martes, 28 de enero de 2020

Sin clase social media, no hay Democracia


El título de esta breve reflexión no puede ser más esclarecedor: sin clase social media, no hay Democracia. Pues la clase social media es el in medio virtus del espectro de clases sociales habidas en una sociedad. ¿Y qué pasa cuando no hay punto medio?, pues que solo quedan los extremos. O dicho en términos sociológicos, el espectro social existente se reduce a la clase alta y la clase baja, entendiendo en ésta última tanto la clase trabajadora como la no trabajadora en situación de pobreza real. Sí, sin clase social media, las sociedades quedan divididas bajo parámetros de su propia polarización, retrotrayéndonos a eras preindustriales.

Y, ¿cuál es la mecánica de la lógica social en una sociedad polarizada en clases sociales?. La respuesta es obvia: la dinámica de la organización social en dicho escenario en absoluto resulta nada equitativa, equilibrada y/o justa, por mucho que se guarden más o menos las formas, pues todo polo, por idiosincrasia, repele a su opuesto. La tendencia natural, por tanto, es el intento de los polos por dominar a su antagónico. Siendo vencedor aquel que ejerce una mayor fuerza contra su contrario.

En una sociedad compleja por global como la contemporánea, la fuerza reside en quién ostenta el poder económico, es decir, las riendas del Mercado. De lo que se deduce que la clase social alta, cuya identidad como clase social propia viene definida no tanto por su capacidad intelectual sino principalmente por su elevado nivel de rentas de trabajo o de capital, representa el segmento social con una mayor capacidad potencial de fuerza en una sociedad polarizada.

La fuerza, asimismo y como es bien sabido por todos, en una magnitud que mide la capacidad de transformación de una realidad singular. Una capacidad de cambio que lleva implícita una fuente de energía cinética que posibilita, en el ámbito social, un cambio tanto en positivo (evolución), como en negativo (involución). La fuerza ejercida desde la evolución la denominamos desarrollo social, mientras que aquella fuerza ejercida desde la involución la denominamos retroceso social. No obstante, ambas caras de una misma moneda (la fuerza) se materializan a través de dos vectores comunes: el control, que comporta vigilancia y verificación; y el dominio, que comporta autoridad y superioridad.

La incógnita del resultado de la fuerza social ejercida, como desarrollo o retroceso social en una sociedad polarizada, viene despejada por un factor humano tan relevante como indispensable en toda ecuación de esta naturaleza: el egoísmo humano. Una constante universal cuya participación provoca, en términos de matemáticas humana, que en toda sociedad polarizada, aquel extremo social con mayor capacidad de fuerza ejerza una energía de transformación mayor y en sentido contrario contra su extremo social opuesto para controlarlo y dominarlo en parámetros de retroceso social. Es decir, en una sociedad de Mercado polarizada, la clase social alta tiende a oprimir instintivamente y con descaro los derechos sociales de la clase social baja para interés y beneficio propio. Es por ello que diversas voces ya claman a cielo abierto que el Neoliberalismo (que es la filosofía que rige el Mercado capitalista) es contraria a la Democracia, pues tiende a suprimir los derechos sociales e individuales fundamentales que recoge ésta.

Pero igual ocurre en un teórico (y empíricamente demostrado históricamente) contexto de signo contrario, cuando es la clase baja la que ostenta una capacidad de fuerza mayor y en sentido contrario contra la clase alta. En este sentido, en un sistema referencial dual de extremos, en vez de una organización socio-económica de libre mercado nos encontraríamos frente a una organización socio-económica de mercado férreamente tutelado. Aquí diríamos que el Comunismo (como máximo exponente de un Mercado hipertutelado) es contrario a la Democracia, pues -de igual manera que el Neoliberalismo- tiende a suprimir los derechos sociales e individuales fundamentales que defiende una sociedad democrática.

De lo que se deduce, expuesto lo cual, que para la existencia viable de la Democracia, como sistema de organización humana que vela por la justicia y la equidad social como principios dignificadores de las personas a título individual y colectivo, ésta requiere de un hábitat social lo menos polarizado posible. Un efecto atenuante que solo es posible mediante el corpus orgánico de la clase social media, entendiéndose la misma tanto en parámetros de nivel cultural como de nivel económico.

Dime qué peso tiene la clase social media en una sociedad, y te diagnosticaré la salubridad de su Democracia.

La consiguiente pregunta obligatoria, por tanto, no puede ser otra que: si la ausencia de la clase social media pone en peligro la Democracia, ¿por qué no se toman medidas al respecto?. (Ver: ¿Por qué la clase media es la gran olvidada si aporta estabilidad económica, social y política?). Ésta respuesta, como en muchos otros casos, la encontramos sintetizada en una de las máximas clásicas más celebres de la humanidad: Nihil novum sub sole.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano