sábado, 14 de marzo de 2020

Disciplina Social, la defensa del bien colectivo frente a la irresponsabilidad individual


A veinticuatro horas escasas del anuncio público de la declaración del Estado de Alarma en España por parte del Gobierno del Ejecutivo Central, como medida excepcional frente a la batalla que el mundo entero -de manera más o menos coordinada- está afrontando contra la pandemia del coronavirus, resuena con fuerza un término hasta la fecha denostado: la Disciplina Social. Y es sobre dicho concepto que deseo centrar la presente reflexión, al abrigo de un confinamiento doméstico que no ha hecho más que comenzar por motivos de emergencia sanitaria.

Debemos de entender por Disciplina Social el conjunto de normas de comportamiento regladas que no solo permiten mantener el orden y la subordinación entre los miembros de una misma colectividad, sino que el cumplimiento de las mismas de manera constante conducen además a un resultado preestablecido de interés para el ámbito social (en ésta ocasión, derrotar al coronavirus). Por lo que podemos afirmar que la Disciplina Social, claramente, tiene una afección directa sobre tres campos filosóficos bien definidos: la Ética, la Filosofía Política y la Filosofía Social.

A nivel de la Ética, la Disciplina Social se presenta como una doctrina a modo de instrucción de las personas a título individual que afecta directamente al campo de la moral, que como bien sabemos es aquella materia que permite distinguir qué acciones son buenas o malas para un grupo social concreto. En el contexto de un Estado de Alarma, como es el caso que nos ocupa, la Disciplina Social se fundamenta en priorizar el bien colectivo por encima del bien individual, el cual tiene una incidencia directa en la redefinición por imposición de las escalas de los valores morales (o mejor dicho moralinos en términos nietzcherianos) de las personas como individuos. Una afectación cuyos rasgos característicos se manifiestan en una doble dirección: en un sentido negativo, ya que busca limitar la acción de la libertad individual; y en un sentido positivo, puesto que busca forzar una proactividad en el comportamiento de las personas desde la responsabilidad individual.

A nivel de la Filosofía Política, por otra parte, la Disciplina Social dentro de un contexto de Estado de Alarma se presenta como el máximo exponente del imperio de la ley en un sistema moderno de organización social, puesto que el conjunto de normas de comportamiento -que afecta a los derechos fundamentales de las personas como ciudadanos libres en pos de un bien colectivo-, se despliegan al amparo del ordenamiento jurídico establecido. Por lo que se puede decir que la Disciplina Social, en términos de Filosofía Política, equivale a un consenso moral por imposición, ya sea por parte de un sistema político parlamentario representativo (como es el caso de las democracias occidentales) o por un sistema político dictatorial, frente a un estado de excepcionalidad. Y es justamente dicha excepcionalidad la que legitima la imposición política de la Disciplina Social como un acto profundamente democrático, al ser una figura de tutela y defensa del bien colectivo recogida en el propio ordenamiento normativo de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho.

Mientras que a nivel de la Filosofía Social, la Disciplina Social como método de comportamiento moral consensuado por imposición legislativa que tiene como fin primero y último el bien colectivo, es substancialmente humanista en tanto y cuanto su naturaleza emana directamente del imperativo de emergencia del principio de responsabilidad colectivo -en un contexto de Estado de Alarma- en la relación entre los diversos elementos o actores que constituyen dicha sociedad. En este sentido, la Disciplina Social, a la luz de la Filosofía Social de corte humanista, representa un mecanismo de garantía de defensa del bien colectivo o social frente al culto del comportamiento individualista como máxima de las sociedades liberales por capitalistas.

Por tanto, y a modo de conclusión, podemos afirmar que si bien la Disciplina Social es un recurso excepcional, para casos excepcionales, asimismo es una figura de peso profundamente respaldada tanto por la Democracia como sistema de organización social que busca el equilibrio entre derechos y obligaciones del bien individual y del bien común, como por la Ética, la Filosofía Política y la Filosofía Social que beben del pensamiento humanista. Y lo que es más importante, la Disciplina Social deviene un mecanismo de defensa natural del hombre moderno, por jurídico, frente aquellos conciudadanos que se muestran negligentes, insolidarios, inconscientes o incluso negacionistas patológicos del Principio de Realidad frente a una emergencia sanitaria que nos afecta a todos por igual como sociedad. Cuando la responsabilidad de la res pulica no es voluntaria solo cabe la imposición por imperativo legal. Ya tendremos tiempo más adelante de hacer pedagogía, para aquellas personas confundidas, sobre qué se entiende por civismo en una sociedad libre por democrática.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano