miércoles, 30 de octubre de 2019

Sacerdotes: relatores de mitos que juegan con la esperanza de los hombres


Que se sepa, a día de hoy conviven en el mundo 4.200 religiones de credo tan diverso como antagónico, sobre todo respecto a las monoteístas que conciben que solo hay un único dios para toda la humanidad, sin mencionar las innumerables religiones ya extintas a lo largo de la Historia. Lo que sociológicamente representa, según fuentes estadísticas, que más de la mitad de la población mundial se considera religiosa, es decir que participa activa o pasivamente de una religión.

Todos sabemos, asimismo de manera más o menos rigurosa, que la religión es un sistema cultural de referencia conductual que relaciona a las personas como individuos y colectividad con elementos de naturaleza sobrenatural, trascendentales y/o espirituales. Pero, ¿cuáles son los factores comunes a todas las religiones?. A la luz de una observación comparativa, podemos fácilmente señalar cuatro rasgos característicos:

1.-La Verdad: Todas las religiones se consideran en posición de la única verdad existente respecto al resto de creencias sobre la naturaleza y cosmología humana. Lo cual suele conducir a postulados claramente fundamentalistas por intransigentes, cuya influencia social es directamente proporcional al nivel de poder que una religión en particular como estructura orgánica posee sobre una sociedad en concreto.

2.-El Mito: Todas las religiones sustentan su Verdad mediante el argumento de un mito, ya sea de tradición oral, pictórica, escultórica o literaria recogida en los denominados textos sagrados, en el que relatan la realidad humana como existencia mediante acontecimientos protagonizados por seres sobrenaturales y fantásticos.

3.-Las Prácticas: Todas las religiones contemplan prácticas conductivistas individuales y colectivas (rituales, celebraciones, iniciaciones, oficios, liturgias, festividades, etc) con el objetivo de modificar los comportamientos privados y públicos de las personas, en aras de crear un modelo cultural basado en el arraigo del mito dentro de una sociedad como sistema de organización humana.

Y, 4.-La Esperanza: Todas las religiones, en su afán mitológico de explicar la existencia del hombre y reconciliar bajo su Verdad conceptos opuestos irreconciliables como son la vida y la muerte, el bien y el mal, la destrucción y la construcción, la justicia y la injusticia, entre otros, explotan el sentimiento (que a su vez es una necesidad muy humana) de una esperanza metafísica como reducto último del instinto de supervivencia y trascendencia del ser humano frente a las múltiples vicisitudes de la vida.

Es por ello que los sacerdotes, como personas que han consagrado su vida a cualquiera de los miles de credos existentes en el mundo, no son más que relatores de mitos que buscan la adhesión y fidelización de nuevos miembros a su sistema de creencias mitológicas mediante la explotación del sentimiento de la esperanza humana en la consecución de una vida mejor, aunque sea post mortem.

Ciertamente, por otro lado, sobra apuntar que cada cual es libre de creer en aquello que ha decidido creer -y más si su concepción particular sobre el mundo ha sido objeto de adoctrinamiento ya desde la tierna edad-, por lo que existen tantas verdades subjetivas como hombres con creencias dispares existen en el planeta. (Ver: La Verdad: la gran quimera delos mortales con múltiples caras). Y, al fin y al cabo, dentro de esta poliamalgama de creencias existentes, la identidad del hombre como ser individual acaba reduciéndose a aquello que uno defiende en su vida cotidiana. (Ver: Somos lo que defendemos). Pero no es menos cierto, de igual manera, que por encima de creencias de corte más o menos mitológicas se impone un valor universal irrefutable: el Principio de Realidad, que es el faro propio de la verdad objetiva que ilumina la lógica de la razón humana.

Es por ello que no es de extrañar que los relatos mitológicos de las religiones suelan chocar de frente con la lógica aplastante por universal del Principio de Realidad, llegando a exponerse en un ridículo público manifiesto por puro reductio ad absurdum. En esta línea, la última perla que me ha llegado vía vídeo, gracias a mi mujer Teresa, de un relator de mitos con hábito negro a través de las redes sociales, es el aviso de denuncia formal por parte de una de las más grandes religiones monoteístas del planeta, como es el catolicismo, contra prácticas tan saludables como el yoga o las técnicas de mindfulness (hoy en día materia de cátedra universitaria) a las que considera verdaderas puertas de entrada delos demonios -como seres sobrenaturales malignos- en nuestras vidas. Es tal el absurdo de dicha afirmación categórica a la luz de un humanismo ilustrado, que no voy más que a echar mano del concepto romano clásico sobre religión que lo define como escrúpulo supersticioso. A partir de aquí, sobran las palabras. Y sobre relatores de mitos, personalmente me decanto por Homero (La Iliada, La Odisea), Sófocles (Edipo Rey), Platón (Diálogos), Apolonio de Rodas (El viaje de los argonautas), entre otros tantos mucho más interesantes y de mejor agüero.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano