viernes, 17 de enero de 2020

¿Puede un robot patentar un invento propio?

Clones digitales creados por Samsung / StarLabs

Con esta pregunta me levantaba días atrás, tras leer un artículo de la revista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en el que el software Dabus AI intentó patentar en su nombre dos inventos, fruto de un acto de innovación propia sin intervención humana, con la consecuente negativa por parte de las administraciones correspondientes por tratarse de un inventor no humano. Es decir, el problema radica en un aspecto puramente de consideración legal. Por lo que la solución fácil, podemos pensar en una primera instancia, podría ser cambiar la legislación actual ampliando la autoría de inventos a una nueva categoría de creadores artificiales, ya que el papel -aunque sea de naturaleza jurídica- todo lo aguanta. Una opción nada descabellada si tenemos en cuenta el antecedente jurídico, con todas sus diferencias singulares, del orangután Sara a quien se le declaró en sede judicial como “persona no humana” y “un ser sintiente sujeto a derechos”. (Ver: Los dilemas de crear una nueva especie de ser humano). En el caso que nos ocupa, se trataría de un “inventor artificial” en calidad de “ser artificial sujeto a derechos”.

Pero la solución de cambio legislativo, a todas luces, no resulta tan fácil, pues contiene claras implicaciones de carácter moral. Y es aquí donde entra la Roboética. Pues si bien la adecuación de la legislación vigente a la capacidad inventora de los robots (como una nueva realidad innovadora) se enmarcaría dentro de la ética normativa, aquella que define las normas de aplicación en éste caso, toda ética normativa a su vez requiere de una deontología propia que debe determinar a priori el marco de los valores morales o virtudes (entendido como buenos hábitos de conducta) que deben seguir los robots en su acto autónomo de creación. Un punto este que, por un lado, la humanidad como colectivo aun no ha consensuado, y por otro lado implica la aceptación de la existencia de una conciencia propia por parte de los nuevos seres inteligentes (Ver: La conciencia artificial cuestiona la conciencia humana y La Ética mundial no puede estar en manos de los ingenieros informáticos). Materia ésta que, más allá de las famosas Tres leyes de la Robótica, sobrepasa la Roboética para ser materia de estudio propio de lo que denomino Robología: nueva rama de la filosofía que debe estudiar la naturaleza del ser artificial y su relación entre los mismos y con la realidad humana. Una asignatura pendiente de la que ya vamos preocupantemente rezagados como especie por la imparable robotización de la sociedad contemporánea. [Ver: Como seres imperfectos, ¿qué implica crear seres perfectos para corregir la imperfección humana? y La Roboética o la falacia de controlar a los robots (Teoría de la evolución Robótica)].

Sí, la era de los seres artificiales requiere de una Roboética normativa urgente, ya que esta es condición sine qua non para asentar las bases para la relación cotidiana de los robots en lo que se entiende como Roboética aplicada, es decir, aquella que determina la aplicación de las teorías éticas de los robots a cuestiones morales concretas y controvertidas. En el caso objeto de la presente reflexión sobre la idoneidad de los seres artificiales de patentar inventos de autoría propia, se derivan diversas preguntas prácticas, como pueda ser la capacidad de los robots de firmar contratos, otorgar licencias, cobrar royalties o presentar demandas por plagio respecto a sus patentes, con respecto a quién (personalidad jurídica humana o artificial) y bajo qué condiciones prácticas (moralmente hablando). Lo que está claro, visto los derroteros por los que transcurre la evolución humana, es que la innovación disruptiva de nuestras sociedades está en manos de la inteligencia artificial por limitaciones de la propia inteligencia humana (Ver: La IA substituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas), por lo que la autoría de las patentes de los robots es un tema candente a resolver. O, dicho en otras palabras, sin innovación artificial la evolución tecno-biológica del ser humano como especie queda seriamente comprometida en un estadio de congelación creativa.

Una solución intermedia, que no obstante no resuelve los grandes retos planteados por la Roboética en particular y por la Robología en general, es la distinción entre inventor y propietario de una creación patentada, pudiendo ser el inventor un ser inteligente y el propietario la empresa humana dueña de dicho ser inteligente.

Dicho lo cual, ante la pregunta que da título a la presente reflexión, ¿puede un robot patentar un invento propio?, la respuesta si bien es negativa en la actualidad, transmutará claramente en positiva en un futuro no muy lejano por imperativo del principio de realidad, en una realidad donde ser humano y ser inteligente van a coexistir como sujetos codependientes para la mejora de un mundo común. Pensar lo contrario es pecar de ingenuidad. Así como transitar hacia el nuevo paradigma social sin Filosofía (y filósofos) mediante, toda una irresponsabilidad. Ya va siendo hora que en las escuelas y cursos de inteligencia artificial, como punto de partida, se instaure la asignatura de Robología y Roboética.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano