domingo, 22 de diciembre de 2019

¿Y si es la oscuridad, y no la luz, el origen de la vida? Entonces, ¿Dios es oscuridad?

Imagen de la oscuridad del Universo

Desde tiempos ancestrales el hombre celebra su predilección por la luz sobre la oscuridad mediante diversos ritos y ceremonias, como es el solsticio de verano, hoy en día más conocido como la festividad de la noche de San Juan, o la celebración del día de Navidad, que no deja de ser una alegoría humana del triunfo de la iluminación sobre las tinieblas. (Ver: Hoy, día de Navidad, celebramos nuestra eterna lucha del bien contra el mal). Una tendencia de nuestra especie como hijos y seres de la luz que somos por naturaleza biológica.

Es por ello que, por asimilación o bajo la lógica del principio de identidad, teorizamos sobre un posible ser superior creador de la naturaleza existente, al que popularmente denominamos Dios, como un ente esencialmente luminoso. O, dicho en otras palabras, Dios (como ente conceptual creador de la realidad) es Luz porque el hombre, como presunta creación de éste, es un ser que vive y se desarrolla en una realidad inmersa dentro del espectro visible de la radiación electromagnética que conocemos como luz. Y en esta asimilación de conceptos, profundamente determinista por nuestra propia biología, elevamos la idea de la luz a la categoría de noción de Vida y, por contra, equiparamos la oscuridad a la idea de muerte o de no-Vida.

No obstante, hoy en día sabemos que la luz visible nace de la materia, mediante la acción mecánica de los saltos de los electrones en los orbitales de los átomos, y que dicha dinámica provoca que la materia emita radiaciones muy variadas, entre las que se encuentran las vibraciones electromagnéticas cuya frecuencia de onda (que va desde los 380 mm hasta los 780 mm de longitud de onda) genera la habituada luz visible al ojo humano. Y aunque en la actualidad todavía es un misterio por resolver para el ser humano cómo se creó la materia -de la que nace la luz-, una asignatura pendiente que la teoría de la gran explosión del Big Bang no explica, tan solo sabemos, por un lado, que la materia no se crea de la nada sino que es el resultante de la energía cinética generada por la fricción que se produce cuando colisionan entre sí partículas elementales y, por otro lado, que dicha materia generadora de la luz visible tan solo representa el 5 por ciento del total del Universo. Es decir, que el Universo está compuesto principalmente de un gran vacío formado en un 95 por ciento de materia oscura (que no emite radiación electromagnética alguna, con un 25 por ciento del total) y por energía oscura (cuya naturaleza desconocemos, y que ocupa un 70 por ciento del total).

La realidad es que el ser humano vive en un Universo rodeado de un vacío absoluto donde la oscuridad reina en el espacio, en medio de la nada más absoluta. Una nada universal que no solo se hace cada vez más grande, sino que determina la fenomenología de la materia visible, es decir que determina la creación y desarrollo del conjunto de las galaxias existentes, y por tanto de la existencia de nuestro planeta y, con él, de nuestra propia especie como seres vivos. (Ver: ¿Y si el Universo fuera el cerebro de un ser superior? En tal caso, ¿existe Dios?, y ¿qué es el hombre?). Por lo que podemos afirmar que, contrariamente a lo que suponíamos, no parece que la oscuridad nazca de la luz como efecto causado por la ausencia de ésta, sino que la luz nace de la oscuridad.

Así pues, si la luz nace de la materia, y la materia se crea en el seno de una inmensa oscuridad, si determinamos que quien crea la luz es Dios (para nuestro limitado entendimiento humano), podemos concluir que ¿Dios es oscuridad?. Bajo la ley de la Lógica del principio de no contradicción, así es. De lo contrario caemos en un reductio ad absurdum.

Por lo que, si así fuera, si Dios es oscuridad y no luz, entonces nos veríamos obligados a redefinir uno de los primeros preceptos atemporales y aculturales del concepto humano sobre Dios a lo largo de la historia de la humanidad, que no es otro que Dios no es Vida sino Muerte. A lo que la pregunta consiguiente, para armonizar los contrarios opuestos resultantes entre la naturaleza de muerte de Dios (como ser creador) con la naturaleza de vida de los hombres (como criaturas creadas), no sería otra que: ¿puede la muerte generar vida?. Desde un punto de vista biológico, la respuesta es absolutamente negativa. Pero desde un punto de vista físico, la respuesta es rotundamente positiva, sobre la base que todo continuo no es más que una suma de singularidades. Aunque este es trigo de otro costal.

En todo caso, con independencia de si se cree en la existencia de Dios (en sus múltiples variantes de credos habidos y por haber) como si se cree en su no existencia, así como independientemente de la lógica argumental de la presente reflexión, aunque la razón me aboca a pensar que somos unos minúsculos seres del Universo creados por su inmensa naturaleza oscura, opto en pleno uso de mis facultades emocionales a querer creer desde la fuerza del sentimiento que somos seres creados desde y para la luz, una luz que no solo es maravillosa per se sino que es vida. Quizás, quien sabe, tan solo sea una actitud pueril fruto del instinto de supervivencia primitivo innato a la biología de todo ser vivo que subyace en cada una de nuestras células. Y aun consciente que dicho pose conductual pueda tratarse de una muy probablemente creída mentira autocomplaciente. Pero, al fin y al cabo, todos tenemos derecho a vivir nuestra caduca vida mundana como mejor podamos y sepamos, pues nadie va a vivir la vida por nadie, y ningún humano -de eso estoy convencido- va a poder dar respuesta categórica por certera sobre las grandes preguntas de nuestra existencia. Pues frente al Universo tan solo somos menos que una simple bacteria. Así que seamos inteligentes y disfrutemos de la luz, ya que es un regalo fugaz de la oscuridad.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano