lunes, 7 de octubre de 2019

La intimidad, tanto un lujo contemporáneo como una declaración de rebeldía


Como todos sabemos, el lujo es un bien preciado al alcance de unos pocos privilegiados, ya que lleva implícito una barrera de entrada artificial -como dirían los economistas- que no es otra que su alto coste monetario de adquisición (Ver: ¿Por qué nos atrae el lujo?). Asimismo, de lujos existen tanto de naturaleza tangible como intangible, siendo uno de éstos últimos por excelencia en nuestra sociedad orwelliana (por su obra 1984) la intimidad.

Sí, la intimidad es un bien preciado por escaso en nuestro tiempo. Por un lado, porque el sector privado, al que denominamos Mercado, ha conseguido moldear las sociedades bajo un patrón económico sustentado en la extracción y gestión comercial de los datos personales del conjunto de los ciudadanos, mecanismos incluso de espionaje ocultos en aparatos domésticos mediante (Ver: Vivimos en una sociedad en la que valemos más por ser clientes/consumidores, antes que ciudadanos y personas y El “Conócete a ti mismo” lo ejerce el Mercado por nosotros). Y, por otro lado, porque el sector público, al que denominamos Estado, está aplicando de manera creciente políticas de vigilancia masiva a la población, con capacidad de seguimientos individualizados las 24 horas del día, en aras de un mayor control de la seguridad ciudadana. Una tenaza Mercado-Estado a la intimidad individual acelerada por el proceso de corte sociotecnológico conocido como globalización, surgido a partir de la mitad del siglo pasado en plena Tercera Revolución Industrial.

Pero, sociofenomenología de la intimidad a parte, lo interesante es observar su casuística contemporánea. Es decir, ¿cómo el ser humano actual se relaciona o comporta respecto a su intimidad, y cuáles son sus implicaciones?. Para ello, y en primer lugar, debemos definir el concepto de intimidad, entendiéndolo como un espacio inviolable de la privacidad más íntima de la persona.Y en segundo lugar, debemos situar el ámbito de manifestación de dicha intimidad, la cual -como todos sabemos- puede darse tanto en la dimensión interna como externa de una persona. Expuesto lo cual, podemos segmentar el comportamiento humano respecto la intimidad en tres tipologías de personas bien diferenciadas:

1.-IntraPersonales: Personas que ejercitan la intimidad en su dimensión interna.

Se trata de un colectivo minoritario, ya que la búsqueda de la intimidad interna equivale a la voluntad activa de desarrollar una vida interior, condición sine qua non que requiere de los estados de soledad y de silencio ambiental (Ver: La soledad voluntaria, un bien preciado desprestigiado). Un planteamiento existencial propio de pensadores y personas espirituales. Dicho colectivo, asimismo, suele extrapolar el ejercicio de la intimidad interna a su dimensión personal externa.

2.-InterPersonales: Personas que ejercitan la intimidad en su dimensión externa.

Se trata de un colectivo que, al igual que el anterior, también es minoritario. La característica fundamental de esta tipología de personas es su declarado activismo rebelde frente al control de la intimidad ejercido por el tándem Mercado-Estado. Un planteamiento existencial propio de antisistemas, pensadores y personas espirituales. Estos dos últimos perfiles, asimismo, suelen desarrollar el ejercicio de la intimidad externa parejo a su dimensión personal interna.

3.-ExtraPersonales: Personas que no ejercitan la intimidad ni en su dimensión interna ni externa.

Se trata del colectivo mayoritario en la sociedad contemporánea. Su rasgo característico fundamental es el uso sistemático de dispositivos móviles de conexión a la red de internet, tal si de un quinto miembro natural extensible de su organismo tanto fisiológico como intelectual se tratase. Son personas cuyas vidas, de manera integral, se desarrollan inmersas en un estadio pleno de sobre-exposición pública, cediendo a voluntad y con plena (a)normalidad su intimidad al sistema de control social ejercido por el tándem Mercado-Estado. Un planteamiento existencial propio de ciudadanos-consumidores hijos de la era tecnológica, y más especialmente a partir de la generación nacida desde la primera parte del presente siglo en plena Cuarta Revolución Industrial (Ver: El homo selfies, el alter ego virtual).

Como se puede deducir, a la luz de un racionamiento lógico objetivo, el hecho que construyamos una sociedad en la que el conjunto de la ciudadanía tiende de facto hacia la exclusión voluntaria de la intimidad en su desarrollo como personas -como cesión incontestable y normalizada a favor de los poderes fácticos del Mercado y del Estado-, no solo nos aboca al desarrollo de una humanidad sujeta a un peligroso control colectivo por parte de intereses políticos y comerciales partidistas (a través de la lógica de la economía de la atención, haciendo del “mundo feliz” del británico Huxley una profecía casi cumplida); sino que tiende a convertir al conjunto de ciudadanos de nuestras sociedades modernas en personas que construyen y fundamentan su identidad interna y externa desde la volatilidad del Yo de los Otros. Y ya sabemos que aquel que no se reconoce desde su Yo Soy es fácilmente reseteable psicoemocionalmente por fragilidad de su vida interior y consecuente carencia de madurez personal exterior.

No podemos devaluar y ni mucho menos despreciar la intimidad como faceta vital del ser humano, ya que la intimidad es para el crecimiento y desarrollo de una persona lo que el sueño es para la salubridad física y psicoemocional de un individuo. Asimismo, sin intimidad no hay pensamiento crítico, pues la intimidad genera ese espacio de reflexión con nosotros mismos y respecto a nuestra realidad que nos permite extraer conclusiones más allá de los estados de opinión sociales paquetizados (Ver: ¿Hemos desaprendido a pensar? y Pensar,la gastronomía del alma que no sirve para comer). Así pues, en la intimidad pienso, y puesto que pienso existo por encima de la voluntad homogeneizadora de terceros.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano