martes, 10 de marzo de 2020

Dataísmo y Humanismo, ¿una relación incompatible?


La era de la gestión del conocimiento en un mundo tecnológico se ha convertido en la era de la gestión de los datos (mayormente alfanuméricos o algorítmicos), entendiendo éstos como una unidad informativa de valor cuantitativo o cualitativo. Tanto es así que el ser humano está construyendo su sociedad presente y de futuro en una clara dependencia directa de dichos datos, cuyo condicionante afecta incluso al ámbito del libre albedrío individual. (Ver: El “Conócete a ti mismo” lo ejerce el Mercado por nosotros). En este contexto, las personas comenzamos a quedar desdibujadas como entidades subjetivas con personalidad propia para convertirnos en simples datos asépticos, los cuales alimentan programas de software de gestión de proyectos socioeconómicos que buscan una rentabilidad utilitaria, supervisado, evaluado y medido por un project manager que en un futuro inminente dejará de ser humano. (Ver: El futuro es del Project Manager artificial).

Dicha realidad, a la que se conoce con el término de dataísmo -popularizado por el filósofo sur coreano Byung-Chul Han en su obra Psicopolítica, y por el historiador israelí Yuval Noa Harari en su obra Homo Deus-, concibe que el hombre contemporáneo en una economía de Mercado ya no venera ni a dioses ni al hombre mismo, sino que venera a los datos tal cual religión, el flujo libre de los cuales representa el valor supremo de las nuevas sociedades. En este sentido, para el dataísmo, las experiencias humanas -con su correspondiente carga emocional- son intrascendentales, pues considera que el valor de cualquier fenómeno o entidad en la realidad conocida está determinado por su contribución al procesamiento de datos, el cual tiene su alfa y omega en la liberación de un conocimiento exento del arbitrio subjetivo de las personas. Una tecnoreligión que busca, en definitiva, “cortar el cordón umbilical con el humanismo” (sic).

Esta visión mecánica del futuro de la humanidad con tintes radicalmente distópicos, si bien encuentra en la actualidad ciertos visos de probabilidad estadística en la proyección de la línea de suma de historias a la que el ser humano de hoy está contribuyendo en su absurda inconsciencia (Ver reflexiones sobre la temática en la sección Robología/Roboética del Vademécum del Ser Humano), es una falacia a la luz de los cuatro principios de la lógica formal:

1.-Ya que si se considera al ser humano como un dato únicamente con valor cualitativo y cuantitativo en virtud a su contribución en un sistema de procesamiento de datos, se incurre contra el Principio de Identidad del hombre como ser racional y emocional cuya existencia trasciende una utilidad social concreta y determinada.

2.-Puesto que si se considera la obtención del conocimiento de la realidad stricto sensu fuera del arbitrio subjetivo del ser humano, se incurre contra en el Principio de Contradicción del hombre como receptor subjetivo cognoscente con capacidad de aprehensión de dicho conocimiento. Pues el hombre, con independencia de la fuente proveedora natural o artificial de un conocimiento objetivo adquirido, no es un ser subjetivo y no subjetivo a la vez.

3.-En tanto que se considera que la gestión de los datos busca una actualizada y mejora continua de la sociedad humana, se incurre contra en el Principio de Exclusión al considerar que dicha sociedad está formada por seres humanos a los cuales no se les atribuye los rasgos propios de la especie humana. Pues el hombre, en una sociedad humana basada en el procesamiento de datos, no puede ser ni no humano ni medio humano.

4.-Y porque ir en contra de dichos Principios de Identidad, de Contradicción y de Exclusión, implica ir en contra del Principio de Razón Suficiente que determina que las proposiciones anteriormente expuestas son verdaderas.

Dicho lo cual, el dataísmo no puede considerarse como un fin al amparo de la razón de un mundo humano, sino como un medio del mismo. Por lo que aquellos que abogan por que el dataísmo debe suplantar al humanismo como filosofía o razón de ser de las nuevas sociedades tecnológicas, están abogando por la anulación de la naturaleza propia del ser humano en el imaginario proyectado de dichas sociedades. Desde el momento que reduzcamos al hombre a un mero dato, tanto informativo como estadístico, estaremos matando la condición humana, y con ella el humanismo como centro de gravedad identitario y filosófico de nuestra especie. Más filosofía humanista y menos tecnovisionarios que, quizás desde la inconsciencia (seamos indulgentes), están traicionando a su propia estirpe.

Así pues, ante la pregunta objeto de la presente reflexión de si dataísmo y humanismo son compatibles, la respuesta categórica no puede ser otra que sí, al menos mientras el ser humano no pierda el control de una sociedad articulada sobre la gestión de datos de nuestra realidad con previsible capacidad autónoma mediante inteligencia artificial propia.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano