jueves, 28 de noviembre de 2019

Quousque tandem abutere, nacionalista catalán, patientia nostra?


¿Hasta cuándo abusarás, nacionalista catalán, de nuestra paciencia?. Con ésta célebre frase tuneada de Cicerón, dirigida en su contexto histórico al senador Catilina por sus claras intenciones de hacerse con el poder absoluto, deseo manifestar públicamente mi preocupación como hombre de razón por la relevancia de rabiosa actualidad que ostenta el nacionalismo catalán en la configuración futurable de la realidad política española. Lo cual me lleva a reflexionar sobre el nacionalismo regionalista de carácter general, y sobre el nacionalismo catalán de manera particular.

Origen romántico
En primer lugar, determinemos el origen de los nacionalismos regionales en España para entender tanto su naturaleza como evolución histórica posterior, catalogada hoy en día como “milenaria” para desconocimiento de muchos. En este sentido, cabe aclarar que el nacionalismo catalán surgió a finales del siglo XIX, originariamente de un grupúsculo residual de la población catalana que se autodefinían como “extraños en casa propia” al calor de un autocomplaciente sentimiento de incomprensión pseudointelectual (la Lliga Catalana, con Cambó como líder y Prat de la Riba como ideólogo), fruto del espíritu del Romanticismo de la época caracterizado por la exaltación sentimental de algunas tradiciones populares y de otros imaginarios rescatados de la Edad Media (como el supuesto Reino de Cataluña que nunca existió).

Rasgos delirantes
En segundo lugar, definamos los rasgos característicos del nacionalismo regionalista, tomando como parámetro de referencia el nacionalismo catalán. A grosso modo podemos relacionarlos como sigue:

-Reinvención de la Historia.
-Defensa de una supuesta raza propia.
-Actitud de ataque al resto de España mediante la creación de una historia de agravios.
-Sentimiento de superioridad ultrajada.
-Catalogación de la representación del Estado en Cataluña como de “invasor español”.
-Exaltación desmesurada de lo autóctono.
-División de la ciudadanía entre catalanes buenos y catalanes malos.
-Adoctrinamiento de las nuevas generaciones en una psicología victimista y exclusivista.
-Capitalización de la inmigración con la promesa de adhesión a la causa por un futuro mejor.
-Autoproclamación como representantes legítimos del conjunto del Pueblo.
-Uso de una propaganda totalitarista con la connivencia de recursos institucionales.
-Aceptación de resultados electorales siempre y cuando no sean adversos.
-Gestión de políticas no democráticas.
-Fomento de la fractura y el resentimiento social.
-Anhelo por la creación de un Estado propio de régimen republicano.

Aportación nefasta a la política española
Y, en tercer lugar, hagamos una rápida observación histórica de la aportación del nacionalismo catalán a la política española desde su origen hasta la actualidad:

-En el Régimen Liberal de la Restauración (1874-1923), donde los nacionalismos regionalistas nacen, crecen y se organizan ante un débil reinado de Alfonso XIII, los nacionalistas catalanes socavan la política española con la proclama sacada de la chistera del reclamo fantasioso de los denominados “Países Catalanes”.

-En la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), la cual se gesta desde Barcelona con la complicidad de los nacionalistas regionalistas y los antiliberales (que ayudan a hacer caer el régimen anterior) y a causa de la incapacidad de los poderes constitucionales de cumplir su función, los nacionalistas catalanes despliegan la cultura popular catalana mediante el fomento de la lengua propia divulgada en diarios y libros catalanes exentos de censura. Son los tiempos en los que se crea la hoy en día famosa festividad literaria del “Día de Sant Jordi”.

-Ya en la II República (1931-1939), los nacionalistas catalanes con Macià a la cabeza (que proviene del partido Estat Català y que funda el nuevo partido denominado Esquerra), no solo plantea por primera vez la Autodeterminación de Cataluña, sino que al caer la monarquía toma el poder en Barcelona con el apoyo inicial de los sanguinarios anarquistas de la CNT y proclama la República Catalana (rompiendo así el marco constitucional español del denominado Pacto de San Sebastián). Son tiempos en que el nacionalismo catalán, a través del partido imperante Esquerra, “utiliza fraudulentamente las instituciones autonómicas para organizar una larga serie de acciones subversivas y provocar entre la población un estado de ánimo propicio a la revuelta”, como bien describe el entonces presidente Azaña. Tanto es así, que Esquerra llama al pueblo catalán a alzarse en armas.

A partir de aquí y tras la ruptura del Pacto constitucionalista de San Sebastián por parte de los nacionalistas catalanes, en el conjunto del Estado, y junto a la expansión del anarquismo y el auge de las izquierdas republicanas, se quiebra el orden democrático y la convivencia social en una oleada de asesinatos, asaltos a partidos políticos y periódicos conservadores, con quema de iglesias incluidas, llegando a asesinar al líder de la derecha Calvo-Sotelo (por parte de policías y milicias socialistas). Lo cual, todo en su suma, lleva a la ruina de la República y al inicio de la Guerra Civil española.

-Durante la Guerra Civil (1936-1939), y más específicamente en el otoño de 1938 en que se está librando la terrible Batalla fratricida del Ebro, un grupo de nacionalistas catalanes recurren en última instancia a Londres en calidad de Jefes de Estado de Cataluña, ante la inminente pérdida de la guerra, y proponen crear un país propio sin conseguir ningún resultado.

-En época de la Dictadura de Franco (1939-1975), los nacionalistas catalanes no oponen resistencia alguna, más que la denominada “resistencia cultural” en los últimos años de la Dictadura, y el partido Esquerra queda desprestigiado popularmente.

-Y por último, ya en la época de la joven Democracia contemporánea nacida en 1978, el nacionalismo catalán crece y se rearma mediante un sistema clientelar basado en el uso partidista de los recursos públicos por institucionales, y en una clara y decidida política de inmersión cultural de corte nacionalista regional. Hasta los días que nos acontecen en el que vuelven a reclamar la Autodeterminación de Cataluña, con un amago fallido de autoproclamación de la República Catalana, una política nefasta acompañada del recorte de libertades individuales a nivel interior (generando una situación crítica y preinsurreccional), y de una vasta campaña de desprestigio internacional contra España como Estado democrático de Derecho a nivel exterior.

Por lo que si tuviéramos que concluir sobre la aportación del nacionalismo catalán a la política española a lo largo de su casi siglo y medio de existencia, podemos afirmar sin error de equivocarnos históricamente que su deslealtad institucional (por enajenación imaginaria) tanto a la legalidad de la Restauración como de la II República, en complicidad con los antisistemas de turno, contribuyeron claramente al derogamiento de los sistemas democráticos y al surgimiento de las dictaduras tanto de Primo de Rivera como de Francisco Franco, sangre fratricida mediante. Todo un balance muy alentador.

Un futuro incierto en manos del nacionalismo catalán
Hecho un repaso sumarísimo sobre la historia política reciente, es necesario señalar que el hombre aprende a través de la experiencia vital, y la experiencia vital, ya sea individual o colectiva, constituye nuestra Historia. Es por ello que a la luz de la experiencia de nuestra Historia social común, uno no puede dejar de preocuparse por el contexto actual de una realidad política, convulsa, profundamente convulsa, en la Cataluña de los últimos años. Un contexto de rabiosa actualidad que contiene, como huellas aun calientes de un pasado reciente, denominadores comunes latentes en nuestra Historia política del último siglo.

Por un lado podemos observar que, a día de hoy, en Cataluña gobierna la Esquerra extremista propia de la II República (ya sea la Esquerra Republicana de Catalunya del procesado Junqueras o el Junts Per Catalunya del evadido Puigdemont, pues tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando), que no solo persiste en su reclamo al derecho de la Autodeterminación para lograr un Estado Catalán independiente (con plena implicación de flagrante deslealtad por parte de las instituciones catalanas), sino que se alinea con grupos antisitemas (CUP, CDR's, Tsunami Democràtic, etc) para alterar hasta el extremo de resistencia el corpus del orden constitucional que garantiza los principios rectores de nuestra Democracia. Es decir, el actual Gobierno de Cataluña trabaja con descaro público y desafío institucional expreso en la ruptura de la unidad territorial de España, y en la quiebra del sistema democrático.

Mientras que por otro lado, podemos observar a su vez que éstos mismos nacionalistas catalanes, cuyo electorado suma tan solo el 5% del conjunto de votantes del Estado (3% de Esquerra Republicana), tienen de facto la llave para la investidura del nuevo Gobierno de España: un proyecto político que cabalga sobre la coalición de una izquierda moderada (y maleable) como es el PSOE de Pedro Sánchez, y otra izquierda más extremista e incluso antisistema como es el Podemos de Pablo Iglesias. Los cuales no hacen amago alguno a la hora de difundir públicamente su voluntad de reformar el orden constitucional establecido, en un claro guiño desacomplejado para con una III República. Es decir, el proyecto de coalición del futuro Gobierno de España ya trabaja, por interés partidista de los implicados y a espaldas del pueblo español -en quien reside la legitimidad de la soberanía nacional-, en un mal disimulado festejo prenupcial con los nacionalistas catalanes en busca de la satisfacción de sus anhelos políticos más íntimos. El sonido de las monedas de plata ya resuena entre los pasillos de la Moncloa.

Sinceramente, el panorama que se presenta no genera tranquilidad alguna. Y, vista la experiencia del pasado de nuestra Historia reciente, espero por el bienestar social colectivo y la salubridad democrática que no se repita el nefasto patrón de la II República, donde nacionalistas catalanes e izquierdas republicanas de ámbito español tuvieron la fuerza suficiente para hacer la vida imposible al régimen en el que se desarrollaban como proyectos políticos, pero no para crear una alternativa real al mismo, abocando al país a un escenario de caos, abusos y sufrimiento fratricida. (Ver: La Monarquía o la Teoría de la Estabilidad Social).

Lo que está claro es que los nacionalismos regionalistas, y aún más los que no tienen raíz colonialista como es el caso, más allá de ser fenomenológicamente una enajenación colectiva del Principio de Realidad (ver: La Enajenación colectiva al Poder), son socialmente un retraso en un mundo globalizado, y una aberración intelectual a la luz de la razón humanista que ilumina los preceptos rectores de las democracias occidentales.

Dicho lo cual, y sin ánimo de alargar más la presente reflexión, solo puedo concluir repitiéndome en alto el pensamiento con el que me inicié: Quousque tandem abutere, nacionalista catalán, patientia nostra?. ¿Hasta cuándo abusarás, nacionalista catalán, de nuestra paciencia?. Muy a mi pesar, creo que la respuesta es diáfana: hasta que consigan que perdamos la paciencia. Así pues, solo queda que la diosa de la Democracia nos otorgue la gracia de la sabiduría para lidiar con el sueño fagocitador de un romanticismo nacionalista enfermo.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano