lunes, 14 de octubre de 2019

¿Qué es la Democracia? (Carta abierta a los jóvenes catalanes)

Jóvenes independentistas cortan el AVE en Gerona. Foto EFE

Que la Democracia es el poder o dominio del pueblo, todo el mundo lo sabe (por uso popular de su etimología griega). Que la Democracia es un modelo de organización social que fue definido por primera vez por el viejo filósofo Platón en la Antigua Grecia del siglo IV a.C., prácticamente es también conocido de manera general. Y que la Democracia es el sistema de gobierno más utilizado por la inmensa mayoría de países en el mundo, es un dato cuyo conocimiento damos por hecho. Pero, a partir de aquí, ¿sabemos qué elementos debe tener la Democracia para ser considerada como tal? Y, aún más, ¿la Democracia, como voluntad del pueblo, tiene algún límite que al sobrepasarlo puede perder la condición de Democracia?

Estas son preguntas cuya respuesta deberían enseñarse en los centros educativos que forman a nuestros jóvenes, ya que su falta de conocimiento no solo conduce a la ignorancia sobre qué es o que no es Democracia, sino que incluso puede inducir a jóvenes y no tan jóvenes -como observamos en la actualidad- a comportamientos antidemocráticos. Y ya sabemos que el polo apuesto a la Democracia no es otro que la dictadura, la tiranía, la autocracia y/o el caudillaje.

Así pues, respondiendo a las preguntas planteadas, señalaremos en primera instancia que los elementos que debe tener una Democracia para ser considerada como tal son los llamados Principios Democráticos (Igualdad, Limitación y Control del Poder), cuyos valores superiores defienden la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político de todos los ciudadanos. Hasta aquí no hay mayores problemas, pues todas las personas aceptamos dichos valores de manera abstracta por conceptuales. El problema radica justamente cuando debemos definir, a la luz de nuestros intereses personales o colectivos, qué entendemos por libertad, justicia, igualdad y pluralismo político.

La respuesta viene respondida, a su vez, por la segunda pregunta objeto del planteamiento: ¿tiene la Democracia, como voluntad del pueblo, algún límite que al sobrepasarlo puede perder la condición de Democracia?. Es decir, ¿dónde está el límite para la aplicación individual o grupal de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político para que continúe siendo Democracia?. La respuesta es tan clara como sencilla: en la Ley. O dicho en otras palabras, el fundamento principal de la Democracia es su ordenamiento jurídico (conjunto de leyes que regulan la Democracia como modelo de organización social). Es por ello que los países democráticos del siglo XXI se autodefinen como Estados Democráticos de Derecho (además de Sociales).

La consiguiente pregunta obligada, cuya respuesta parece que desconocen muchos jóvenes, no es otra que ¿quiénes crean, anulan o redefinen las leyes?. La respuesta la hallamos en los políticos (poder legislativo, uno de los tres poderes independientes que conforman la naturaleza de un Estado Democrático). Así pues, si existe una ley concreta que no nos gusta por considerar que atenta contra el concepto que tenemos de libertad, justicia, igualdad o pluralismo político, la Democracia nos permite participar de la vida política, de manera directa o a través de los partidos políticos (sistema representativo y/o participativo), por medio del uso del voto para conseguir modificar la ley. Siendo conscientes y teniendo en cuenta que la Ley, asimismo, regula el uso y gestión del voto para que éste se considere con todas las garantías propio de un proceso democrático. (En este punto, aconsejo leer: “El futuro de la Constitución: en manos dela educación sobre libertad de nuestros jóvenes)

Y, ¿qué pasa si no me gusta una Ley y actúo en contra de la misma?, parece ni siquiera preguntarse últimamente algunos jóvenes y otros tantos adultos por comportamientos públicos de rabiosa actualidad. En primer lugar, cabe remarcar que quien actúa contra la Ley está actuando contra la Democracia, pues la Democracia es Ley. Y, en segundo lugar, la Democracia como modelo de organización social tiene dos herramientas principales para defender la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político que garantice la buena convivencia entre todos los ciudadanos de un mismo Estado: las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (la policía y el ejército, sujetos al mandato de los Poderes Ejecutivo -Gobierno-, Legislativo -Congreso/Parlamento-, y el Judicial -Tribunales de Justicia-), y el mismo Poder Judicial (los jueces, uno de los tres poderes independientes que conforman la naturaleza de un Estado Democrático). Es decir, si se actúa contrario a Ley la policía tiene la obligación de defender el cumplimiento de la misma con plena capacidad de arrestar a los infractores, y a posteriori los jueces deberán verificar los hechos de dicha infracción con plena capacidad de castigar económicamente y/o con privación de libertad a los autores del delito.

Expuesto lo cual de manera sencilla, extremadamente concisa y con plena intención pedagógica, ante los disturbios registrados a lo largo del día de hoy en Cataluña (como preludio de una semana caliente) por parte mayoritariamente de jóvenes proindependentistas, en ocasión de la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo (máximo tribunal de justicia del Estado Democrático de Derecho español) sobre el caso de los políticos independentistas procesados, uno tiene la plena convicción que en muchos centros educativos catalanes no solo no se educa sobre los Principios Democráticos y su naturaleza, sino que incluso se incita a la revolución social como medio de disidencia política y rechazo a la autoridad con actuaciones manifiestamente antidemocráticas bajo una falsa bandera a la que mal denominan Democracia.

Para aquellos jóvenes catalanes conscientes que la ignorancia (en este caso socio-política) conduce al fundamentalismo ideológico, y deseen profundizar desde una visión crítica constructiva en el proceso catalán contemporáneo, les recomiendo el conjunto de breves reflexiones recopiladas en la obra abierta bajo el título “Crónicas del nubarrón independentista” realizadas por un humilde servidor catalán durante el período 2015-2018. Asimismo, tanto para estos como para aquellos otros que consideren tener la idea de un sistema de organización social mejor que la Democracia -con todas sus sombras por resolver-, estaré encantado de prestarles una lógica y reflexiva merecida atención. Libertas capitur, sapere aude.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano