martes, 17 de diciembre de 2019

¿Y si el Universo fuera el cerebro de un ser superior? En tal caso, ¿existe Dios?, y ¿qué es el hombre?


¿Y si lo que llamamos Universo no fuera más que el cerebro de un ser superior? Si fuera así, la vida del ser humano como especie del planeta Tierra, dentro del sistema solar perteneciente, a su vez, a nuestra galaxia denominada Vía Láctea, no sería más que una parte de la estructura neurológica de dicho cerebro. Una idea nada descabellada a la luz de los últimos descubrimientos científicos, los cuales apuntan que todas las galaxias -que es lo mismo que nombrar a toda la materia luminosa del Universo-, se estructura de manera organizada en forma de filamentos conectados entre sí mediante nodos a imagen y semejanza sorprendente de los patrones de nuestras redes neuronales.

De hecho, nuestro sistema solar se encuentra en el borde de unos de éstos ríos luminosos de galaxias, a cuyos lados solo existe un gigantesco vacío cósmico en el que no hay nada, siendo el que contiene la Vía Láctea un agujero que mide mil millones de años luz y que recibe el nombre de vacío KBC (siglas de los científicos descubridores de la Universidad de Huwaii). Casi nada. Sin mencionar que, cada uno de estos filamentos, incluido el propio al que pertenecemos, cuentan con cientos de miles de galaxias, y que cada galaxia contiene cientos de miles de sistemas solares donde todos, sin excepción, se mueven de manera sincronizada entre los mismos, como si de una estructura orgánica se tratase. Y aún más, todo este ramillete de filamentos formado por grupos de galaxias que rotan en un mismo sentido se agrupan en lo que se denomina continentes galácticos, siendo el nuestro al que pertenecemos conocido como Laniakea (“cielo inmenso” en hawaiano), que está formado por cien mil galaxias. Y, por si fuera poco, todas las galaxias que forman los filamentos no están en una posición estática sino que, como si de un proceso de sinapsis neuronal se tratase, son atraídas por sus nodos de filamentos más cercanos. En nuestro caso, el de la Vía Láctea, nuestro nodo más próximo se denomina Supercúmulo de Shapley, el cual está formado actualmente por 76 mil galaxias, y al que nos dirigimos como parte de nuestra galaxia a una velocidad de 630 metros por segundo.

Ciertamente la escala se nos antoja casi inconcebible por gigantesca para la percepción humana, pero tanto su estructura como funcionamiento orgánico tiene un semblante extraordinario con nuestro cerebro, recordando los filamentos de galaxias al axón neuronal, que tiene la misión por una parte de unir a las neuronas entre sí y por otro lado de conectarse con cientos o miles de otros axones dando origen a los nervios que conectan al sistema nervioso con el resto del cuerpo, así como el nodo de los filamentos (Supercúmulo de Shapley) recuerda al cuerpo celular de la neurona, cuya estructura está formada por las células de apoyo ubicadas en el axón (galaxias de los filamentos).

Es por todo ello que uno no puede dejar de cuestionarse, volviendo a la pregunta inicial, si lo que llamamos Universo no es más que el cerebro de un ser superior. En tal caso, cabría replantearse los grandes temas de reflexión filosófica, comenzando por algunas de las cinco grandes preguntas existenciales clásicas que ya planteó Aristóteles en su día: ¿existe Dios? y, ¿qué es el ser humano?. Sin intención de desarrollar ningún tratado al respecto, me permito la osadía, a modo de pequeño juego reflexivo, de hacer una breve aproximación de carácter profundamente especulativa.

¿Existe Dios?
Si adoptamos como axioma de esta reflexión especulativa la idea de que el Universo es el cerebro de un ser superior, y sobre la base de las leyes clásicas de la Lógica, concluiremos que:

1.-Dios existe porque Dios es idéntico al Universo como cerebro de un ser superior (Principio de Identidad).

2.-Dios existe porque el Universo como cerebro de un ser superior no puede ser Dios y no serlo al mismo tiempo y en el mismo sentido (Principio de no contradicción).

3.-Dios existe porque es verdad que el Universo como cerebro de un ser superior es de Dios o no es de Dios (Principio del tercero excluido).

Formulaciones que, por otro lado, deben excluirse de cualquier parámetro teológico, pues no es mi intención hacer vinculación alguna con ningún credo religioso, más allá de identificar la idea teórica de Dios con el concepto de un ser fantástico y sobrenatural de naturaleza omnipresente, es decir, como un ente que está en todas aquellas partes que conforman nuestra realidad, sin que ello sea equivalente a definirlo como omnipotente (puede hacer todo) y omnisciente (lo sabe todo). (Ver: Reflexiones de Dios sobre la humanidad y Sacerdotes:relatores de mitos que juegan con la esperanza de los hombres).

¿Qué es el ser humano?
Mientras que respecto a la pregunta sobre qué es el ser humano, si igualmente adoptamos la idea de que el Universo es el cerebro de un ser superior como axioma de esta reflexión especulativa, y sobre la base lógica del Trilema de Epicuro, concluiremos que:

1.-¿Quiere el ser humano ser un ente independiente del Universo como cerebro de un ser superior, pero no puede?, entonces es un ser perteneciente del cerebro de un ser superior.

2.-¿Puede, pero no quiere?, entonces es impotente.

3.-¿Puede y quiere?, entonces ¿de dónde sale el ser humano?.

Obviamente, partiendo del axioma objeto de reflexión, el ser humano sale del Universo como cerebro de un ser superior como conclusión del trilema lógico. Lo cual abre un amplio abanico de razonamientos posibles, dependiendo de la materia en que nos focalicemos. Aunque personalmente y en estos momentos sólo me interesa una: la epistemológica, es decir, la que estudia la capacidad del conocimiento humano. Y más particularmente la relativa a las ideas innatas en el sentido más estrictamente platónico, o sea, aquellas que determinan nuestra manera de entender el mundo desde el momento incluso anterior a nuestra propia concepción, como puedan ser los valores universales o la geometría. En esta linea, y a modo de síntesis, desarrollemos un pequeño teorema en dos niveles:

Primer nivel:

Si el ser humano es un producto del Universo como cerebro de un ser superior, y el ser humano se relaciona con el mundo sobre la base cognitiva de unas ideas apriorísticas, ergo el conocimiento del hombre se fundamenta en las ideas innatas del cerebro de un ser superior.

Segundo nivel:

Si el ser humano fundamenta su capacidad cognoscente en las ideas innatas del cerebro de un ser superior, y dicho cerebro cósmico tiene una fenomenología de naturaleza orgánica, ergo las ideas apriorísticas del ser humano son fruto de una parte concreta de la dinámica fisiológica cósmica.

Por lo que a modo concluyente se puede afirmar que el ser humano es, en esencia, efecto causal de la dinámica neuronal de una singularidad del cerebro universal de un ser superior, en una escala semejante a la relación de la naturaleza de una bacteria intestinal con la lógica fisiológica de nuestro organismo. Una conclusión minimalista de la naturaleza del ser humano que, por otro lado, ya avancé en reflexiones como “El estudio de los Planetas: la dimensión insignificante de nuestra especie”, “En una era postgeocéntrica, la noción del Universo es un baño de realidad para el egocentrismo humano”, y “El Positivismo Pseudoreligioso: la trampa hacia la infelicidad de los pusilánimes”.

Aunque, haciendo justicia a la verdad, esta humilde reflexión sobre metafísica y ontología no es más que pura especulación. Siendo consciente que servidor solo sabe que sabe menos que Sócrates. Por lo que cada cual, en el ejercicio legítimo de su derecho natural de libre pensamiento, crea aquello que decida creer. Que la vida son dos días.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano