jueves, 24 de octubre de 2019

Reflexión de Filosofía Política en el día de la exhumación de Franco


Intentar forzar una pieza en un lugar que no le corresponde, acaba por dañar tanto la pieza como al supuesto encaje de destino, por muy buenas razones que tengamos para llevar a cabo dicha acción. Una idea que bien puede extrapolarse al proceso de transferir una idea al mundo de las formas, y más cuando nos adentramos en materia de filosofía de la política o teoría de la política social. Pues la Historia está sembrada de ideologías que pretenden forzar su materialización en una realidad contextual inapropiada, provocando por efecto reactivo directo una resistencia inicial que acaba transmutándose en una oposición frontal posterior por parte de una masa crítica social. Un proceso paradójico humano, profundamente humano, en el que la razón intenta imponerse mediante la sinrazón. Ya que no existe racionalidad alguna desde el justo momento en que se traspasa el umbral del respeto hacia el prójimo, que en su grado más leve -pero no por ello menos inaceptable- se manifiesta en la coacción de la libertad individual en su significado más amplio, y en su grado más grave equivale a atentar contra la integridad física de las personas al grito belicista de la muerte.

Hoy es un día señalable en los libros de texto futuros de la Historia de España a causa de la exhumación de los restos de Francisco Franco del monumento funerario del Valle de los Caídos. Un acontecimiento que despierta sensibilidades a partes iguales en una sociedad española dividida, motivadas por el recuerdo aun reciente en la memoria colectiva -sobre todo la de los más mayores- tanto del derrocamiento de la segunda República, como de la sucesiva implosión de la Guerra Civil, así como de la posterior implementación del régimen de la Dictadura. Un recuerdo que posiciona a la sociedad heredera de Azaña y Franco en dos bandos cromáticos, cada uno con sus razones de fundamento y cada cual con sus tristemente muertos -atrocidades humanas mediante- como recriminadora artillería argumental de parte. No obstante, partidismos a un lado, si algo nos ha enseñado ésta oscura por dolorosa etapa reciente de la historia española, al análisis de una mirada retrospectiva tras 40 años de convivencia pacífica en Democracia, son tres los postulados inalienables a la luz de la dignidad humana y la lógica socio-política que debemos preservar:

1.-La razón, ejercida desde la violencia para la supresión de la libertades individuales -entendidas éstas en el más estricto sentido de los derechos civiles democráticos-, deja de ser razón.

2.-Las ideas políticas solo pueden ser sostenibles en el mundo de las formas sociales vía consensos transversales, previo alcanzar un nivel de madurez óptimo por parte de la sociedad objeto de destino.

y, 3.-No existe un único y exclusivo concepto de España como nación, solo existen ciudadanos de un amplio espectro cromático ideológico que vivimos en comunidad bajo el sol de un mismo Estado al que denominamos España.

Es por ello que si nos apartamos del sendero que rechaza la imposición de la razón por la fuerza, si menospreciamos el necesario consenso social como imperativo democrático para desarrollar e implementar nuevas o viejas ideas políticas, e incluso si obligamos a los ciudadanos a elegir entre identidades nacionales diversas, podríamos vernos alimentando -aun por inconsciencia- las circunstancias que en un pasado aun caliente nos llevó como país a un desencuentro fraternal irreconciliable. (Ver: Casus belli probable del siglo XXI)

Sí, hoy, sin lugar a dudas, es un día que pasará a la historia española por su trascendencia más política -aunque sea puramente simbólica- que social. Un día en el que no tiene cabida una posible discrepancia ideológica acalorada más que en el sano debate del ámbito de la libertad de pensamiento y la pluralidad política. Un día en el que como sociedad no debemos desperdiciar la ocasión de aprovechar para reflexionar respecto de dónde venimos, dónde nos encontramos y hacia dónde vamos, realizar comparativas de los diversos modelos de organización social que hemos protagonizado como país a lo largo de los últimos dos siglos, y elevar la Democracia como espacio de concordia, desarrollo y paz social a la categoría de bien común. Una reflexión que no solo nos conducirá a un mayor entendimiento de la Historia colectiva -muy necesario especialmente entre los más jóvenes-, sino que nos cargará con una mayor consciencia de responsabilidad democrática en aras de no permitirnos volver a repetir los errores del pasado.¡Larga vida a la España democrática!.

...Y a los fundamentalistas de uno u otro bando, que los reenvíen a la escuela por el bien de todos, por favor. (Ver: Allí donde se ilumina elfundamentalismo, se apaga la razón y se involuciona socialmente)



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano