miércoles, 13 de noviembre de 2019

España, un laberinto de país inmerso en dos grandes guerras sociales

Foto EFE

A tres días de las catorceavas elecciones generales democráticas, y a la espera que alguno de los bibloquismos políticos tome la iniciativa gubernamental (aunque parece ser que el bloque de la izquierda ya adelanta por la derecha), España se encuentra inmersa -aun a pesar de la ceguera autoinducida de muchos- en una guerra social cada vez menos silenciosa y más visible.

Una guerra atávica (como definiría el autor de El capitán Alatriste) que se libra en dos frentes de batalla bien definidos: aquella que protagonizan el bando de los vencedores y el bando de los vencidos en la crisis económica, y aquella protagonizada por los que defienden la unidad territorial del Estado frente a los que anhelan la segregación de una parte del mismo. Una guerra social que ha entroncado la realidad socio-económica y política del país en un laberinto de difícil resolución (por sus múltiples pasadizos entrecruzados entre sí y en diferentes direcciones), en cuyo epicentro se haya un minotauro tan asalvajado como insaciable que posee la singularidad de ser una bestia de dos caras -a imagen y semejanza del dios romano Jano-: en uno de sus rostros, cuya boca engulle derechos sociales con gula, mantiene rasgos faciales característicos del Mercado; mientras que en su otro rostro, ávido de devorar libertades individuales sin fin, sus rasgos fisonómicos son más parecidos a los del Totalitarismo. ¡Una imagen de puro terror para cualquier ciudadano de a pie!. No en vano el minotauro es por esencia un monstruo.

Sí, la España de finales del 2019 se ha convertido en un laberinto de país inmerso en una guerra social, que por ser social es substancialmente una guerra civil (no lo pasemos por alto), aunque la sangre no haya llegado al río. Por lo que más que un Cid Campeador que emprenda la cruzada de la política social y constitucionalista para restablecer el orden y la equidad de la res publica como pilar central de la Democracia, con independencia del color del estandarte que se empuñe con mano diestra o mano zurda a merced de la vox populi jaleada, se necesita más bien de un Teseo que resuelva el problema del laberinto para llegar hasta el minotauro -salvando barricadas a su paso- e, impidiendo ser devorado por el monstruo de dos rostros, conseguir neutralizarlo sin darle la estocada de gracia (seamos política y medioambientalmente correctos, a su vez que realistas). Aunque todo el mundo sabe que no hay Teseo exitoso sin una astuta (dígase estratega en términos políticos) Ariadna que con su ovillo de hilo asegure una resolución feliz al problema del laberinto. Es decir, los retos de la España contemporánea no requieren tanto de la fuerza y de la contundencia bruta, sino de la claridad de objetivos, de una adecuada y decidida estrategia, y de una firme valentía para llevarlos a cabo. Factores socio-políticos todos ellos incluidos para su correcto despliegue en los instrumentos orgánicos de la propia naturaleza de un Estado Social y Democrático de Derecho. No nos llevemos a engaño, el cielo de la Democracia no se alcanza por asalto, como algunos proclaman (pues deja de ser Democracia), sino por consenso social; eso sí, bajo el estricto cumplimiento del imperio de la Ley como garante de la justicia, la libertad y la igualdad entre ciudadanos. (Ver: Dura lex, sed lex: el garante de la tranquilidad social).

Por lo que para reconquistar el cielo de la Democracia en la España de nuestros tiempos, urge afrontar las dos grandes batallas sociales que protagoniza la sociedad civil y que se retroalimentan como vasos comunicantes, las cuales no se pueden resolver sin un gran consenso o acuerdo de Estado. Véase:

1.-Por un lado, España requiere de un gran pacto social que resuelva la brecha de desigualdad social entre vencedores y vencidos por una crisis económica que dura ya más de una década y que se prevé aun de larga duración sine die (según todos los indicadores macroeconómicos). Una batalla que solo se puede resolver enfrentándose al minotauro del Mercado mediante el uso del arma de Estado del Bienestar Social: Políticas Sociales.

2.-Mientras que, por otro lado, España requiere de un gran pacto social que resuelva los conflictos territoriales entre prounionistas o constitucionalistas y prosecesionistas o anticonstitucionalistas cada vez más tensionados, cuya tendencia evolutiva -a la vista de los acontecimientos de rabiosa actualidad- puede acabar haciendo emerger un cisne negro como punto de inflexión de una quiebra real del Estado en términos institucionales y generacionales con efecto de no-retorno. Una batalla que solo se puede resolver enfrentándose al minotauro del Totalitarismo (conducta propia del nacionalismo regional que atenta contra las libertades individuales de los que no piensan como ellos) mediante el uso del arma de Estado de la Democracia de Derecho: Políticas Constitucionalistas.

En resumidas cuentas, España requiere de la valentía de un Teseo y de la visión estratégica de una decidida Ariadna capaces de ofrecer una alternativa política social y constitucionalista efectiva e imaginativa, con el objetivo tan diáfano como específico de, sino finiquitar, al menos acotar a niveles de salubridad social el empoderamiento progresivo de corte dictatorial de un minotauro de dos caras que está fagocitando nuestra Democracia (para intranquilidad de muchos y júbilo de unos pocos).

Dicho lo cual, a tan solo tres días de las catorceavas elecciones generales democráticas, reflexionando pipa en boca desde un lugar del noreste de España bañado por el milenario Mediterráneo en medio de un aire social cada vez más irrespirable, sólo espero que el augurio de Cayo Julio César del alea iacta est se cumpla a favor de la reconquista del añorado cielo de la Democracia. En caso contrario, muchos nos veremos obligados a buscar otros lares donde el sol caliente más y mejor, y donde uno no se sienta extraño en casa propia.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano