martes, 26 de noviembre de 2019

El Transhumanismo, el lobo (del Mercado) con piel de cordero


De manera progresiva, y prácticamente sin darnos cuenta, la humanidad está adentrándose de bruces en la era del Transhumanismo, que es aquella en la que el ser humano se somete a una “mejora” como especie tanto a nivel físico como intelectualmente mediante la intervención de la tecnología, dando como resultado una nueva estirpe denominada Posthumano. Una temática de la que ya me hice eco con anterioridad en reflexiones como “La gestión emocional del futuro será tratada con manipulación genética” o “El Superhombre de Nietzsche se está gestando en China”, entre otros.

La razón casuística del Transhumanismo, como evolución natural de un ser humano que hace tiempo dejó de evolucionar biológicamente para evolucionar culturalmente mediante la tecnología (ver: Somos seres tecnológicos cuya evolución se basa en el conocimiento), la encontramos en la raíz de dos instintos básicos del hombre que por ser esencialmente innatos son a su vez ancestrales: el instinto de supervivencia que anhela superar las limitaciones biológicas propias con el objetivo de controlar el medio en el que nos desarrollamos como especie, y el instinto de protección que anhela controlar dicho medio de manera lo más indolora posible (ver: La sociedad de no-dolor no permite el sufrimiento como crecimiento personal).

No obstante, si bien el Transhumanismo parece una tendencia imparable en pleno siglo XXI para la realidad de un ser humano que es social por naturaleza, cuya sociedad se viabiliza mediante un sistema de organización social basado en la economía de mercado, de la que el eje motor es la productividad derivada de la innovación continua para la sostenibilidad de una cultura de consumo que retroalimenta la evolución de la propia sociedad, dicha resultante de la ecuación evolutiva del hombre plantea, al menos, tres grandes preguntas existenciales. Véase:

1.-¿El Transhumanismo, en su búsqueda de transformar el hombre en un Posthumano mediante la tecnología, conlleva la pérdida ontológica de la condición del ser humano tal y como lo conocemos?. Es decir, ¿dejaremos de ser humanos stricto sensu?

2.-¿El Transhumanismo, en su búsqueda de transformar el hombre en un Posthumano mediante la tecnología, conlleva la pérdida epistemológica de la condición del ser humano tal y como lo conocemos?. Es decir, ¿mantendremos la identidad personal y por extensión preservaremos la capacidad del libre albedrío individual?

y, 3.-¿El Transhumanismo, en su búsqueda de transformar el hombre en un Posthumano mediante la tecnología, conlleva la pérdida del sistema ético de coordenadas de la naturaleza del ser humano tal y como la conocemos?. Es decir, ¿afectará a la redefinición de un nuevo sistema de valores morales, inclusive los universales?

Como dice la canción Blowi'n in the wind de Bob Dylan: ésto, amigo mío, sólo lo sabe el viento (y los Señores del Mercado). Aunque lo que sí que se puede afirmar es que dichos interrogantes vendrán condicionados por tres variables fijas:

1.-El nivel de determinismo intervencionista del Transhumanismo como medio de transformación de la biología humana.

2.-El nivel del determinismo intervencionista del Transhumanismo como instrumento de control de la consciencia individual y colectiva.

3.-Y el nivel de determinismo intervencionista del Transhumanismo como sistema de organización moral de la sociedad.

Determinismos intervencionistas todos ellos previsiblemente ejecutables en el momento incluso anterior al nacimiento de las futuras generaciones de los denominados Posthumanos. No obstante, no hay que echar mano del oráculo de Delfos para prever el horizonte de la sociedad del mañana, a tenor de las reflexiones ya realizadas en su momento en materia de conocimiento y moral en ésta línea, como son entre otros: “La educación online del futuro: ¿enseñar o adoctrinar?”, y “La Ética mundial no puede estar en manos de los ingenieros informáticos”.

Así pues, el Transhumanismo aunque se presente como una tendencia evolutiva natural del ser humano, tiene los visos de convertir al ser humano en todo menos en un ser animal natural. Cuyo peligro no reside en el planteamiento conceptual en sí mismo [en un mundo en el que se prevé que la inteligencia artificial venga para corregir las deficiencias humanas. (Ver: “Como seres imperfectos, ¿qué implica crear seres perfectos para corregir la imperfección?”)], sino en el despliegue funcional del mismo como sistema referencial de organización social y, sobre todo, en las manos de quienes ejerzan el control sobre su gestión. Pues quienes controlen la gestión del Transhumanismo tendrán, sin lugar a dudas, el poder sobre el conjunto de la nueva sociedad Posthumana.

Expuesto lo cual, si entendemos que el Trashumanismo es un proceso sociotecnológico derivado de las innovaciones generadas por el Mercado, siendo conscientes que éste tiene su fuerza motriz en la productividad, ergo es de fácil deducción concluir que el Trashumanismo se desarrolla y se desarrollará bajo la lógica de la productividad del nuevo ser humano como individuo y colectividad.

Asimismo, y derivado de la premisa anterior, si entendemos que el Transhumanismo es un instrumento de gestión social del Mercado, el cual prima el beneficio privado sobre el beneficio público, podemos prever que en la era Posthumana el Mercado ejercerá una afección relevante sobre los principios rectores de la Democracia como sistema humano de organización social como son la libertad individual, la justicia social, la igualdad entre ciudadanos y la pluralidad política. (Ver: El Mercado, el nuevo modelo de Dictadura mundial). O dicho en otras palabras, el desarrollo del Transhumanismo en manos exclusivas del Mercado puede abocar, sin demasiado margen de error, a la construcción de nuevas sociedades humanas organizadas bajo sistemas de corte no democráticos, donde la naturaleza biológica de las personas, la consciencia individual y la moral social se vean seriamente comprometidas por intervención directa para beneficio de ratios poblacionales de productividad (organización sobre parámetros de eficacia, eficiencia, y efectividad).

Un escenario claramente desalentador por distópico que, no obstante, puede corregir su trayectoria hacia un futuro de la humanidad más alentador en el caso que el Mercado, como motor evolutivo del Transhumanismo, en vez de basarse sobre una filosofía capitalista neoliberal virase hacia un capitalismo humanista (ver: El Capitalismo neoliberal ha muerto ¡Viva el Capitalismo Humanista!), donde el Mercado pase a ser un instrumento de gestión de desarrollo de la Democracia, y no a la inversa como sucede en la actualidad. Dos sumas de historias feynmenianas posibles, con dos futuribles sociales diferentes.

La única certeza que tengo al respecto es que, gracias a dios (expresión al uso sin connotación religiosa alguna), yo no veré el resultado desencadenante. Y que si algo sé, es que sólo sé que sé menos que Sócrates. Eso sí, solo espero, con cierta dosis de inocencia desde mi atalaya humanista personal pipa en boca, que el egoísmo de unos pocos hombres con poder económico no se imponga sobre la libre voluntad del resto de los muchos hombres sin más poder que la frágil soberanía política. Que el Transhumanismo haga del hombre un ser humano más libre, justo e igualitario en términos de desarrollo personal y de bienestar social.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano