lunes, 16 de marzo de 2020

El Bienestar Social, un patrimonio a defender fuera de las leyes del Mercado


Quienes conocen mi línea de pensamiento saben que siempre he sido un claro defensor tanto del Estado de Bienestar Social como del Humanismo, ya que aquel deriva de éste. Es por ello que no puedo más que congratularme ante las recientes declaraciones públicas de Emmanuel Macron, presidente de Francia y uno de los líderes políticos más destacados de la Europa contemporánea, en medio de la actual crisis sanitaria del coronavirus: “Lo que ha revelado esta pandemia es que la salud gratuita, nuestro estado de bienestar, no son costos o cargas, sino bienes preciosos, y que este tipo de bienes y servicios tiene que estar fuera de las leyes del mercado”. Una afirmación que ratifico en su totalidad.

De hecho, el Estado del Bienestar Social, como instrumento de organización política que bebe directamente de la Filosofía Humanista, es uno de los tres pilares fundamentales sobre los que se estructura y otorga razón de ser a las democracias europeas como sociedades modernas y avanzadas en la protección de los derechos de los ciudadanos, en calidad de personas libres que desarrollan un nivel de vida digno como miembros de pleno derecho en la sociedad. Siendo los otros dos pilares el Estado Democrático y el Estado de Derecho. No en vano, los países de la vieja Europa se definen constitucionalmente, y de manera indisoluble, como Estados Sociales y Democráticos de Derecho. Es por ello que defender el Bienestar Social no es hacer apología del comunismo, como algunos trasnochados neoliberales que practican el culto a una sociedad de mercado radical critican -más por fundamentalismo capitalista o por analfabetismo político que por convicción-, sino que la defensa del Bienestar Social representa la defensa de los valores rectores de la Democracia en su esencia. Por lo que atentar contra el Estado del Bienestar Social equivale, a todos los niveles, atentar contra la propia Democracia. No existe mayor antidemócrata, por tanto, que aquel que busca la extinción del Bienestar Social. Lo contrario es un reductio ad absurdum equiparable a calificar de comunismo e incluso antidemocrático en pleno siglo XXI a la doctrina de defensa de los derechos laborales o a la protección del medio ambiente.

El Estado de Bienestar Social, en su condición de pilar estructural de la Democracia como cuerpo orgánico social, encuentra su fundamento en la protección del bienestar de las personas a título individual como bien supremo de la Filosofía Humanista. Un valor moral por consenso social, de carácter trascendental para nuestra especie animal y tras siglos de evolución del pensamiento occidental, que se sintetiza en un concepto singular: la dignidad de la vida humana. Por lo que hacer referencia al Bienestar Social en términos de filosofía política y social es hacer referencia, ni más ni menos, que a la defensa de la dignidad de vida de las personas.

En este sentido, a nadie se le escapa que el Bienestar Social como materia sociopolítica se desarrolla en una sociedad democrática mediante el despliegue de los denominados derechos sociales bajo cobertura legislativa. Y que uno de los principales derechos sociales es la asistencia sanitaria y social dentro de los ámbitos del derecho de libre acceso a una sanidad pública y de calidad, y del derecho a la protección social en casos de necesidad. Dos derechos propios del Estado del Bienestar Social, entre otros, que destacan por su vital trascendencia en momentos como los actuales en los que nos encontramos atenazados por el estado de emergencia sanitaria global de la pandemia del coronavirus.

Es por ello que, si alguna enseñanza debemos aprender como sociedad en el actual tránsito de la presente excepcionalidad, como demócratas políticos y humanistas sociales de facto que somos, no es otra que la plena convicción consciente del hecho que los bienes y servicios que constituyen el corpus del Estado de Bienestar Social deben permanecer ajenos a las leyes del Mercado, como férrea medida de salvaguarda de la dignidad de la vida de las personas. Pues el Mercado, no lo olvidemos, es una filosofía existencial antidemocrática por anteponer el capital a las personas, y asimismo la desigualdad de acceso a los recursos por acaparación de los mismos en pequeños grupos de interés privado por encima del principio de igualdad y equidad social. (Ver: El Mercado, el nuevo modelo de Dictadura mundial). Una lección de vida que debe permitirnos coger fuerzas, a la luz de la razón humanista y del espíritu de las democracias modernas, para replantear públicamente las reglas del juego establecidas en la desequilibrada relación existente entre Gobierno del Mercado y Gobierno de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho desde el mismo día depués del fin de la batalla que actualmente estamos librando contra la pandemia. (Ver: El Capitalismo neoliberal ha muerto, ¡Viva el Capitalismo Humanista!).

El Estado del Bienestar Social, en una sociedad democrática avanzada, no es patrimonio de ninguna ideología en su diversidad cromática, sino un derecho natural adquirido del hombre contemporáneo por siglos de evolución del pensamiento humanista. Un patrimonio tangible de la humanidad del que todos, como miembros de la misma comunidad social, debemos revalorizar y proteger en consciencia contra aquellos piratas que persiguen asaltar para beneficio propio el derecho más preciado: la dignidad de la vida de las personas.

He aquí un tema de reflexión colectivo para estos largos días de confinamiento domiciliario, por imperativo legal de disciplina social, en medio de la guerra invisible contra un enemigo común: la pandemia del coronavirus.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano