martes, 19 de noviembre de 2019

Linaje de los Mármol: la huella ancestral familiar o la herencia psíquica de nuestros antepasados

Escudo de los Mármol. Castillo "la Candelaria".

En esta refrescante mañana de 18 de noviembre de 2019, desde un despacho de la parte alta de Barcelona -para que quede constancia como pequeña crónica familiar para generaciones futuras-, me apetece reflexionar sobre la herencia psicoemocional de nuestros antepasados o “inconsciente familiar” que determina la vida de las personas a través de una lealtad invisible transgeneracional, haciéndonos preguntar si somos lo que somos o somos lo que fuimos.

Para desarrollar el tema objeto de reflexión, echaré mano del caso práctico de la estirpe de los Mármol, quienes a día de hoy nos contabilizamos en un total de 245 personas con el mismo apellido de origen repartidos entre 20 países de todo el mundo, registrando la mayor concentración de parientes en España con un 41% (distribuidos entre Andalucía con un 41%, Madrid con un 22% y Cataluña con un 19%), y en el continente americano con un empadronamiento del 51% (principalmente en Iberoamérica y con especial relevancia en la República Dominicana con una cuota del 60%), así como por el resto del mundo de manera diseminada con el 8% restante. Un colectivo filogenético que juntos ocupamos tan solo dos edificios de ocho plantas contiguos, y nos sobra espacio. La causa de ser un grupo de parientes -más o menos lejanos- tan reducido es debido a la política endogámica y de protección familiar del linaje en sus orígenes (homogamia grupal). Y es justamente a éstos orígenes genealógicos que toda persona debe ahondar para poder establecer los parámetros de causalidad de su herencia psíquica o inconsciente familiar que definen, a grandes rasgos parametrales, su manera de ver, entender y relacionarse con su realidad más inmediata.

Conocer el pasado para entender el presente

Expongamos, pues, con la mayor síntesis posible el origen y evolución del linaje de los Mármol que nos permita conocer el pasado con la clara intencionalidad de entender el presente: El fundador de la estirpe de los Mármol fue el maestro Alonso de Toledo, médico de cámara (formado en la Universidad de Salamanca) de los reyes castellanos Enrique III “el doliente” y Catalina Lancaster, y de su hijo Juan II en el siglo XIV-XV, un judío converso que adoptó el nombre de Alonso de Mármol por la presión social antijudía de finales de mil trescientos y tras la instauración del Santo Oficio (la temida Inquisición). A partir del cual, y al calor del poder de la monarquía española entre los siglos XV y XVIII, la estirpe familiar de los Mármol progresó en su ascenso social llegando a ocupar importantes cargos como funcionarios, miembros del clero, militares, intelectuales, aristocrátas e incluso miembros del Gobierno de la Monarquía. (Los Mármol, un linaje de origen converso al servicio de la monarquía española”, Javier Castillo Fernández, Historia y Genealogía Nº 4, 2014, Págs 193-234).

Sí, la familia de los Mármol, de origen judeoconverso con algún que otro entroncamiento mozárabe, se caracterizó por una larga trayectoria de hombres preclaros al servicio de la monarquía donde medraron como funcionarios intermedios en distintos ámbitos: en la Casa Real, en los Funcionarios Regios y en los Ejércitos Imperiales. En la Casa Real, no solo ocuparon cargos como médico real de cámara, donceles, guardas, continos y aposentadores reales, entre otros, sino que incluso unos Mármoles fueron secretarios y escribanos de cámara de los Reyes Católicos y de los reyes Juan II y Enrique IV, y una Mármol fue nodriza del príncipe D. Diego (tercer hijo varón del Rey Felipe II). Como Funcionarios Regios ostentaron escribanías tanto de Cámara como de Chancillería (Valladolid, Ciudad Real, Granada) en algún caso durante más de un siglo, así como mantuvieron en poder de la estirpe familiar ininterrumpidamente durante casi siglo y medio los cargos de funcionarios del Consejo de Castilla, siendo además tesoreros reales, recaudadores de la Corona, administradores de rentas de obispados y de rentas reales, destacando en éste ámbito el papel de un Mármol en la redacción de las ordenanzas del Consejo Real de los Reyes Católicos. Mientras que en los Ejércitos Imperiales, ocuparon diversas responsabilidades como principal atributo de cualquier linaje que se preciara con estatus caballeresco, estando presentes en la conquista de Navarra, en la guerra contra la rebelión de los moriscos, y en las batallas de África, Portugal, Francia, Italia y Bélgica, ejerciendo diversos rangos militares como alférez, capitanes, maestres de campo, gobernadores, comisarios, preveedores y veedores generales. De hecho, la participación del linaje de los Mármol en los Ejércitos Imperiales fue la puerta de entrada de la familia en las Órdenes Militares primero de Santiago y posteriormente de San Juan, Calatrava y Alcántara en los siglos XVI y XVII, llegando un Mármol a ser Consejero Real de Órdenes Militares y de Castilla.

Pero no fue tras pasados dos siglos del origen de la estirpe de los Mármol que la familia consigue entrar en el Gobierno de la Monarquía, como Alcalde de Casa y Corte, miembro del Consejo de Hacienda y Ministro y posterior Presidente del Consejo de Flandes, todo ello bajo el reinado de Carlos II de España. Una época, siglos XVII y XVIII, en que los Mármol adquieren sus títulos nobiliarios: Vizcondado de Mendinueta (hoy bajo titularidad desde 2018 de la familia de Beaumont y Navarra Beaumont), Marquesado de Claramonte de Arteta (hoy bajo titularidad desde 1942 de la familia Balderrábano y Suárez-Inclán), y el Condado de Belmonte del Tajo (hoy bajo titularidad desde 2016 de la familia Martínez de las Rivas y Palomar).

Además, cabe destacar la saga de los varones secundones de la estirpe de los Mármol que se dedicaron principalmente al clero en las órdenes franciscana, carmelita, benedictina, jesuita, jerónima y mercedaria. De entre las cuales sobresalieron, entre los cargos que regentaron (además de monjes y curas), como canónigos de las catedrales de Toledo, de Jerez de la Frontera y de Santo Domingo, Prebendado en la catedral de Granada, capellán de la Casa de Castilla, miembro de la capilla Real de Granada, Prior del Convento Dominico de San Pablo de Córdoba, Arzobispo de Brindigi (aunque murió en Palamós camino de tomar posesión del cargo), así como hubo un Mármol en calidad de clérigo en Roma que colaboró en la reforma de la orden Carmelita y fue el protonario apostólico (prelado particular de la curia romana) a quien pasaron las informaciones de la vida y milagros de Santa Teresa de Jesús. Por su parte, las mujeres de la estirpe Mármol no casadas acabaron en un cenobio propio de la familia: el Convento de Santa María de Jesús en Ciudad Real (de monjas concepcionistas franciscanas), así como en conventos propios de las órdenes militares.

Por otro lado, cabe destacar el alto nivel de ilustración del linaje de los Mármol, ya que muchos cursaron estudios superiores, la mayoría en la Universidad de Salamanca, donde un Mármol ejerció de docente bajo la cátedra de Filosofía de la Moral, entre otros docentes y escritores habidos en la familia. En este sentido, cabe apuntar como anécdota que buena parte de lo que se escribió en el “Siglo de Oro” de España pasó por las manos de los Mármol en calidad de escribanos de cámara del Consejo Real, revisando y rubricando los originales manuscritos como fase previa a su edición. Asimismo, señalar la relación familiar con el escritor Calderón de la Barca, pues fueron los Mármol quienes testificaron a su favor para conseguir su ingreso como caballero de la Orden de Santiago.

Pero todo llega a su fin.Y tras cuatro siglos de ascenso social del linaje de los Mármol, llega el descenso de carácter abrupto a causa de unas de las características más importantes de la saga familiar: su decidida lealtad a la dinastía reinante, demostrada especialmente en épocas convulsas y decisivas. Como bien apunta Javier Castillo Fernández, doctor en Historia por la Universidad de Granada, la estrella del linaje de los Mármol se apagó en la Guerra de Sucesión (siglo XVIII), donde el máximo representante de la saga familiar apostó por la opción perdedora en el conflicto civil y dinástico entre los borbones y los austrias al fallecer Carlos II de España sin descendencia. Tras ganar los borbones en una guerra que se alargó más de una década, el gobierno del nuevo rey Felipe V condenó a los Mármol a la confiscación de todos sus bienes, con la consecuente pérdida de los títulos nobiliarios, y la pérdida de sus cargos. La estirpe de los Mármol desaparece del ámbito de la alta sociedad al menos de España, ya que ramas de la familia que en la época de la colonización de América emigraron a países iberoamericanos -bajo el manto de la Corte Real- (un Mármol es uno de los primeros pobladores de la ciudad de Santiago de Guatemala, entre otros ejemplos), y aquellos que se quedaron en Bélgica como militares de alto rango por la Guerra de Flandes que duró ochenta años, han mantenido -más o menos- el estatus social de antaño hasta nuestros días. Tanto es así que en Argentina existe el Castillo “la Candelaria” (hoy en día un Club de Polo), en cuyas paredes y vitrales se exhibe el escudo de los Mármol con todo su esplendor. Y en Bélgica, aún se ostenta en la actualidad un título nobiliario, el de Barón del Mármol, otorgado a la rama del linaje belga por el rey Leopoldo I de Bélgica ya en 1848, familia que posteriormente adquirió en 1865 un castillo histórico con vestigios de la época romana: el castillo de Montaigle, actualmente en ruinas.

Respecto a los dos siglos posteriores entre la caída social de la estirpe de los Mármol en España hasta nuestros tiempos, me los reservo al amparo del derecho de intimidad por recientes, y bajo el entendimiento que el caso expuesto ya contiene elementos de análisis suficientes para el objeto de la presente reflexión.

La herencia psíquica de los antepasados: la llave para la autosanación del Yo Soy

Que el adn transmite la memoria de nuestros antepasados es una evidencia científica respaldada en la era contemporánea tanto por la epigenética, como por la biología molecular y la neurociencia vanguardista. Es lo que se conoce bajo el nombre de herencia epigenética transgeneracional. Una materia que nos permite, mediante el conocimiento de nuestro pasado familiar, comprender no solo nuestros rasgos cognitivos y conductuales, sino también nuestra situación actual. Pues el adn no solo nos transfiere información física de nuestros ancestros, sino también nos transfiere una herencia psíquica y emocional que actúa como huellas latentes ancestrales en nuestro inconsciente. Residuos filogenéticos que se conocen como inconsciente familiar, y que en psicología denominan huellas mnémicas. En otras palabras, todas las personas venimos cargadas de una memoria de nuestro propio árbol genealógico que ha sobrevivido desde su origen hasta hoy y que, autoactivado en determinadas circunstancias de la experiencia vital, marca nuestra experiencia presente. Por lo que si bien sabemos que el ser humano es fruto del determinismo genético (herencia familiar), ambiental (contexto socio-cultural) y psicológico (capacidad inter e intrapersonal), éstos dos últimos factores son a su vez determinados en grado mayor por el primero, aun no siendo conscientes de ello. Lo cual pone en entredicho la capacidad humana del libre albedrío, aunque éste es trigo de otro costal. (Ver: Y tú, ¿tienes libre albedrío?).

Frente a ésta premisa, el inconsciente familiar efecto de la herencia psíquica de los antepasados como causa nos permite trabajar en nuestro desarrollo personal en dos niveles: conocer los rasgos psicoemocionales tanto positivos como negativos que marcan nuestra personalidad en el ejercicio del autoconocimiento del Yo Soy (versus el Yo no Soy o el Yo de los Otros).

1.-Rasgos Psicoemocionales positivos del inconsciente familiar

Sin lugar a dudas, éstos son los más fáciles de reconocer por nuestra capacidad cognitiva, ya que el conocimiento de la historia pasada de nuestros ancestros, desde el momento que la hacemos consciente, nos sirve de espejo de manera equivalente al simple hecho de comparar los rasgos comunes de dos o más rostros familiares. Y es que las historias de vida de aquellos resuenan, para nuestro reconocimiento, en el interior de nuestra historia personal. Así pues, entenderemos aquí como rasgos psicoemocionales positivos del inconsciente familiar aquellos rasgos sustanciales de la personalidad que permiten desarrollarnos como individuos en la búsqueda de la autorealización personal.

En mi caso, como miembro del linaje de los Mármol como punto transgeneracional de referencia de las coordenadas genealógicas establecidas como caso práctico pedagógico objeto de la presente reflexión, reconozco los rasgos psicoemocionales positivos del inconsciente familiar de carácter general que se describen a continuación.

En primera línea, sin lugar a dudas, reconozco en la estructura sustancial de mi personalidad el espíritu de la ilustración humanista del linaje como vector sostenible en el tiempo, sintetizado en el lema adoptado en la representación más antigua del escudo de la estirpe de los Mármol utilizado por el cronista Luís del Mármol en el siglo XV: “Post Devm, veritas. Nosce te ipsvm” (Después de Dios, la verdad. Conócete a ti mismo). De ahí mi devoción por la Filosofía, la escritura y la docencia bajo la luz de la razón humanista más clásica que continúa acompañándome desde que tengo uso de razón.

Y en segunda línea, pero no por ello menos importante, reconozco en la estructura sustancial de mi personalidad -por pura observación empírica de mi desarrollo vital a lo largo ya de casi 48 años-, seis vectores de referencia del inconsciente familiar heredado: el espíritu de afinidad a la Monarquía (consagrado en mi paso juvenil por la Asociación Monárquica Europea), el espíritu de afinidad al Ejército (consagrado en mi paso de madurez por los Reales Tercios), el espíritu de afinidad a la Espiritualidad (consagrado en mi paso de madurez por la Hermandad Laica del Real Monasterio de Santa María de Poblet y por la Soberana Orden Militar Española de los Caballeros Templarios), el espíritu de afinidad a la Política (consagrado en mi paso de juventud por la responsabilidad política), el espíritu de afinidad a la aventura de los viajes (consagrado en mi paso de juventud como residente temporal de las ciudades de la Havana y de Casablanca), y el espíritu de afinidad a los negocios (consagrado en mi paso de juventud por el mundo empresarial durante una década). Vectores, todos ellos, con mayor o menor proyección e intensidad en determinados momentos de la linea continua de mi propia historia existencial, muchos de los cuales ya se encuentran superados por evolución natural del pensamiento crítico hacia otros estadios de desarrollo personal.

2.-Rasgos Psicoemocionales negativos del inconsciente familiar

Pero, por otro lado, tenemos los rasgos psicoemocionales negativos del inconsciente familiar heredado. Los cuales, sin lugar a dudas, son los más difíciles de reconocer por nuestra capacidad cognitiva, ya que se trata de traumas ancestrales silenciados no resueltos que se heredan de generación en generación hasta que alguna línea generacional es capaz de sanarla de la memoria del árbol genealógico común para bien de las futuras generaciones del mismo linaje. En este caso, entenderemos aquí como rasgos psicoemocionales negativos del inconsciente familiar aquellos rasgos sustanciales de la personalidad que impiden desarrollarnos como individuos en la búsqueda de la autorealización personal.

Volviendo a tomar mi caso como miembro del linaje de los Mármol por ser punto transgeneracional de referencia de las coordenadas genealógicas establecidas como caso práctico pedagógico objeto de la presente reflexión, reconozco -no sin esfuerzo, por ser de naturaleza opaca- los rasgos psicoemocionales negativos del inconsciente familiar de carácter general que se describen a continuación.

En este sentido, reconozco en la estructura sustancial de mi personalidad tres vectores principales de referencia del inconsciente familiar de clara identidad y con peso propio: El sentido de apego orgulloso a un estatus social perdido, el cual condiciona negativamente la actitud de aceptación frente a la realización de trabajos de baja cualificación y aún menos de servidumbre. La intolerancia a las injusticias sociales en todas sus manifestaciones, incluidas las económicas y políticas, junto al sentido de la impotencia de poderlas combatir personal y socialmente. Y la vergüenza al fracaso social, y aún más si cabe la angustia ante el hecho de no poder revertir un estado de pobreza doméstica inducida socialmente mediante méritos y capacidades propias.

Expuesto el ejemplo, cabe apuntar que son éstas huellas latentes ancestrales en nuestro inconsciente las que, justamente, como residuos de traumas filogenéticos heredados en el adn de nuestro particular árbol genealógico, determinan nuestra estructura psicoemocional como individuos, condicionando la actitud personal frente a los retos continuos de la vida. Los cuales generan los estados conocidos como bloqueos mentales y emocionales que nos impiden avanzar en una dirección concreta de nuestra existencia personal. Ser conscientes de los mismas nos permite dar el primer paso, no solo para sanar nuestra propia existencia de cara a un mayor nivel de autorealización personal, sino para sanar incluso la misma herencia emocional o huellas mnéuticas en nuestra estirpe familiar futura.

La pregunta pertinente consiguiente es, ¿cómo se sanan los traumas ancestrales heredados?. He aquí el verdadero quid de la cuestión. Lo cierto es que no existen fórmulas concretas, pero sí metodologías para gustos de todos y modas varias, y de mayor o menor grado de efectividad a mi entender. No obstante, todo proceso debe contar con dos elementos imprescindibles: consciencia activa de la persona sobre el reconocimiento de los traumas ancestrales familiares (no se puede gestionar aquello que se desconoce), y una actitud proactiva de autosanación (que es la fase más complicada por requerir de disciplina y esfuerzo personal de superación). Personalmente opto por las técnicas recogidas en mi obra “Manual de la Persona Feliz”, si bien soy consciente que no es apta para todos los públicos.

Mientras tanto, y en referencia al inconsciente familiar latente, la vida parece divertirse dándonos dos tazas de residuos psicoemocionales ancestrales allí donde no queríamos ni tan siquiera tomarnos una sola. Como decían los sabios, lo que resiste persiste, hasta que seamos capaces de superarlo por aprendizaje vital. Nihil novum sub sole (no hay nada nuevo bajo el sol), por lo que la única salida posible es el camino del Nosce te ipsvm (conócete a ti mismo) como reza la leyenda del escudo originario de los Mármol.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano