Y por encima de criterios político-económicos y sociológicos encontramos a los movimientos feministas que se caracterizan por beber del pensamiento científico. En este sentido podemos englobar tanto al Feminismo Filosófico, que busca reexaminar la Historia de la Filosofía marcada por los hombres; pasando por el Feminismo Factual o Científico, que busca la reafirmación de la mujer sobre la base de las diferencias biológicas, y sobre todo neurológicas, con el hombre; hasta llegar a movimientos como el Ecofeminismo o el Ciberfeminismo, entre otros muchos, de carácter profundamente sectoriales por temáticos.

Y a todo ello, como ya predijo Newton en su tercera ley de la física clásica, cabe señalar que a cada acción siempre se opone una reacción igual pero en sentido contrario. Es decir, que cada una de las diferentes tipologías de la corriente feminista encuentra su reacción opuesta en el movimiento machista, aunque éste -por idiosincrasia del hombre como género simplista por naturaleza-, reduzca las reacciones frente al feminismo a tres líneas básicas de autodefensa o de ataque: por dogmatismo religioso (donde el hombre siempre impera por derecho divino adquirido), por tradición socio-cultural (en el que entra tanto la comodidad conductual como el desconocimiento, bajo el amparo de un “machismo institucional” construido durante milenios), o por condicionantes psicológicos (como puedan ser, entre otros trastornos mentales, la misoginia o la psicopatía propia de los violadores).

Que una acción se oponga a una reacción y viceversa forma parte de la mecánica normal de todo movimiento social, y más cuando la vida en sí misma es un flujo continuo de movimiento dentro de un mundo físicamente dual cuya fuerza motriz se haya en el perenne contrapeso tensionado entre sus opuestos. Un patrón que, ya conocido desde los tiempos marcados por el Principio de Impermanencia de Heráclito, nos indica que la constante evolutiva en continuo cambio y transformación de la sociedad humana -como naturaleza cultural- está sometida a períodos contrastados de ciclos de expansión y contracción, cuya oscilación acaba manifestándose con igual intensidad tanto en su avance como en su retroceso, y que por tanto es un proceso (físico) natural en el universo conocido que permite la fuerza cinética suficiente para generar cualquier tipo de movimiento existente, incluido en el ámbito social.

La virtud del equilibrio como valor social del Principio de Igualdad

No obstante, el ser humano, como ser capacitado de raciocinio y libre albedrío propio, es mucho más que puro resultado determinista de una dinámica física tan pendular como impermanente. Y en su anhelo de trascender su accidentalidad animal busca, irremediablemente, estadios sociales de equilibrio como respuesta a la necesidad de reconciliar los opuestos de una misma naturaleza por antagónicos que sean. Siendo el equilibrio como concepto una idea apriorística, y por tanto, un valor universal a alcanzar sobre el que se construyen estructuras de pensamiento fundamentales para el hombre moderno como son la igualdad, la equidad y la justicia social, pilares básicos del sistema de organización humano del mundo contemporáneo al que denominamos Democracia.

Expuesto lo cual, y sin mayor profundidad en el desarrollo argumental anterior para no excederme, señalar que no se puede entender el principio de igualdad social sin el principio de equilibrio social, por lo que si defendemos la construcción de una sociedad donde prime la igualdad real de oportunidades, derechos y obligaciones entre mujeres y hombres, no hay otra vía posible que la búsqueda del equilibrio entre ambos géneros opuestos complementarios de una misma naturaleza: la especie humana. Lo que magistralmente Aristóteles denominó in medio virtus: la búsqueda de la virtud (social) se encuentra en el punto medio. Aunque, en este punto, con la Ética hemos topado, por lo que no existe asimismo virtud social, entendida como una disposición trascendental adquirida de la voluntad individual, sin una educación en moral social correspondiente previa. Una empresa ardua difícil en una sociedad inmersa en el culto al hedonismo como máxima de un cultura de ocio y consumismo, ya que pensar lo contrario es pecar de ingenuidad.

Pero con independencia del grado de factibilidad por alcanzar una sociedad igualitaria intergénero a través del principio del equilibrio social, apuntar a modo de conclusión que todo movimiento tanto feminista como machista que se aleja del principio de equilibrio entre ambos opuestos, se aleja por definición del principio de igualdad social. Siendo el in medio virtus entre los opuestos del feminismo y el machismo y viceversa un espacio donde ni el uno ni el otro tienen cabida, pues el punto medio entre ambos extremos solo puede estar ocupado por una corriente de pensamiento tan sintética como concreta y definida: el humanismo. Así pues, solo aquella sociedad que apuesta por el humanismo es una sociedad que apuesta en verdad por la igualdad social entre géneros diversos. Lo demás no son más que cantos de sirena y ganas de enfrentamiento de emociones mal gestionadas que retroalimentan la desigualdad. Frente a la reivindicación de los derechos de las mujeres y de los hombres como posicionamientos enfrentados, trabajemos por la defensa de los derechos de las personas con independencia de su género. Pues el género es intrascendente en una sociedad del conocimiento por accidental, mientras que la persona en su calidad de ser humano es lo realmente importante por substancial.

A 20 horas después del 8M, Día de la Mujer,
en un lugar cualquiera del Mediterráneo,



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano