lunes, 3 de febrero de 2020

Desde el silogismo existencial no se pueden crear realidades alternativas


Del ser humano se han definido muchos caracteres singulares, como el que reza que el hombre es un ser creativo por naturaleza. Y lo cierto es que así es, pero no siempre y en todas sus circunstancias. De hecho, ser creativo significa pensar fuera de la caja, transgredir la realidad conocida mediante la capacidad de crear una nueva realidad alternativa. Pero esta capacidad ni es universal a toda la especie humana, como bien sabemos, ni es una constante tan impertérrita como sostenible en el tiempo en la vida de aquellos individuos caracterizados como seres creativos.

Las razones de la pérdida de la capacidad creativa de las personas por manifestar nuevas realidades alternativas a la existente son múltiples, pero dicho fenómeno puede sintetizarse en la imposición forzosa del Principio de Realidad (de la caja) sobre el individuo. Una mecánica que bien puede axiomatizarse como: Yo no soy más que mis circunstancias.

Qué decir que en una sociedad económicamente global e hiperconectada tecnológicamente como la actual, cuyo fin primero es el control absoluto sobre el ilusorio albedrío de sus conciudadanos (comportando la penalización sociabilizada de la libertad individual como reflexión y elección consciente), el Principio de Realidad manifiesta su doctrina con mano ejecutora implacable y omnipotente contra cualquier individuo divergente. Sí, vivimos en un siglo que cataloga, estandariza y compartimenta en diversos niveles sociales a las personas (previa discriminación negativa por edad, sexo y procedencia), mediante el abuso de poder bruto de un sistema de organización social que opera bajo la lógica de una planta industrial.

Entonces, ¿qué le queda a un ser humano a quien le privan por fuerza mayor de su capacidad de crear realidades alternativas?. La respuesta no es otra que vivir inmerso en una existencia marcada por el silogismo. Es decir, la persona, privada de toda competencia para crear su propia vida, tan solo vive su cotidianidad y futuro previsible a modo de conclusión como resultado lógico de las premisas (dígase circunstancias) de las que parte, las cuales vienen determinadas por el sistema de referencia del Principio de Realidad imperante.

Vivir una existencia silogística significa vivir desde y por los sueños de terceros, o siendo más precisos, los sueños impuestos por la realidad circunstancial predefinida por otros seres humanos (en este caso los señores del Mercado como controladores sociales). Un contexto donde a toda persona divergente, ya sea por naturaleza o convicción aprehendida, se le amputa de manera sistemática su voluntad de soñar -como germen de toda creatividad- por desgaste y negativa recurrente. Pues dentro de la caja social altamente blindada no hay más capacidad de crear otra realidad personal que la definida de serie.

Cuando la vida del hombre se convierte en un silogismo, el hombre como ser cocreativo de su propio destino está acabado. Los sueños, que como diría mi compatriota Calderón de la Barca sueños son, quedan relegados a un tiempo de gracia propio de la juventud. Fuera de la edad juvenil, que dicho sea de paso cada vez se limita más, los sueños por un mundo diferente quedan prohibidos de facto. La edad se penaliza, y el orden social fabril transmuta los sueños -y por extensión la creatividad de realidades alternativas- de aquellos que un día fueron jóvenes, en valores económicos medibles en términos de productividad eficiente, eficaz y efectiva.

Personalmente reconozco que como sujeto divergente, al igual que todo filósofo y humanistas diversos, no hay día que me levante sin la voluntad instintiva de rebelarme a vivir una vida sumida en el silogismo que obliga. Pero asimismo debo reconocer con cierta amargura, e incluso a veces desesperación, que un hombre en solitario poco puede hacer contra el imperio del Principio de Realidad (de la caja) que se muestra tan titánico como maquiavélico. Pero como dijo Don Quijote, aquel hidalgo caballero que luchó contra gigantes que en verdad eran molinos, “confío en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

Que nuestra vida no se reduzca a un silogismo existencial, pues aunque las circunstancias de todo hombre pueden derivar en una conclusión vital lógica, es justamente el hombre, como ser creativo por naturaleza, quien tiene la capacidad de hacer de la razón sinrazón la razón que cada cual se hace por cocrear una realidad alternativa por individual. A la lógica silogística que le den, que yo quiero continuar viviendo de los sueños creativos, pues solo soñando y creando persistimos en nuestra lucha cotidiana por permanecer como hombres libres, aunque sea en la clandestinidad social de nuestra propia intimidad.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano