domingo, 29 de diciembre de 2019

La Productividad actual lleva a la Desigualdad Social


¿Quién puede vivir sin dinero? Hoy en día, prácticamente nadie, a no ser que se viva al margen de la sociedad. Pues toda sociedad humana se desarrolla sobre la base de un sistema económico de Mercado. Es decir, es un sistema económico en tanto en cuanto genera la riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios requeridos para cubrir las necesidades de la sociedad, y es de Mercado porque asimismo es un espacio público en el que no solo se manifiesta la oferta y la demanda de dichos bienes y servicios, sino que a la par es donde se determina el precio, como valor monetario, de los mismos. Un sistema económico de Mercado que, por otro lado y específicamente en el mundo occidental contemporáneo, cabe señalar que se articula sobre los principios de una filosofía concreta conocida como Capitalismo, como es bien sabido por todos.

El Capitalismo, por tanto, siendo el medio natural para el desarrollo de la realidad humana occidental (al menos desde el origen de los gremios, que es tanto como aludir al origen de la civilización) se ha convertido en la naturaleza substancial del hombre contemporáneo. Aunque, ajustados a Historia, es de obligada anotación puntualizar que el Capitalismo como concepto económico de organización social stricto sensu nace a partir del siglo XVI (concretamente en Inglaterra y como sustitución del feudalismo). Pero puntualizaciones históricas a parte, lo relevante de la presente narrativa es tener clara la idea de que nuestras sociedades se desarrollan como estructuras orgánicas capitalistas, como es por todos conocido y asumido. Es decir, a nivel económico nuestras sociedades se articulan sobre tres ejes fundamentales: el derecho a la propiedad privada en los medios de producción, la importancia del capital como generador de riqueza, y la asignación pública y privada de recursos a través del mecanismo del Mercado.

Y es justamente sobre la dinámica del mecanismo del Mercado donde pretendía llegar, tras esta pequeña introducción, para despejar el quid de la presente reflexión. Así pues, centremos en este punto el nudo argumental desglosado en tres premisas:

1.-A nadie se le escapa que el rasgo característico por excelencia del Mercado en un sistema económico capitalista, además de devenir su factor clave de sostenibilidad, no es otro que la Productividad (entiéndase aquí como capacidad de producción por unidad de trabajo).

2.-La Productividad, en pleno siglo XXI, ha tomado el sendero de la aceleración exponencial a causa de factores como la globalización, la superpoblación, la saturación de la competencia sectorial en términos de oferta de productos y servicios, la carrera de la innovación como instrumento de competitividad, o la tecno sobreexplotación de recursos naturales y artificiales, entre otros.

Causas (vinculadas al principio del punto crítico) cuyo análisis descarto como objeto de la presente reflexión. Pues más que las causas me interesa los efectos sociológicos de la Productividad, no tanto en su connotación claramente negativa respecto a la capacidad real que tiene el hombre contemporáneo de desarrollar su libertad individual en este contexto [reflexión recogida en “Hemos caído en la trampa existencial dela esclavitud de la Productividad (en quiebra)”], sino en relación al aumento progresivo de la flagrante Desigualdad Social existente en nuestra sociedad.

y, 3.-La Productividad, en nuestra era, se vincula a la Desigualdad Social. Pero, ¿cómo es posible dicha asociación?, podemos preguntarnos. Ya que, contrariamente, parecen conceptos antagónicos. De hecho, lo cierto es que intuitivamente, por programación neurocultural, asociamos la Productividad a un mayor grado de Bienestar Social. Pero la realidad nos demuestra otra evidencia bien diferente: la riqueza producida por la Productividad en las últimas décadas, en lugar de generar sociedades más equitativas, han creado una galopante y profunda brecha social entre aquellos con más rentas de trabajo y de capital (ricos) versus aquellos otros con menos rentas de trabajo y mayormente exentos de rentas de capital (pobres).

La respuesta a este enigma, a modo de conclusión de las premisas presentadas por razonamiento inductivo, es sencilla: la diferencia entre Productividad y equidad social se debe a las políticas de explotación laboral, provocando que los trabajadores de nuestro tiempo trabajen más y ganen menos. O dicho en otras palabras, la Productividad en un mercado con lógica capitalista empobrece al trabajador y genera Desigualdad Social. [Ver: La estafa de ser pobre (modelo Ponzi)]

En este sentido la Productividad se comporta, en términos de concentración de capital y por tanto de riqueza, de manera semejante a la fuerza gravitatoria universal que provoca que toda la materia existente -galaxias incluidas- se vaya concentrando en un solo punto del cosmos, dejando el resto del universo inmerso en un gran vacío. Un efecto social observable en el punto actual de la historia de la humanidad causado, principalmente, por el hecho que el capitalismo como sistema económico de organización social ha alcanzado niveles críticos en materia de explotación de recursos naturales, fabriles y humanos.

Por lo que podemos afirmar, en la actualidad y como evolución natural del Capitalismo que ha alcanzado un punto de inflexión histórico, que la fuerza de Explotación Laboral que ejerce una persona puntual con Capital 1 sobre otra persona con Capital 2 es directamente proporcional al producto de los capitales, y directamente proporcional al cuadrado del estatus de la Clase Social que les separa, y donde la Producción actúa como constante que determina la intensidad de la fuerza de atracción productiva entre personas de diferente capital dentro del Mercado. Una respuesta a modo de nomenclatura que, escrita como formulación, sería como sigue:

EL = P [(C1 C2) CS²]

Donde EL es la fuerza de explotación laboral, P la constante de atracción productiva del Mercado, C el capital y CS la clase social elevada al cuadrado. Una formulación de la que podemos extraer las siguientes conclusiones:

1.-La fuerza de Explotación Laboral siempre es atractiva entre personas con Capitales diferentes. (Base del Capitalismo)

2.-La fuerza de Explotación Laboral tiene alcance infinito dentro del Mercado. Dos personas con Capitales diferentes, por muy alejados que se encuentren, experimentan esta fuerza. (Base de la Globalización)

3.-La constante de la Productividad determina la intensidad de atracción productiva de Mercado entre personas con Capitales diferentes. (Base de un sistema económico de libre competencia)

4.-A mayor distancia de Clase Social mayor fuerza de Explotación Laboral, y a menor distancia menor fuerza de Explotación Laboral. (Base del Mercado laboral)

Ante esta situación, la pregunta no puede ser otra que ¿cómo revertimos dicha tendencia?. ¿Cómo trasformamos la Productividad en una fuerza motriz de Bienestar Social en vez de ahondar en su actual naturaleza como generador de Desigualdad Social, en términos de colectividad?. La respuesta se haya en la redefinición de los principios rectores del Capitalismo, pero no desde un enfoque marxista, sino desde una misión y visión de un Capitalismo Humanista (Ver: El Capitalismo neoliberal ha muerto ¡Viva el Capitalismo Humanista!). Introducir el vector del Humanismo de manera transversal en la filosofía capitalista equivale a entender que la maximización de la libertad individual del hombre para perseguir su propio interés no es sinónimo de maximización del bienestar colectivo, como creían primero Keynes y luego Friedman con todas sus diferencias, pues el hombre si bien es un ser social por naturaleza asimismo es un ser egoísta por esencia (Ver: La exaltación del Egoísmo: el éxito del Capitalismo).

En esta línea, a la formulación anteriormente descrita del fenómeno contemporáneo de la Explotación Laboral que contiene la Productividad como constante que determina la intensidad de la fuerza de atracción productiva entre personas de diferente capital dentro del Mercado, produciendo que los trabajadores trabajen más y ganen menos (fundamento de la Desigualdad Social), requiere de una urgente implementación de un Principio de Correspondencia que establezca que la Productividad del Mercado deba de emerger como una aproximación simétrica al Bienestar Social colectivo a medida que los sistemas de referencia (entiéndase aquí Mercado y Sociedad) aumentan de tamaño. Es decir, el derecho a la propiedad privada en los medios de producción, la importancia del capital como generador de riqueza, y la asignación pública y privada de recursos a través del mecanismo del Mercado deben tener una relación de complementación directa con un Estado de Bienestar Social como medio para garantizar la equidad y la justicia social como máximas de toda sociedad.

Solo mediante la aplicación de un Principio de Correspondencia entre Mercado y Sociedad podremos presentar batalla a la Desigualdad Social. En caso contrario, como ya es patente, la célebre frase de Hobbes de “el hombre es un lobo para el hombre” se erigirá cada vez con mayor fuerza como la máxima de nuestros tiempos. A falta del Principio de Correspondencia, que cada cual se salve como pueda, pues la bestia de la Productividad sin control se crece en la política de la tierra laboral quemada.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano