miércoles, 18 de marzo de 2020

Coronomía: ¿qué escenario económico nos deparará el día después de la pandemia?

El jueves 12 el IBEX 35 cayó un -14%, la mayor de su historia

Que las medidas de contención social por emergencia sanitaria van a prolongarse más de lo estimado, nadie lo pone en duda visto los escenarios evolutivos de referencia de China e Italia, y a la espera de crear una vacuna efectiva contra el coronavirus. Asimismo, que la economía entra en un estadio de recesión global a partir de finales del segundo trimestre de éste año, tampoco ya nadie lo pone en duda a causa del abrupto parón de la economía caracterizado por las restricciones en la oferta, por el colapso de las cadenas de producción y distribución, y a causa de la congelación de la demanda, por el confinamiento ciudadano obligado como medida radical de contención de la enfermedad viral, que entre otros efectos generan pérdidas históricas nunca vistas en las bolsas financieras mundiales. En otras palabras, el mundo se paraliza y con él la economía enferma evolucionando de un estado de contracción a otro de recesión.

Un escenario en el que uno de los países europeos en el que se verá más agravado, si cabe, es en España. Principalmente por tres razones de peso de índole estructural:

-En primer lugar, porque somos un país cuyo 78 por ciento del PIB nacional procede del sector servicios (turismo, comercio, hostelería y transportes), siendo éste el más afectado por el colapso económico derivado de la pandemia.

-En segundo lugar, porque el tejido empresarial español en general, y muy en particular el sector servicios, se estructura a partir de las pequeñas y medianas empresas, las cuales aun con las ayudas públicas de emergencia del Gobierno no quedará exento de librarse de un efecto dominó de falta de liquidez en la economía productiva (afectando tanto a proveedores como acreedores) y, en consecuencia, de un efecto directo en la caída libre de un empleo ya de por sí precario e insuficiente por sistémico.

-Y en tercer lugar, porque las medidas tan decididas como excepcionales por necesarias del Gobierno de destinar un 20 por ciento del PIB nacional, mediante recursos públicos, a intentar paliar el sangrado de una economía española en parada cardíaca como medida de urgencia inmediata, repercute directamente en el aumento a corto plazo de la deuda pública de un país que roza ya el 100 por cien de su PIB autóctono.

Un contexto que, según diversas previsiones, provocará ineludiblemente una caída en la proyección de crecimiento del actual 2% del PIB español en 2019, a cuotas del 0% en el mejor de los casos y de más del -2% en el peor de los escenarios posibles en éste 2020, dependiendo de la evolución de la actual batalla que nos toca librar contra la pandemia vírica. Lo que nos retrotrae económicamente a más de una década a los niveles parejos de inicio de la crisis global del 2008, cuyo PIB nacional era del 0,8%. Y como ya sabemos por experiencia, el primer año de inicio de toda crisis económica es el mejor, en términos absolutos de productividad y empleo, al resto de los cinco años siguientes venideros. Por lo que podemos afirmar que el nuevo brote de crisis económica, dentro de la actual crisis de mercado que arrastramos desde la caída del banco de inversión norteamericano Lehman Brothers, no ha hecho más que comenzar. Como reza el refranero, llueve sobre mojado.

Por otro lado, el colapso económico que igualmente sufren por causas de fuerza mayor el resto de países miembros de la Unión Europea, ponen en una situación de jaque a las principales economías de la zona euro, ya que tanto Italia en primer lugar, como Alemania y Francia en segundo lugar, están al borde de la recesión. Con una previsión, además, para el conjunto de la economía del viejo continente en este 2020 de un PIB negativo. Recordando que solo Alemania, Francia, Italia y España aportan en su conjunto el 55 por ciento del PIB de la zona euro, representando así las economías locomotoras de la Unión Europea, con independencia de las diferencias estructurales existentes entre sí.

Las tres grandes preguntas del día después

En este contexto poliédrico, no puedo más que plantearme tres grandes preguntas:

1.-Pregunta de Filosofía Política:

En un escenario de colapso e inminente recesión económica por parte de los estados miembros de la zona euro, cuyas medidas de emergencia causadas por la crisis sanitaria de la pandemia ha hecho saltar por los aires el espacio Schengen de libre circulación de ciudadanos y mercancías por decisión unilateral de los países más afectados (que a la par son los más notables), para zozobra y desconcierto de un gobierno central de la Unión Europea que no tiene capacidad de gobernar y mucho menos de imponer (pues de estos barros son aquellos lodos), la pregunta del millón es conocer si las medidas excepcionales de cierre de fronteras nacionales se convertirá en un futuro inmediato en una medida normalizada y sostenible en el tiempo, sobre el principio de la vuelta a una “Economía de Villa” en términos aristotélicos como medida de protección y subsistencia de las economías locales frente a una “Economía de Mercado” herida fatalmente, al menos en un primer periodo de reconstrucción de las economías nacionales.

En tal caso, no solo el proyecto de la Unión Europea se verá afectado en su esencia como ideal filosófico, pues representaría un desmembramiento orgánico del mismo de facto, sino asimismo quienes se verán más afectados son las economías de los 24 países restantes más pobres que sobreviven a expensas del motor económico de cuatro pistones (Alemania, Francia, Italia y España).

2.-Pregunta de Filosofía Económica:

En un escenario cuyo colapso económico obliga a los Estados, como medida de emergencia social equiparable a un estado de guerra, no solo a capitalizar para su movilización los recursos públicos, sino incluso aquellos recursos privados necesarios mediante la formulación de planes de nacionalización de empresas privadas, un planteamiento que ya está encima de la mesa de los gobiernos de países como Alemania, Francia, Italia e incluso España. La pregunta del millón no es otra que conocer si dicha medida excepcional conllevará, a medio plazo, un cambio de paradigma en el actual modelo del sistema económico de Mercado europeo que puede abrir la puerta a un nuevo modelo económico consolidable más socializador de los medios de producción nacional. Lo cual comportaría una redefinición de las reglas de juego en las sociedades actuales de libre mercado, y asimismo un replanteamiento substancial del ideario capitalista al sobreponer el bien colectivo como bien supremo a proteger sobre el bien privado. Una medida que, sin lugar a dudas, obligará a evolucionar por actualización a los mismos principios rectores de las actuales democracias.

3.-Pregunta de Filosofía Social:

En un escenario de colapso económico y social como el actual, en el que los Estados Sociales y Democráticos de Derecho de los principales países motores de la Unión Europea se ven obligados a redimensionar al alza su Bienestar Social como medida imprescindible de protección de sus conciudadanos, en una clara afectación directa y sin precedentes de los Presupuestos Generales de los Estados. La pregunta del millón es conocer la capacidad de aguante y de protagonismo que pueden tener los Estados de Bienestar Social de los países implicados frente a una política de endeudamiento público al alza y en el contexto de una economía limitada por una escasez de ingresos fiscales por mayormente improductiva. Lo cual no solo abre la puerta a una previsible tendencia sociológica de corte populista en el que el papel paternalista del Estado adquiere preponderancia, sino que obliga al Estado como ente inductor a replantear a futuro la lógica de redistribución de rentas de trabajo y de capital en una sociedad de mercado que pivota sobre el eje del Bienestar Social como bien superior. Una situación que, previsiblemente de cumplirse, puede tener como efectos colaterales el resurgimiento de la ya prácticamente extinta clase social media como fórmula contrastada de dinamización productiva de un país y, asimismo, la aceleración de un modelo social robotizado como fuente cotizadora en las arcas de la Seguridad Social para el aseguramiento y consiguiente consolidación de un nuevo instrumento de las futuras democracias sociales modernas: la renta básica universal, que asegura la protección universal del principio de dignidad de vida de las personas.

Como vemos, preguntas nuevas ante un nuevo escenario. O mejor dicho, para el día de después tras el fin de la guerra contra la pandemia. En todo caso, elucubraciones a parte, lo que sí sabemos con certeza es que en esta ocasión el David del coronavirus no vencerá al Goliat de las sociedades democráticas modernas. Y que tras la batalla, viene un tiempo nuevo lleno de oportunidades para reconstruir una mejor y actualizada humanidad, con plenas implicaciones en todas las áreas de la dimensión humana. El mundo, tal y como lo conocemos, habrá cambiado.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano