jueves, 27 de febrero de 2020

Extinto: la realidad metafísica de la persona que vive y no existe en la sociedad


Hace unos días recibí en un escueto email la rescisión de mi condición de docente de un centro de formación universitario por motivos de extinción (sic) del plan de estudios en el que impartía un par de asignaturas. Más allá de la pérdida de una ocupación laboral, que si bien ciertamente era nímia por tratarse de un puñado escaso de horas semanales dentro de un cuatrimestre escolar propio de todo profesor colaborador aunque no por ello menos valioso en medio del actual desierto ocupacional, me llamó poderosamente la atención el calificativo de extinto. Pues, en resumidas cuentas, de un día para otro había pasado de “ilustre” profesor a extinto profesor, es decir, dígase de aquel que ya no existe en la actualidad.

Adaptar el concepto de extinto profesional a una persona es abocarlo a la normalización de una dimensión metafísica, que de normal no tiene nada por muy real que sea paradójicamente. Por lo que el adjetivo extinto, en términos sociológicos, representa una contradicción lógica en sí misma: el que aun no existiendo en la sociedad existe en la misma. Un dilema filosófico al que Parménides, en su principio clásico de no contradicción resolvería afirmando categóricamente que: lo que no es no puede ser. O dicho en otras palabras, una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. Y en cambio, la realidad de nuestra sociedad contemporánea así lo contradice de facto. Seguramente porque vivimos una realidad más cuántica que nunca, validando así la famosa paradoja del gato de Schrödinger en nuestra vida cotidiana, tal y como lo atestiguan miles de casos de profesionales extintos y a la vez existentes en una era digital en continuo cambio y transformación. Lo que convierte al aforismo del “Soy y al mismo tiempo no Soy” en un axioma propio del Principio de Realidad.

Enfrentarse al dilema filosófico de la dimensión sociometafísica (ya que se trata de un problema sociológico que afecta a los principios fundamentales de la existencia en la realidad) del profesional extinto, para la lógica humana que persigue constantemente el principio de razón pues allí donde hay un hombre hay una necesidad de racionalización de todo cuanto es, es enfrentarse al absurdo. Entendiendo el absurdo como la falta de coherencia entre la búsqueda de un sentido racional y la aparente inexistencia del mismo. Lo que convierte a un hombre extinto en una representación tan vívida como grotesca del mito griego de Sísifo, quien fue castigado por los dioses del Olimpo a cargar cuesta arriba por una montaña una pesada roca que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, reproduciendo así más que ecos los quejidos latentes de la filosofía de Albert Camús que aun perduran en nuestros días.

No obstante, aun tratándose de un reductio ad absurdum, la dualidad del ser y no-ser del profesional extinto se presenta como una realidad tan empírica como objetiva. De lo que se deduce que la persona extinta profesionalmente coexiste en dos planos dimensionales diferentes de una misma naturaleza real a la que denominamos sociedad. En este sentido, la persona extinta no existe en la sociedad como sistema de organización económica de libre Mercado, pero a su vez existe en la sociedad como colectivo de personas que comparten un mismo contexto espacio-temporal concreto. Y como ésta segunda no puede coexistir sin la primera, bajo la lógica de una sociedad de Mercado base del principio de supervivencia del hombre moderno, el concepto extinto no puede entenderse aquí en su valor absoluto como aquello que ya no existe, sino en su valor relativo como aquello que está disminuyendo o desapareciendo paulatinamente. (Ver: Nadie, el proceso por el que alguien se hace invisible). Por lo que el profesional extinto es un ser social condenado a convertirse en una nada social en potencia, pasando de la naturaleza social física a una naturaleza social metafísica.

Frente al conflicto existencial del absurdo, solo cabe la simple aceptación del mismo por encima de salidas enajenadoras e inútiles por irresolubles como el suicidio o la religión, donde la persona profesionalmente extinta debe esforzarse por encontrar un nuevo y actualizado sentido de la vida tan íntimo como intrínseco y absoluto, más allá del Principio de Realidad social contradictorio, redescubriendo así todo un mundo de posibilidades vitales en la nueva dimensión de la realidad social metafísica en la que se halla. Pues el hombre, por ser un ser ontológico que se relaciona con el mundo apriorístico de las ideas y el mundo a posteriori de las formas, es un ser metafísico en esencia más allá del determinismo de la realidad social de Mercado que se impone al individuo en el momento incluso anterior a su propia concepción.

Sí, la realidad espacio-temporal de la sociedad contemporánea se está curvando sobre sí misma, por la fuerza gravitatoria del Mercado, posibilitando la coexistencia de una doble dimensión social física y metafísica. Y como pone de manifiesto los datos demográficos de población activa en una era de crisis de valores por económica que dura ya más de una década (y suma y sigue), cada vez somos más los profesionales extintos que acabamos precipitados hacia la dimensión metafísica de una sociedad excluyente por partidista. Más allá del Principio de Realidad social, en las arenas movedizas de la naturaleza de lo absurdo, donde el hombre no puede llegar a racionalizar el sentido social de la existencia por metafísico, también hay vida. Se puede ser y no ser socialmente como persona extinta en un mundo en que lo visible se construye sobre lo invisible, y donde la nada y el todo no son más que singularidades en un sistema de referencias continuo. Que yo exista y no exista no es más que un problema de percepción sociológico, para el que la metafísica social y la filosofía del absurdo tienen respuestas ciertas. Pues, al fin y al cabo, Yo soy Yo, con independencia de si existo o he dejado de existir en la realidad condicionada de otros.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano