jueves, 7 de noviembre de 2019

Teorema del Profesor Contemporáneo (menospreciado socialmente)


Esta mañana, mientras iba camino de hacer una gestión doméstica, me ha llamado la atención un pequeño cartel colgado en lo alto de una farola que fácilmente puede pasar desapercibido para transeúntes despistados. Al acercarme, he podido leer: “Los alumnos de tercero de primaria (del Instituto-Escuela Costa de Llobera) hemos hecho un taller de astronomía. Hemos instalado en clase una esfera de un metro y medio de diámetro, que representa el Sol, y hemos ido colocando a proporción de distancia los planetas sobre un plano de Barcelona. El planeta Saturno, queda aquí...”. Y en el cartel puede verse una flecha que señala el lugar de la calle, con una inscripción interna que reza: “A 1.537 metros de nuestro instituto. Saturno, de 130 mm. de diámetro”. Qué decir sino: ¡bravo por los profesores!. Acciones como ésta se definen como pedagogía, un palabro moderno en boca de muchos que, sin embargo, requiere de una actitud docente tan antigua como la profesión de profesor que pocos -de otros perfiles sectoriales- tienen: la vocación. (Ver: Conoce la fórmula de la Vocación). En este caso, me refiero a la vocación de enseñar.

Y es que en los tiempos que corren, si alguna profesión es vocacional ésta es justamente la del docente. Pues hay que tener vocación para enseñar conocimientos y valores que son devaluados, por no decir menospreciados, fuera de las aulas. Hay que tener vocación para seguir enseñando en una sociedad en la que la figura del profesor, como activo social, está públicamente vilipendiada. Hay que tener vocación para seguir impartiendo clases, cuyo esfuerzo de preparación y evaluación sobrepasan las horas lectivas consumiendo un inestimable tiempo privado, en un país que no permite a más de la mitad de los profesores poder vivir de su sueldo. (Ver: España, viento en popa ya toda vela hacia un país eminentemente de camareros). En definitiva, hay que tener vocación para ser profesor en una sociedad que no respeta a los profesores.

Pero, ¿nos hemos parado a pensar qué significa la falta de respeto hacia el profesorado?. No respetar, en el sentido de proteger y cuidar a los profesores tanto a nivel de prestigio social como de dignidad retributiva, no significa otras cosa, ni más ni menos, que el hecho de vivir en una sociedad en la que no importan los jóvenes. Pues éstos dependen, para su buen y sano desarrollo como personas, de aquellos. Lo que equivale a afirmar que no nos importa ni el futuro de nuestro relevo generacional, ni tampoco, por extensión, el futuro de nuestra propia sociedad. Lo que denota una miopía de nuestra era, que solo vive por y para el presente inmediato.

Asimismo, frente al flagrante menoscabo de los profesores, la pregunta obligada no es otra que ¿entonces, a quién estamos otorgando valor como sociedad para la enseñanza de nuestros jóvenes en una entorno que solo se focaliza en la inmediatez?. La respuesta es clara: en los valores educativos (por tanto epistemológicos, morales y conductuales) que marca el Mercado a través tanto de su cultura de consumo hedonista, como de los principios rectores de su filosofía productivista. Y como el Mercado se rige bajo la lógica del flujo impermanente de la oferta y la demanda, en un mundo sobrepoblado (Ver: Sobrepoblación mundial, efectos socio-económicos y políticos a corregir), la sobresaturada cantera de mano de obra productiva futura (nuestros jóvenes) resulta un activo insignificante en términos de estrategia empresarial a corto y medio plazo en un sistema económico volátil en continuo cambio y transformación. Es decir, que el Mercado no busca ni se le espera que se preocupe por el nivel educativo de nuestros jóvenes como beneficio social, sino que tan solo le interesa aquellos jóvenes a título individual capaces de adaptarse a un entorno cambiante como manifestación de superación y progreso personal para su beneficio privado. He aquí la máxima capitalista que rige el Mercado: la apología de la individualidad. (Ver: La exaltación del Egoísmo: el éxito del Capitalismo). Que poco o nada tiene que ver con los intereses de la res publica.

A modo de resumen, por tanto, podemos sintetizar el escenario docente presente mediante la estructuración de un sencillo pero clarificante Teorema del Profesor Contemporáneo:

1.-La sociedad se ha mercantilizado hasta su médula orgánica en la búsqueda de un beneficio inmediato.

2.-El Mercado, que se ha apropiado de la voluntad de la sociedad, desvalora a los profesores tanto por prescindibles como proveedores de su lógica productivista, como por devaluación de los jóvenes como excedente productivo.

3.-La sociedad, ciega por inconsciencia e hipocresía frente al trato del Mercado contra sus hijos, desvalora a los profesores.

4.-Los profesores, en el ejercicio de una resistencia basada en su vocación educativa mediante el uso de la libertad de cátedra, son a día de hoy menospreciados por ir en contra de la religión del Mercado. (En una versionada acusación trasnochada que llevó en su día al maestro Sócrates a la picota de la cicuta).

Es por ello que esta mañana, frente al cartel colgado de la farola en medio de la calle, no he podido dejar de percibir, más que un acto pedagógico (que también), un acto manifiesto por público casi contestatario de resistencia docente tan necesitada en nuestros días. Por lo que de profesor a profesor os digo: a vosotros, que aun malviviendo mantenéis intacta la vocación y la dignidad de la enseñanza en tiempos difíciles como los que nos ha tocado vivir, no desistáis en la tenacidad de vuestro activismo silencioso, pues la sociedad y con ella nuestros jóvenes nos necesitan, aunque no lo sepan y mucho menos lo agradezcan. El servicio social de enseñar el saber y de ayudar al crecimiento personal de futuros adultos no tiene precio, aunque los bienes materiales para nuestro sustento diario sí los tengan. Libertas capitur, sapere aude.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano