sábado, 4 de enero de 2020

El hombre, un ser que habita en la frontera entre el orden y el caos


A escasos cuatro días del inicio del año nuevo, en una reedición de la década de los años veinte en plena era tecnológica, el hombre glocalizado contemporáneo parece inmerso en un caos. Tan solo hay que ojear las noticias tanto nacionales como internacionales de rabiosa actualidad para despejar la evidencia. Por lo que hoy me apetece especialmente reflexionar sobre el ser humano y su relación de coexistencia con el orden y el caos como sistemas vitales de referencia.

Principios de física a parte, si tuviéramos que asociar un estado emocional a los conceptos del orden y el caos, a nadie se le escapa que el orden nos evoca un estado parejo al de la tranquilidad y el relax por armonioso en el emocionario humano, mientras que el caos lo asemejamos a su extremo opuesto como un estadio de intranquilidad y tensión continua por discordante. Al menos en primera instancia. Pues en una segunda y más reflexiva revisión, el hombre -sobre todo el de nuestro tiempo- puede llegar a asociar de manera tan intuitiva como natural el concepto del orden con un estado de aburrimiento y el concepto del caos con un estado de diversión. Aunque, personalmente, poca diversión me parece el hecho de vivir de manera continua en un entorno caótico -por cambiante, confuso e indefinido-, por mucho que se viva al grito existencial del carpe diem.

Una comunión de contrarios que coexisten en la realidad humana derivado del hecho que el hombre, al fin y al cabo, no es más que una compleja micropartícula vibrante del Universo -un punto espacio-temporal orgánico- con frecuencias de ondas cerebrales tanto alternas como discontinuas, cuya secuencia frecuencial está profundamente determinada por múltiples inputs intrínsecos a su propio sistema referencial. Un naturaleza humana dual, por alterna, que posibilita que el hombre como ser animal coexista en la frontera entre los mundos del orden y el caos, pudiendo transitar de una a otra dimensión, con o sin voluntad propia mediante, por efecto directo de condicionantes tanto endógenos (necesidades biológicas singulares, como pueda ser la edad o los rasgos de personalidad psicoemocional) como por condicionantes exógenos (la arrolladora fuerza centrífuga de la realidad más inmediata en sus múltiples formas, ya sean éstas políticas, económicas, sociales, medioambientales, tecnológicas, etc.).

En este sentido, siendo el orden y el caos dos opuestos de una misma naturaleza, la humana, (como lo son el frío y el calor para la naturaleza de la temperatura), es evidente que el hombre requiere de ambas para su desarrollo evolutivo, ya sea a nivel individual como colectivo. No obstante, dichos opuestos no tienen una sola lectura, sino que cuentan con diversos niveles de connotaciones posibles para la realidad humana dependiendo de la materia de conocimiento sobre la que nos focalicemos. Así, podemos observar, entre otros, que:

1.-Desde un enfoque metafísico, el orden es la manifestación formal del principio de permanencia y de determinación, mientras que el caos es la manifestación formal del principio de impermanencia y de indeterminación (que no indefinible) existente en nuestro Universo.

2.-Desde un enfoque ontológico, y más específicamente de la física de la mecánica del ser, ambos opuestos, en su estado repulsivo en tensión continua, generan la fuerza motriz necesaria para el movimiento humano como especie dentro del flujo continuo de la vida.

3.-Desde un enfoque sociológico, por no decir antropológico, la polarización del orden ayuda a consolidar nuevos estadios evolutivos alcanzados por el ser humano, mientras que la polarización basculante en su contrario del caos deviene el revulsivo necesario para forzar saltos cualitativos (por alteración del principio de armonía del conjunto) dentro del propio estadio del orden que, por alternante, siempre es discontinuo.

Y, 4.-Desde un enfoque epistemológico, para la limitada capacidad cognitiva humana, el orden como concepto lo equiparamos a la categoría procedimental de la Lógica y la Razón, mientras que el caos como concepto lo asociamos a la categoría procedimental de lo ilógico y lo irracional.

Por otro lado, si bien orden y caos forman parte indivisible de la naturaleza humana (siendo fuerzas opuestas en continua tensión que determinan el principio de causalidad de la evolución de la misma), los seres humanos -en plenitud de nuestras sanas facultades psicoemocionales- tendemos a buscar estadios de existencia lo más prolongados posibles dentro de la dimensión real del orden a título incluso individual, en detrimento del caos. Pues, no en vano, las ideas innatas por apriorísticas de nuestra especie, que dan forma y consistencia a nuestra realidad desde el instante incluso anterior a la propia concepción, se fundamentan sobre estructuras de pensamiento lógicas y racionales, como es la geometría matemática como máximo exponente.

[Es por ello que asimismo podemos decir por razonamiento deductivo, y como apunte a esta reflexión, que el hombre como ser vivo, y en su dualidad, es un organismo mayormente reactivo, pues si bien el caos se manifiesta como una fuerza proactiva (capaz de implosionar, por ímpetu regenerativo, la realidad conocida), el orden es una fuerza reactiva del caos (capaz de armonizar, por imperativo apriorístico, la nueva realidad implosionada)].

No quisiera acabar, a modo de conclusión y tras la exposición realizada, sin comentar el hecho que:

1.-Si bien es cierto que el hombre habita en un espacio fronterizo entre el orden y el caos;

2.-Si bien es cierto, a su vez, que nuestra naturaleza -en su sano juicio- tiende a buscar y alcanzar un estadio existencial marcado por el orden;

3.-Siendo cierto, asimismo, que dicho orden es una manifestación formal del concepto apriorístico de la Lógica y la Razón como fundamento del sentido común de los hombres;

4.-No es menos cierto que hoy en día vivimos en unas sociedades recién entradas en el año 2020 donde dicho sentido común, a la luz de la Lógica y la Razón, parece mostrarse como el menos común de los sentidos.

En un tiempo protagonizado por un patente desplazamiento progresivo del centro de gravedad del fronterizo hábitat humano hacia el caos, más Lógica y Razón, por favor. Y en caso de incapacidad humana por fuerza mayor de orden natural cíclico, solo cabe prepararse para afrontar la previsible tempestad a falta que tarde o temprano regrese la calma (Ver: La vida personal y colectiva no es lineal, sino que sigue un patrón geométrico cíclico y Trump o el cumplimiento del movimiento pendular de la Historia). En tal caso, y como dijo el César, alea iacta est.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano